Ecología de las emociones: conectar con nuestra genialidad impredecible

Ecología de las emociones: conectar con nuestra genialidad impredecible

La naturaleza del espíritu humano individual es novelesca: cada cual tiene dentro de sí un rebelde transformador o un genio, un poeta o un intérprete de las estrellas. Unos u otros albergan un amante pasional o un creativo loco; un despertador del subconsciente, un investigador lúcido o un artista singular. Cada cual tiene su especificidad con la cual proyectar su vida de forma única y alcanzar altas cuotas de satisfacción. Son cualidades heroicas inscritas y observables a través de la revelación interior. Pero una cierta sordera nos aqueja.

La sordera es una incapacidad específica para oír lo que ocurre dentro de ti. Bien es verdad que estamos sometidos a un ruido infernal.  Al ruido ideológico que nos obliga a alinear nuestra vida con creencias externas aceptadas. Al ruido tecnológico: las máquinas se han colado en nuestra vida y nos inducen infinidad de rutinas. Y para rematarlo, el ruido de lo irrelevante que reproduce la permanente acción comercial y mediática, orientada a la mera distracción. Esto apaga las posibilidades de la conciencia. Nos sume en una espiral de insatisfacción y nos enreda, atendiendo las condiciones escasas de lo externo y  olvidándonos de las fuentes inagotables de lo interno.

Somos una especie, la  humana, acostumbrada a tensar la mente. Hablamos por hablar y tenemos miedo a no encajar en el mundo. La mente proyecta ilusiones de seguridad y estabilidad porque la mente humana es infeliz en la incertidumbre. Sentir es, a menudo, verdaderamente incierto. Por eso estamos en una permanente huida de la desesperación individual sin aceptar que nada es seguro, lo cual hace que escapemos de sentir.

Creo que hay que echar mano de una verdadera rebeldía para elevar la percepción y confiar en la sabiduría interna.  Esta se manifiesta en la espontaneidad: en lo inesperado emerge información que nos permite darnos cuenta de cosas verdaderamente nuevas. Dentro de nosotros/as existe una energía organizada suficiente como para conectar con nuestra genialidad impredecible y clara.

La energía forma todas tus células, y las células de tu cuerpo son inteligentes, saben actuar independientemente de tu cerebro. Hay una inteligencia extraordinaria, una sabiduría y un orden que permite a cada célula saber cuál es su misión, y tú ni te enteras. Estamos ante una energía inteligente que lo es todo, que es la fuente creadora. La energía está en todas partes haciendo maravillas. Los átomos son capaces de unirse entre ellos para formar las moléculas, para formar todas las cosas. Cuando entiendes lo que es la energía caes de rodillas. Hay que amar esa obra, tal como se muestra, sin críticas, porque somos aprendices de esa sabiduría. La energía tiene el propósito de llevarte a la perfección, a la sabiduría total. La naturaleza es un libro abierto en el que se puede aprender todo: la relación, la armonía, el equilibrio, la fuerza, el orden… Si aceptamos que todo lo que forma la energía es inteligente, nuestra percepción de la realidad se amplía, se ensancha. Entonces nuestro papel en esta vida es reaccionar menos, elevar nuestras percepciones, y comprender más. La energía tiene un sentido de perfección. Juan Echegaray, doctor en Biología, catedrático de la Universidad de Santiago de Chile (La Vanguardia 27 de febrero 2018)

Existe un flujo de conocimiento al interior de las células. Este saber, cuando se confía en lo inesperado, llega al modo de una revelación o epifanía. Abrimos a una ecología de las emociones supone desvelar nuestra propia naturaleza, salirnos de la sordera interna y aceptar escuchar lo que se siente para ponerlo en primer lugar. Porque la vida es un misterio que combina la oportunidad, la experiencia emocional y la visión interior. Solo así rescatamos la genialidad. Rendir la mente tensa supone eliminar las instrucciones externas y abrir un espacio de oportunidad mediante el abandono a lo que sucede, dentro y fuera de nosotros/as. Si aceptamos esto, entonces se abre la conciencia a la belleza, la maravilla absoluta de la vida. Hay un montón de experiencia emocional viva, de risa y de santa locura almacenada en cada persona que sale de la mera estrategia de la supervivencia y acepta sentir, acepta despertar.

Si te interesa adentrarte en esta experiencia, participa en alguno de nuestros próximos talleres:

Miedo o creatividad: las pasiones y las motivaciones para vivir.

Miedo o creatividad: las pasiones y las motivaciones para vivir.

Nuestra tecnología está en el nivel de los dioses, nuestras instituciones en la edad media y nuestras emociones en la prehistoria.

Edward O. Wilson

El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. 

Friedrich Hölderlin

Hace tiempo que dejamos atrás ese período de la historia en la cual entregábamos a instituciones e ideologías parte de nuestra libertad, permitiendo su tutela. Como si fuera la continuación de la experiencia con nuestro propio padre y nosotrxs siguiéramos siendo niñxs sin decisión propia.

 Erich Fromm en “El miedo a la libertad” analiza este proceso de volverse libre de la autoridad externa. Postula que tras él, a la humanidad le acechan sentimientos de desesperanza que no desaparecerán hasta que alcancemos una libertad positiva, un reemplazo del orden anterior. Seguramente, en este momento histórico que vivimos, ese cambio tiene que ver con atender nuestro universo emocional y relacional. Si hasta ahora hemos pensado las emociones, afrontamos un tiempo en el que tenemos que atrevernos a sentirlas y vivirlas de un modo consciente.

La post historia ha conllevado el desmantelamiento de las ideologías que configuraban la estructura de seguridad donde teníamos bajo control las emociones. Muchas veces desesperamos porque no sabemos bien como acertar con nuestra satisfacción, que implica escuchar nuestras emociones, tomar la información biológica que nos proporciona y responder del modo más aliado con nuestro bienestar. Lo prueba el hecho de que nuestras emociones están muy mediatizadas y condicionadas. Están bajo vigilancia. Controladas, reprimidas, negadas, anestesiadas, racionalizadas, proyectadas fuera de nosotrxs, manipuladas en favor del deber u otras fijaciones, encerradas en compartimentos secretos.

Se manifiesta en nuestras contradicciones y pérdidas internas. Por un lado  practicamos un cinismo escéptico por el cual no aceptamos las propuestas que no sean estrictamente materialistas, de carácter científico racional, y por otra parte tenemos una aceptación infantil de muchas instancias que se han erigido como autoridad. No tenemos ninguna alianza con nuestra autoridad interna. Hemos ido donando nuestro poder a totems, iconos externos, creencias para intentar conseguir algo de seguridad y en ese proceso hemos vendido nuestra libertad y nuestra capacidad creadora de la realidad. Desde este punto nos planteamos volver al principio, recapitular todas nuestras donaciones gratuitas de poder para retomar la fuerza interna, el poder de generar nuestra vida como queremos.

El modelo ha estado impregnado de un profundo carácter patriarcal. Recorrer el sentido inverso de lo que ha sido esta sociedad nos puede dar pistas de por dónde podemos ir. Si tuviéramos que destacar sus rasgos principales estos serían: territorialidad, racionalización, evitación de la vulnerabilidad, jerarquización social, polaridad justicia – venganza y obsesión propietarista, entre la codicia y la carencia.

En este ínterin estamos, el de evolucionar hacia un ser real o permanecer en un ser condicionado; el de explorar la posibilidad de hacer emerger la esencia de lo que somos o seguir anclados en la estructura de la personalidad que se alimenta de la lucha de los opuestos.

Nuestro proceso evolutivo es como un viaje de ampliación de la conciencia. Y la apertura de esta conciencia va de la mano de la calidad de nuestra vida emocional y de la calidad de nuestra motivación, nuestra energía de movilización interna hacia nuestros deseos.

LA MOTIVACIÓN DISTORSIONADA: LAS PASIONES.

La degradación de la vida emocional está unida a la distorsión de nuestra motivación, es decir, la forma que adquiere nuestro movimiento, nuestro impulso hacia la satisfacción de nuestras necesidades. La motivación puede venir estimulada por una doble cualidad: la de la carencia, cuando el deseo está enfocado en completar una deficiencia; o la de la abundancia: cuando el deseo está enfocado en conseguir la satisfacción mediante la actividad creadora. La medida de nuestra salud emocional reproduce una u otra motivación. La motivación movida por la deficiencia reproduce dinámicas autolimitantes. Nuestra cultura al negar el movimiento instintivo y el valor del deseo a la hora de definir las necesidades, reproduce una motivación deficitaria.

El origen de este fenómeno es la interrupción de los mecanismos del instinto y de la regulación organísmica natural (al que acompaña la anulación de un movimiento emocional libre) y la frustración en las dinámicas que desde niño buscan recabar y equilibrar la experiencia del amor y la confianza básica. Todo ello está detrás de muchas de nuestras dificultades. Los mecanismos del instinto (esencia) quedan así desnaturalizados añadiendo un sistema de creencias o programa a las emociones saludables para convertirlas en pasiones que, a su vez, retenemos, repetimos y nos esepcializamos con nuestras fijaciones cognitivas. Esta situación tiene como consecuencia desajustes vitales acompañados en muchas ocasiones por la inflamación caracterial y el sufrimiento y además marcan comportamientos de pasividad en los sujetos.

Para Freud la neurosis es una interrupción de la vida instintiva. El instinto impulsa en tres direcciones básicamente: la de la supervivencia, el del placer y el de la relación. En el momento en que se produce esta interrupción en alguna de estas direcciones, nos instalamos en una idea oculta, una idealización que va a aportar parte del andamiaje del carácter a futuro. Se establece un código que piensa que “así hay que vivir”. En ese momento es cuando se instalan necesidades de venganza, de no volver a confiar, de que el amor no merece la pena, etc.

Las pasiones funcionan en un plano inconsciente. Nacen de ese mecanismo de interrupción. Genera desajustes y tiene un carácter pasivo. Todas se elaboran a partir del secuestro, manipulación y  condicionamiento de tres emociones básicas que son: miedotristeza y  rabia. Las pasiones según el mapa del eneagrama son 9: Ira, Orgullo, Vanidad, Envidia, Avaricia, Cobardía, Gula, Lujuria, y Pereza.

  • La Ira es una pasión que distorsiona el sentir natural de la emoción de la rabia. La pasión de la Ira es un programa cuya creencia principal es que la expresión de la rabia de un modo directo es malo y el que la expresa es un niño malo o una mala persona. Como el programa de la pasión no permite la expresión del enfado establece los modos correctos de canalización de esta poderosa energía de la rabia. La dirección correcta es el perfeccionismo que puede convertirse en autocrítica, crítica hacia otros y adoctrinamiento para otros en lo que se debe hacer y lo que no.
  • El Orgullo es una pasión que viene a distorsionar el estado emocional que experimentamos cuando percibimos que tenemos una o varias necesidades. La pasión del orgullo tiene como consigna máxima que necesitar algo nos baja la autoestima y por eso el Orgullo es un complejo mecanismo defensivo que reprime todas las necesidades. El orgullo sólo permite ver las necesidades ajenas y todo su mecanismo se desarrolla para atender las necesidades de los demás y de esta manera recibir a cambio atención, valoración y importancia personal.
  • La Vanidad viene a distorsionar cualquier atisbo de sensación de fracaso e inseguridad para realizar algo, para ello congela las emociones genuinas y la sustituye por lo que debería sentir para que la carrera hacia el éxito siga su curso y no haya contratiempos. Es la máscara de la imagen reluciente, la más brillante publicidad hasta la mentira. La falsedad está permitida lo importante es desplegar una imagen de éxito.
  • La Envidia viene a distorsionar las sensaciones de tranquilidad que sentimos cuando la vida es sencilla, rutinaria y ordenada. La envidia considera el ser práctico y orientado al cumplimiento de tareas como la máxima vulgaridad y genera un estado de inconformidad muy intenso y conflictivo que polariza a la persona en un sensibilidad apasionada que le dificulta tener orden, ser práctica. Este mecanismo proporciona un estado de sentirse muy especial, y separado del mundo.
  • La Avaricia viene a distorsionar el estado emocional del vacío, el silencio interno, la meditación para ello lo llena de pensamientos y análisis, teorías y conocimientos de la vida. Lo atiborra de intelectualidad y así huye de la sensación de pobreza y desamor. La Avaricia es el miedo a no tener nada para sí mismo.
  • La Cobardía viene a distorsionar la experiencia de sentir miedo. Considera el miedo una emoción que si surge es porque el desastre está cerca y la supervivencia no está asegurada. Cuando el miedo surge para generar una mayor presencia y alerta y estar realmente preparados para recibir el presente, la Cobardía considera el miedo como una señal de que todo va muy mal, este juicio tan fuerte contra esta emoción separa a la persona de la fuerza de su instinto natural y genera con la energía del miedo pensamientos muy negativos sobre calamidades, desastres, mala suerte, debilidad, enfermedad.
  • La Gula viene a distorsionar la experiencia de sentir dolor. Considera que el dolor es una emoción que si está presente es porque llega la infelicidad, la depresión, el sufrimiento. Genera un programa muy detallado de cómo el dolor y sucedáneos como la frustración, la apatía, el aburrimiento, el tedio… son estados que hay que evitar para no generar la temida infelicidad. Este programa es una verdadera tiranía de la felicidad. Prohibe en sus decretos la muerte, la vejez, la enfermedad y toda experiencia humana que signifique perderse de ser un niño o niña feliz con todas las posibilidades abiertas a experimentar. El dolor sólo es la emoción que ocurre en el tránsito de un estado a otro, en los cambios, en las despedidas, en el desapego de la experiencia, de las personas, de los lugares. Pero el programa Gula no permite esta experiencia del dolor, la considera sumamente peligrosa para la felicidad.
  • La Lujuria viene a impedir y a negar la experiencia de la vulnerabilidad. Como somos humanos somos vulnerables y esta es nuestra naturaleza. La Lujuria se empeña en desarrollar fuerza, dominio, control, exceso al máximo. En la vulnerabilidad están todas las emociones como el miedo y la tristeza, y también la ternura, el amor, la necesidad. Todo lo que nos hace humanos sensibles.
  • La Pereza distorsiona la rabia, sobre todo el aspecto de la rabia que nos sirve para posicionarnos en nuestro sitio como personas independientes, con opinión y valor propio. La Pereza genera anestesia de la rabia y así evita todo conflicto con los demás y en grupo. Esta anestesia produce una sobreadaptación al ambiente y a los demás con la motivación de estar en paz y estar tranquilo.

Los miedos catalizan este movimiento desintegrador. Cada enfoque del ego tiene un miedo particular. Miedo a equivocarse, miedo a pedir, miedo a fracasar, miedo a no ser visto, miedo a no tener nada, miedo a tener miedo, miedo al dolor, miedo a la vulnerabilidad, miedo al conflicto. Volviendo a un análisis más sociológico, si tuviéramos que describir una serie de miedos visibles hoy en nuestro entorno, estos serían:

Miedo al inconsciente y a la locura, que reproduce una sociedad muy cerebrotónica, empeñada en dar validez racional a todo.

Miedo a la  vulnerabilidad, que despierta una psicosis por la seguridad y una alta ingesta de ansiolíticos, además de una cultura inmovilista.

Miedo a  la muerte, lo que provoca una inevitable banalización de la vida.

Miedo a la libertad, es decir, a una vida altamente responsabilizada de nuestras propias emociones, entre ellas, el propio miedo.

El carácter es la construcción que compensa esta salida del contacto primario. Alberga el superego, con sus creencias y exigencias, y también la parte contraria, el que implora ser aceptado. Toda estructura de carácter tiene una pasión y una fijación. Y reconocerlo, tiene un extraordinario poder terapéutico. Suelen desvelarse en los prejuicios cognitivos.

LA SALIDA HACIA LA MOTIVACIÓN CREADORA. DE LA EMOCIÓN A LA CONCIENCIA

Imagina que despiertas ahora tras dormir largas horas y te das cuenta de que todo lo que has vivido es un sueño, que has despertado a la realidad. Haz el ejercicio de ponerte en contacto con esta fantasía e imaginar cómo sería esa situación a la que despiertas. Qué sientes en ese momento, que emociones te sobrevienen y qué quieres hacer en primer lugar.

El ser humano somos el resultado de un complejo y deslumbrante proceso evolutivo que ha conseguido, fundamentalmente, elevar el deseo (instinto) y las emociones (amor) que movilizan todo lo existente, al plano de la conciencia con un único fin: el puro disfrute, el éxtasis.

Lo que se llamó la “revolución de la conciencia” fue lo que en Psicología comenzó a encarnar todo el movimiento del humanismo, a través básicamente de fenomenólogos que admitían en su trabajo una visión holística y existencial.

Desde este enfoque podemos decir que todo carácter entraña una ilusión metafísica, un presupuesto erróneo con respecto al ser. Es un oscurecimiento que nos hace buscar la compensación, no en una restauración óntica, sino en la mera apariencia. Tal es así, que la conciencia se ciega sobre su propia ceguera hasta el punto de creerse libre.

Detrás de la psicosis más visibles, detrás incluso de las relaciones que esta tiene con nuestra estructura de la personalidad, está lo que Winnicott llamó la carencia existencial o pérdida del ser, donde el ego se inflama y da espacio a las pasiones exageradas que interfieren en la sabiduría del instinto y nos alejan de nuestro ritmo natural.

Recuperar nuestra esencia, restañar esa pérdida y curarnos, es el camino de la iluminación, a la claridad, a la naturalidad. Toda neurosis es caracterial, lo que implica que sanar las funciones del ego, dándole su lugar como conjunto de habilidades prácticas al servicio del ser,  y sanar nuestra vida emocional, inevitablemente nos va a abrir a una mayor plenitud de ser, una experiencia más rica y más ajustada.  Hacer el viaje a través del carácter, desmontando sus ideologías, templando pasiones, nos abre al espacio de las emociones auténticas, donde es posible seguir despertando. Porque detrás del movimiento de la pasión, está la herida, el vacío, la experiencia deficitaria que nos abre la oportunidad para percibir el ser de una forma renovadora, desde nuestra condición creativa.

La emoción nos informa de algo, nos conduce a una verdad sobre lo que nos pasa y sobre nosotrxs mismxs. Nos alertan de algo que sucede respecto a la satisfacción de nuestras necesidades. Nos indica un camino, nos conecta con la forma genuina de nuestro deseo. Este es el nuevo camino que podemos recorrer.

La diferencia entre nuestra condición potencial y nuestro estado presente es como la que existe entre el sueño y la vigilia. Despertar es el auténtico reto. 

Si quieres seguir aprendiendo con nosotrxs sobre despertar o dormir, sentir o distorsionar emociones… te recomendamos varios eventos en Sevilla en Febrero.
Despertar de la chamana interior.

Despertar de la chamana interior.

Todo lo que existe en el universo esta entrelazado por un fuerte vínculo de cohesión y está empujado por una inspiración que moviliza energías profundas. Las diversas tradiciones espirituales han nombrado esto de diferentes formas: pneuma, espíritu, ruah, ser, vida, etc. Es el flujo de las cosas, la fuerza que lo impregna todo.

En buena medida estar en la vida es incorporarse a eso que vincula todas las fuerzas existentes y alinearse con la inspiración que las alimenta. Entrar ahí, abandonarse a lo que la vida es, nos conduce a un conocimiento directo que no necesita usar palabras. Es una suerte de intuición que otorga claridad a la mente. Un conocimiento lúcido que no necesita de la maquinaria mental y que podemos ir desplegando a lo largo de toda la vida. De hecho, todo lo que nos sucede, viene como invitación a acrecentar esta conciencia.

Existe un poder incalculable al alcance de nuestra mano si optamos por ampliar la percepción y dar mayor espacio al inconsciente. La percepción humana ha cambiado a través de los siglos. Las culturas chamánicas en las que los seres humanos nos hemos desarrollado durante millones de años, reconocían en la percepción la auténtica vía para desentrañar la naturaleza de las experiencias que vivían. Su paradigma de conocimiento era el de la revelación. La realidad es una “epifanía”. Estaban en contacto con lo fascinante y lo tremendo. La admiración y el estremecimiento eran formas de acercamiento profundo a la realidad, emociones cargadas de sentido. En este movimiento se insertaba el inconsciente que aportaba su propio caudal de información. El primer homo que despertó a la conciencia, abrió el camino a lo abstracto. La propia naturaleza inauguraba de este modo una forma más expansiva de mirarse a sí misma. Esa inspiración o espíritu que moviliza todo lo que existe, esta forma de comprensión, sólo se puede experimentar.

Organizar esta energía y alinearse con ella, es la fuerza de tu chamán o chamana interior. Todos lo tenemos dentro, aunque hoy por hoy, degradado.

Es innegable que el proceso evolutivo se ha polarizado en un paradigma científico que nos aleja de esta conexión con la naturaleza de las cosas y de la vida. La muestra está en que las grandes religiones de libro, que han programado las culturas dominantes, han dado al traste con el planeta, quebrando el ecosistema. En nombre de Dios, se ha justificado la dominación y la explotación de los recursos naturales. El gran desastre colectivo que vivimos actualmente es haber perdido esta conexión y pretender tratar de transformar la inmensidad que nos rodea en algo estrictamente razonable. Para nosotros lo precipitado de nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, preocupaciones, esperanzas, frustraciones y miedos tienen prioridad. En el plano de nuestros asuntos prácticos, no tenemos ni la más remota idea de que estábamos unidos con todo lo demás.*

El ser humano se ha obsesionado con su capacidad de control y de transformación, olvidando los recursos innatos y su lugar específico en el complejo proceso evolutivo de la conciencia. Nos hemos convertido en criaturas de inventario: conoce los pormenores de cualquier realidad y eso le hace considerarse erudito o experto. El concepto de si, le ha llevado al ser humano a un modelo egocéntrico y homicida, además de ecocida. Ha quedado así atrapado completamente por su propia imagen, en su importancia personal, disfrazando de este modo el miedo.

La racionalidad y lo que muchas veces denominamos como sentido común, son en parte una construcción que nos aísla de nuestro lado más antiguo, lo que está depositado en el inconsciente, donde las emociones reproducían una función primordial, donde lo que se sabe no se puede expresar con argumentos. Hemos renunciado al conocimiento de lo abstracto a cambio del mundo de la razón.

Despertar al chamán interior es oponerse a este proceso de individuación racionalista y conectar con nuestra forma simbiótica e intuitiva. ¿Cómo hacerlo? Saliendo del programa de la vida cotidiana que nos adormece. Lanzándonos a conductas desacostumbradas. Es lo que Castaneda llama mover el “punto de encaje”. Intentar un “desatino controlado” qué nos permita acercarnos a ese conocimiento intuitivo conectado con el espíritu. Se trata de un salto mortal que va del conocimiento a lo incognoscible.

El chamán interior nos inicia en la maestría de estar conscientes del ser. Nos conduce hacia una sabiduría que no puede ser analizada, solo puede ser experimentada. Sabe que el único modo de entender con claridad es no pensar en absoluto. Y así se inicia el viaje de apertura al espíritu.

El viaje del chamán pasa por detener el mundo para introducir un elemento disonante en la trama de la conducta cotidiana. Un elemento disonante, por ejemplo es: no hacer. O hacer algo diferente. La hipnosis, la danza, la ensoñación, la canalización de la energía sexual, los estados alterados de conciencia, nos permiten abrir la puerta de esa conexión con el espíritu. Este se encuentra a disposición de cualquiera. Son puertas que nos llevan a nuevos estadios de nuestro potencial perceptivo.        

La percepción existe en un plano muy abundante, más allá de la conceptualización. Y esa percepción puede moverse. Es la libertad que existe más allá de nuestras necesidades concretas. Modificar y ampliar la percepción nos abre a todo lo que es humanamente posible, fuera del plano bidimensional de escasa profundidad en el que nos manejamos cotidianamente. Cuando nos abrimos a ella, entendemos la importancia de renunciar a la importancia personal, de cortar luego las cadenas que nos atan a nuestro reflejo, y de descolocarnos.

Cada vez más personas intuyen todas las posibilidades ocultas que existen dentro de nosotros. El chamán interior nos despierta nuevas ideas para relacionarnos con ellas y con lo desconocido. Nos empuja a una suerte de abandono y al mismo tiempo impulsa nuestra audacia. Rompe la línea de continuidad en la que nos sujetamos y nos conduce a experimentar la muerte simbólica de nuestra importancia personal.

¿Cómo encontrarte con él? Experiméntalo en cualquiera de los talleres de Counseling Experiencial. A continuación un breve relato, un síntesis real de uno de los viajes en proceso hipnótico vivido por una persona con el nombre simulado.

El encuentro a través de la hipnosis con el chamán interior:

Antonio viaja internamente a una época antigua, como del siglo XVII. Es Joven. Se ve caminando por una gran ciudad, perdido. Recuerda que se ha ido de casa porque estaba muy mal. Siempre había discusiones y decidió escapar. Va ahora en busca de trabajo. Entra en una tienda de comestibles en la que hay mucha gente. Él es aún bajo de estatura y no sabe cómo acercarse a los tenderos para pedirles que le den una oportunidad. La gente se agolpa en el mostrador y el vive la escena con angustia. Al final acaba empujado hacia fuera, saliendo despedido por la puerta. Salió uno de los tenderos y le preguntó: oye chaval, ¿qué sabes hacer? Él respondió entre confuso e ilusionado: sonreír.  Su viaje continúa más adelante y ahora Antonio se visualiza en un campo, seco, entre montañas. Hay un perro con él. Lleva una chaqueta cruzada, botas altas y mangas anchas. Camina hacia una casa. Al entrar, lo primero que reconoce es la chimenea y sentado junto a ella, un hombre anciano. Este hombre cuenta historias, habla de libros y narraciones interminables. Él se sienta a su lado y, con admiración y regocijo, le escucha durante largas horas. No habla, sólo sonríe. 

Hacia el final de esa vida, se encuentra a sí mismo en la cama. Junto a él, su hija y sus nietos jugando alrededor. Su hija le coge de la mano. Él la mira a la cara. Llora profundamente.

  • ¿Por qué lloras? Le pregunto.
  • Porque la quiero mucho, dice Antonio.

Poco a poco abandona la escena. Va despertando y contacto con su cuerpo y su respiración. Se le ve claramente emocionado. Han emergido dentro de sí sensaciones que le han puesto en contacto con sustratos profundos de su biografía.

  • Y ¿Qué has aprendido de esta experiencia? Le pregunto al finalizar la regresión.
  • He aprendido a reconocer el amor. Ahora estoy en contacto con la necesidad de vivir la entrega hasta donde pueda y con la valentía de salir a tomar la vida, al mismo tiempo que sostengo el miedo. Veo la importancia que tiene para mi escuchar la sabiduría que me viene de otros. Y me doy cuenta del valor de equivocarme. Necesito sostener mis errores como parte de mi aprendizaje.

 

*C. Castaneda. El conocimiento silencioso. Madrid 2016.

La Inteligencia intuitiva y el despertar de la conciencia.

La Inteligencia intuitiva y el despertar de la conciencia.

Nuestro pensamiento está acostumbrado a funcionar con un modelo convergente, esto es, lo hemos entrenado para encontrar soluciones y respuestas pragmáticas. Es una forma de pensamiento que se ha acostumbrado a manejar polaridades, a extraer juicios y que gusta de practicar el “acercadeismo”, construir opiniones alejadas de la experiencia. La mente busca como prioridad minimizar la incertidumbre, pero: ¿qué pasa si nos permitimos dar espacio a la incertidumbre? ¿Qué sucede si incorporamos el vacío, cómo si del cero matemático se tratara, a la ecuación de la vida? ¿Y si damos cabida a variables ilógicas desde el punto de vista del pensamiento convergente? Sucede que una información que ya conoces y a la que estás acostumbrado, de repente te sorprende.

Todos podemos dotarnos de ciertas estrategias internas que dan un mayor espacio a los procesos intuitivos, no dominados por los pensamientos convergentes. El pensamiento divergente es aquel que estimula la creación de asociaciones nuevas. Esta forma de vincular ideas, abrirse a nuevos paradigmas, despierta nuestras zonas creativas y nuestras áreas más espirituales, incorporando nuestro sentir a un campo más amplio, reconociendo que nuestras emociones forman parte de un ecosistema amplio y complejo, lejos de las lógicas binarias. El pensamiento divergente se permite validar momentáneamente un escenario irreal, una conversación ilógica, un juego sin finalidad aparente, una visualización creadora, y toma en consideración lo que sucede en esas situaciones. Recoge la información sutil que emite el cuerpo, la emoción, la intuición, para incorporarla a una base de datos multifacética en la que convergen nuevos inputs, donde cambia el punto de vista de lo observado.

Lo que se observa son: los elementos autobiográficos, la memoria, las emociones, etc., sin estar constreñidos por las estructuras mentales de interpretación de la realidad y por los condicionamientos previos. Esto nos permitirá dejar de estar fusionados con los propios pensamientos. El pensamiento es “algo que pasa”, más que “algo que te pasa”. Somos el pensador, no el pensamiento.  Es un proceso de “decentering” que alivia los mecanismos de auto enjuiciamiento en los que la mente entre en muchas ocasiones, ofuscando las posibilidades creativas.

Dar cabida al pensamiento divergente posibilita cambios internos y despierta la intuición. Existen una serie de zonas en el cerebro de los mamíferos, especialmente en el hipocampo, en las que se generan nuevas células, neuronas y astrocitos, durante la vida adulta. Células pluripotenciales disponibles, sin programación, que renuevan las posibilidades del cerebro, permitiendo su plasticidad. La intuición es una de esas posibilidades y necesita vías creativas para habilitarse, formas divergentes mediante las cuales recoger la información diversa que  nos ofrece la experiencia a través del cuerpo, las emociones y la comunicación con el entorno. Esas vías son múltiples: recrear los escenarios de nuestra vida o de nuestros sueños para actualizar su sentido; practicar formas de escucha diversa; interactuar con la percepción del cuerpo; ponerle voz a nuestros síntomas o a nuestros miedos; experimentar con nuestra fantasía una progresión en el tiempo; movilizar a través de la bioenergética nuestra memorias más profundas; ponerse en el lugar de otra persona y expresarse; representar en forma de animal tu emoción más presente, etc.

La intuición tiene una sabiduría ancestral. Proviene de un registro milenario que ha recogido los códigos de comportamiento biológico y las formas de satisfacción de las necesidades. Despertarla conlleva perder el miedo al inconsciente humano. Se habilita cuando permites que las emociones, auténticas reveladoras de esa naturaleza profunda, pasen mientras permaneces abierto, confiando y soltando.

La apertura de la conciencia pasa por practicar este “darse cuenta”, por desplegar todas las potencialidades de esa percepción interna, por dar cabida a la incertidumbre, al vacío, a nuestros personajes ocultos y, al mismo tiempo, por acercarnos al sentido de nuestro viaje existencial.  Nosotros no tenemos experiencias, sino que la experiencia nos tiene a cada uno de nosotros. Descúbrela a través de este intensivo.

HABILITAR LA INTUICIÓN DESPERTANDO NUESTRO RECURSOS INTERNOS.

HABILITAR LA INTUICIÓN DESPERTANDO NUESTRO RECURSOS INTERNOS.

Inteligir consiste en tener una idea clara acerca de alguien o de algo. Esa idea clara es un acto muy sencillo, un darse cuenta que tiene la cualidad de simplificar, de ordenar, de abrir el conocimiento a un momento integrador de la experiencia. Se trata de algo que la mayoría hemos vivido alguna vez. Nos permite ver el problema con más perspectiva, nos reporta cierta paz y nos hace sentir más comprensivos con las partes que estaban en conflicto.

Cuando esta inteligencia decimos que es intuitiva, es porque está en sintonía con todos los procesos internos, con todas las potencialidades que dotan al conocimiento de claridad. Esas potencialidades emanan del movimiento emocional interno, de escuchar la sabiduría del cuerpo, permitir que emerjan nuestras memorias instintivas y dar espacio a la conciencia extensa.

La inteligencia intuitiva emerge por tanto, como resultado de un proceso de revalidación de todas las cualidades específicas que como seres humanos almacenamos, de nuestras formas de inteligencia que se han desarrollado a lo largo de millones de años y que nos conectan de nuevo con el fenómeno en el que estamos insertos: la vida, en toda su expresión y anchura. No hay vida intuitiva, no hay verdadero inteligir si no es en contacto con nuestras memorias, nuestro cuerpo expresivo, nuestra emoción desplegándose en plenitud. La conciencia extensa, además, nos actualiza el hecho de que somos una partícula en un contexto universal extraordinario, y que en ese contexto tenemos un viaje cargado de sentido y de posibilidades.

De ahí vuelve a surgir la intuición como un proceso interno que nos forma y que posteriormente nos informa, es una conquista que nos conduce a una vida más plena.