La Inteligencia intuitiva y el despertar de la conciencia.

Nuestro pensamiento está acostumbrado a funcionar con un modelo convergente, esto es, lo hemos entrenado para encontrar soluciones y respuestas pragmáticas. Es una forma de pensamiento que se ha acostumbrado a manejar polaridades, a extraer juicios y que gusta de practicar el “acercadeismo”, construir opiniones alejadas de la experiencia. La mente busca como prioridad minimizar la incertidumbre, pero: ¿qué pasa si nos permitimos dar espacio a la incertidumbre? ¿Qué sucede si incorporamos el vacío, cómo si del cero matemático se tratara, a la ecuación de la vida? ¿Y si damos cabida a variables ilógicas desde el punto de vista del pensamiento convergente? Sucede que una información que ya conoces y a la que estás acostumbrado, de repente te sorprende.

Todos podemos dotarnos de ciertas estrategias internas que dan un mayor espacio a los procesos intuitivos, no dominados por los pensamientos convergentes. El pensamiento divergente es aquel que estimula la creación de asociaciones nuevas. Esta forma de vincular ideas, abrirse a nuevos paradigmas, despierta nuestras zonas creativas y nuestras áreas más espirituales, incorporando nuestro sentir a un campo más amplio, reconociendo que nuestras emociones forman parte de un ecosistema amplio y complejo, lejos de las lógicas binarias. El pensamiento divergente se permite validar momentáneamente un escenario irreal, una conversación ilógica, un juego sin finalidad aparente, una visualización creadora, y toma en consideración lo que sucede en esas situaciones. Recoge la información sutil que emite el cuerpo, la emoción, la intuición, para incorporarla a una base de datos multifacética en la que convergen nuevos inputs, donde cambia el punto de vista de lo observado.

Lo que se observa son: los elementos autobiográficos, la memoria, las emociones, etc., sin estar constreñidos por las estructuras mentales de interpretación de la realidad y por los condicionamientos previos. Esto nos permitirá dejar de estar fusionados con los propios pensamientos. El pensamiento es “algo que pasa”, más que “algo que te pasa”. Somos el pensador, no el pensamiento.  Es un proceso de “decentering” que alivia los mecanismos de auto enjuiciamiento en los que la mente entre en muchas ocasiones, ofuscando las posibilidades creativas.

Dar cabida al pensamiento divergente posibilita cambios internos y despierta la intuición. Existen una serie de zonas en el cerebro de los mamíferos, especialmente en el hipocampo, en las que se generan nuevas células, neuronas y astrocitos, durante la vida adulta. Células pluripotenciales disponibles, sin programación, que renuevan las posibilidades del cerebro, permitiendo su plasticidad. La intuición es una de esas posibilidades y necesita vías creativas para habilitarse, formas divergentes mediante las cuales recoger la información diversa que  nos ofrece la experiencia a través del cuerpo, las emociones y la comunicación con el entorno. Esas vías son múltiples: recrear los escenarios de nuestra vida o de nuestros sueños para actualizar su sentido; practicar formas de escucha diversa; interactuar con la percepción del cuerpo; ponerle voz a nuestros síntomas o a nuestros miedos; experimentar con nuestra fantasía una progresión en el tiempo; movilizar a través de la bioenergética nuestra memorias más profundas; ponerse en el lugar de otra persona y expresarse; representar en forma de animal tu emoción más presente, etc.

La intuición tiene una sabiduría ancestral. Proviene de un registro milenario que ha recogido los códigos de comportamiento biológico y las formas de satisfacción de las necesidades. Despertarla conlleva perder el miedo al inconsciente humano. Se habilita cuando permites que las emociones, auténticas reveladoras de esa naturaleza profunda, pasen mientras permaneces abierto, confiando y soltando.

La apertura de la conciencia pasa por practicar este “darse cuenta”, por desplegar todas las potencialidades de esa percepción interna, por dar cabida a la incertidumbre, al vacío, a nuestros personajes ocultos y, al mismo tiempo, por acercarnos al sentido de nuestro viaje existencial.  Nosotros no tenemos experiencias, sino que la experiencia nos tiene a cada uno de nosotros. Descúbrela a través de este intensivo.

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