Somos los creadores de nuestra Realidad.

Carlos Castaneda en su libro Relatos de poder, habla de cómo el hombre común busca certeza en los ojos de aquél a quien mira, y llama a eso confianza. Por el contrario el guerrero sólo está sujeto a sí mismo y a eso se le llama humildad. Esta humildad es resultado de atenerse a lo que hay, lo que cada cual vive emocional y subjetivamente. El guerrero sabe que todo es proyección y nada es proyección.

Cuando buscamos las certezas fuera, realizamos proyecciones que usamos para no tomar nuestra inseguridad: vemos en el amado el amor que necesitamos; en un trabajo la posibilidad de ser reconocidos; etc. El guerrero no solo acepta con humildad su camino de inseguridad, sino que toma las proyecciones que emergen para vivir creativamente con ellas, convertirlas en arte, en magia y en prosperidad. De hecho, las proyecciones, son un recurso inagotable que, si los tomamos de manera consciente, dan mucho juego.

Las grandes obras artísticas son desarrollos de proyecciones de los mundos creativos internos. Las creaciones literarias, musicales o arquitectónicas. Cuando no se asume que se trata de una proyección, provoca estragos. Por ello se trata de asumir la cualidad de esta como algo propio, es decir darse cuenta que es una proyección y darle una salida mágica, que reconstruye la realidad. El artista y el creativo toman las formas externas y las reproducen a través de ideaciones, fantasías que toman cuerpo convirtiéndose en una producción cultural. ¡Todos podemos hacer lo mismo! si activamos nuestro mago, nuestra creadora, nuestro artista.

La proyección es nuestra fantasía buscando recrear escenarios para visualizar en el exterior lo que se mueve en nuestro interior. Si de manera inconsciente cedemos el poder a nuestra imaginación nos provoca el efecto de ver fuera lo que nos ocurre dentro y cuanta más inconsciencia acompañe a este fenómeno seremos víctimas de nuestra propia película. A veces lo que no queremos tocar dentro de nosotros se nos muestra en pantalla grande en nuestras narices, tomando como actores y actrices de la gran representación a nuestra pareja, amantes y amigos, familiares y otras relaciones. Pero nosotros insistimos en no hacernos cargo de lo que observamos, como si les pasara a otros. E incluso nos afecta emocionalmente y nos creemos que nos afecta por motivos de injusticia, de indignación, de rechazo… o cualquier justificación intelectual que nos aleje del contacto emocional real. Si algo nos toca emocionalmente: sin duda es porque estamos implicados, y estamos viendo algo que nos refleja a nosotros.

Sin embargo si despierto, respiro, me escucho y tomo el poder de mi fantasía y la convierto en material para mi creatividad puedo focalizarla en la dirección que yo elija. Puedo crear mi realidad. Comienzo a iniciarme  en el movimiento de la magia, puedo convertir mi vida cotidiana en una obra de arte. Puedo darme el derecho a generar el estado interno que facilita la prosperidad.

Las mejores creaciones tienen una doble cualidad: emergen de un poderoso proceso intuitivo que no está regido por ningún principio y que solemos llamar inspiración. Y en segundo lugar, este proceso creativo tiene que ver mucho con perder el control, abandonar las cautelas, los lugares conocidos, salir de los patrones acostumbrados, explorar sintiendo las cosas de otro modo.

Para ello, el cuerpo es una de nuestras herramientas privilegiadas. El trabajo con el cuerpo permite empujar energías y recursos internos que habitualmente están congelados. Tomar contacto con las partes rígidas de nuestro cuerpo hace que despierten las emociones oprimidas y es posible entonces sacarlas del dolor.

Estamos en una sesión de movimiento expresivo. Se pone el cuerpo en marcha. Caminamos por la sala explorando el contacto con la respiración e invitando a que los sentidos perciban las sensaciones del entorno. El aire entrando en el cuerpo y nuestra percepción atenta a los estímulos, acrecienta la sensación de estar presentes. Tomamos el suelo como aliado en esta exploración. Se invita a explorar con el cuerpo rodando, explorando posiciones y levantándose de nuevo de maneras diversas. A través de los apoyos y la presión, comienza una comunicación diferente con el suelo y la fuerza de la gravedad. Se invita a la exploración y a no preocuparse. Pueden soltar la permanente vigilancia sobre las formas adecuadas que debe tomar el cuerpo en público. Se les invita ahora a imitar los experimentos de otros. Comienza el desmantelamiento del control mental y la energía física empieza a tomar su sitio. Algunos se muestran torpes, otros vergonzosos, otros se ve que hace mucho tiempo que no juegan con sus cuerpos y se muestran cautos. La invitación a probar posiciones diversas e imitar, hace que algunos sonrían al encontrarse con que su cuerpo les trae una experiencia nueva. Las personas se acercan más a lo que son en la espontaneidad del juego corporal perdido. Comienza a sonar la música. Se conduce la sesión ahora mediante diferentes consignas. El pulso y las melodías activan las posibilidades expresivas del cuerpo. Buika, Paolo Fresu, Arvo Pärt, Narcotango, Dulce Pontes, Thomas Newman, van desgranando sonoridades que permiten ir dando forma, de la mano de diversas instrucciones, al viaje de la expresión. Hay risas, revolcones, sonidos, etc. El movimiento se para y el facilitador pregunta: ¿Dónde sientes que está focalizada ahora tu energía en el cuerpo? Cada cual pone su mano en un lugar: el abdomen, el pecho… Desde ahí retoman la respiración consciente y con la música cinematográfica de Joan Valent, reproducen una estatua con su propio cuerpo hasta alcanzar una forma reconocible. En algunos casos es un animal, otra veces un vegetal. Otras ellos mismos en situaciones o actitudes concretas. Observan eso que son. Perciben las cualidades de su cuerpo al convertirse en esa estatua. Se les pide que presten atención a todo lo que sienten siendo eso en lo que se han convertido. Que imaginen su vida siendo eso. Toman la proyección que ha surgido mediante un trabajo energético y reproducen una experiencia valiosa. Despiertan modulaciones de la emoción que vienen a informar de cosas nuevas. La estatua dice algo de tí mismo que estaba oculto.

La locura y la creatividad van de la mano. Tienen en común la confianza en la intuición y la confianza que lleva agregada la pérdida del control. La magia es hacerlo en el lugar de la lucidez interior. Podemos inventarnos nuevas metáforas, maneras de darle validez a nuestras proyecciones, a lo que emerge de nuestros miedos, nuestras dificultades y nuestra creatividad. Solo hay que a arriesgar física y emocionalmente para hacerse verdaderamente presente en la experiencia.

Cuando dejamos de enmascarar los propios sentimientos y expresamos de un modo natural el miedo o la rabia, resulta que lo que causaba dolor, se convierte en un recurso para conocernos y traspasar los viejos patrones. Esta es nuestra prosperidad, el atisbo de que podemos salir de la rutina y la parálisis emocional simplemente cambiando creativamente la mirada sobre nosotros mismos y nuestra realidad.

Si quieres aprender a  recuperar tu poder personal y crear con tu energía corporal – emocional y con tu inspiración tu propia realidad en aspectos como el arte, la magia y la prosperidad… ¡te proponemos este taller para el verano!

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