El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

Extraigo una síntesis de los capítulos 63 y 64 del libro de Las Claves Genéticas de Richard Rudd

A veces me siento atrapado por la especulación de mi mente. Me agota mi pensamiento cuando juega a “encontrar y defender la verdad”. Debato, opino, me adhiero a la supuesta verdad y a los de su bando, enjuicio al que no la tiene, exijo al otro que cambie, me obsesiono por desvelar la coherencia de un argumento, discuto con alguien olvidando el sentimiento que nos une; me instalo en los dilemas sociales tomando partido. Reacciono sin darme cuenta que todo esto es mente. Intelectualizar la verdad, un viejo vicio del pensamiento patriarcal.

El cerebro izquierdo (un cableado para reconocer las mecánicas repetitivas) y el derecho, se siguen debatiendo entre la lógica y la imaginación. Pero el hemisferio derecho completa y eleva la mera funcionalidad del izquierdo, trascendiendo la verdad. El cero y el infinito son una aportación útil de nuestra imaginación.

Me pregunto: ¿de qué se alimenta la opinión? Los genes contienen el mapa que construye nuestra estructura del ser. Siguiendo el libro de Richard Rudd, descubro que la opinión, que se alimenta de la duda, es fruto de la desconexión de la imaginación y del sentir que se alojan en nuestro potencial del hemisferio derecho.

También veo como la vivencia de la duda genera mucha presión en el cerebro. El hecho de vivir en un escenario tan diverso y complejo, conlleva un sustrato de dolor. Seguramente sea por eso por lo que los humanos vamos tras la búsqueda permanente de certezas mentales, para evitar así sentir esta angustia. Adquirimos creencias y valores para contrarrestar la duda en la que vive la mente. Nos volvemos por ello adictos al pensamiento.

La mente humana se identifica con lo que ve, y absorbe infinidad de modalidades de pensamiento lógico, relatos y derivados. Instalamos entonces un constructo, un artefacto teórico, nos lo creemos completamente y evitamos así sentir la confusión como algo inherente a la vida. ¿Qué pasa si acepto la confusión? No resulta práctico para el ego, la identidad personal está íntimamente asociada al despliegue de la opinión.

OPINAR, UNA SALIDA DEL EGO.

La duda la reprimimos con el dogma y la opinión. Cuando se hace, construye la falsa lógica. Opinar, cuando no se abre al auténtico cuestionamiento, a la propia duda existencial, satisface las necesidades del ego. Creamos identidad (progresista, solidario, defensor de lo justo, erudito, auténtico, etc.) Cuando la mente se acostumbra a no dudar, deja de evolucionar.

En realidad, caemos en un doble patrón: el de imitar, escondiendo nuestras vidas entre actividades y pensamientos, una masiva red de seguridad completamente ilusoria creada por el colectivo para evitar sentir la situación del mundo tal cual es; o canalizar la rabia contra el statu quo o contra “el otro”, tomar la revancha contra la vida misma, defendiendo posturas, opiniones, luchando por la verdad y, en algunos casos, imponiéndola.

La duda al servicio del cuestionamiento de lo externo, despierta el canal creativo (artes, ciencia, tecnología, salud…), pero si se internaliza y se vuelve hacia uno mismo en un nivel bajo de frecuencia, puede ser destructiva. Si el pensamiento no es creativo, sirve a la duda y se va a proyectar en otras personas o en uno mismo. Aquí emerge la falta de confianza y su derivada: la sospecha, que socava enormemente al ser humano ya que, al dudar de nosotros mismos, la mente quiere tomar la rienda y ahonda más en la confusión, retroalimentándose. A partir de aquí, la mente no puede escapar de sí misma.

ABRAZAR LA INCERTIDUMBRE

Cuanto más profundizas, más complejo es todo. Si cuestionas algo intensamente, llegarás a la conclusión de que estás ligado como observador a ese “algo”, por lo cual, pierdes la posición de observador y pasas a ser experimentador, un espacio de profunda subjetividad. Ya no hay verdades. No hay opinión, solo hay comunicación de la vivencia.

La lógica humana no está diseñada para tener la certeza de nada: solo de la existencia de la paradoja. La duda no es el enemigo, sino el miedo a dudar. La única respuesta satisfactoria es la que desafía a la lógica. Cuanto más abrazamos la incertidumbre, más cerca estamos de la trascendencia. EL humano hace el viaje del cuestionamiento, pero la resolución final está fuera de la lógica. La verdad llega como una iluminación y no como una respuesta.

EL CAMINO DEL HEMISFERIO DERECHO

Si sigues más adelante, entrarás en los dominios holísticos de la síntesis. Aquí todo está afectado por todo, lo cual te empuja hacia el espacio de tu mundo interior. En este lugar ya no hay cuestionamiento, hay revelación.

La confusión es un estado vibrante de potencialidad. El cuestionamiento orientado a preguntarnos por nuestra naturaleza nuestro ser, nos empuja a elevar el espíritu, como han hecho los caminos del yoga y el tantra que han buscado unir la fisura humana interna y de tomar la aceptación de lo que somos respectivamente.  

Para tomar el camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho se me ocurre sugerir:

  • Permítete sentir el dolor y el milagro de la transformación comienza.
  • Acepta sentir y pensar desde la duda y reconocer el caos de la vida misma.
  • Conecta tu garganta a tu corazón, acostúmbrate a expresarte desde el sentir en cada presente.  
  • Sé honesto: cuanto más aprendes, más preguntas se abren.
  • Espera a que la verdad te encuentre. La verdad no es un elemento que sacia la lógica. La verdad es un acontecimiento, una epifanía.
  • Abandona la obsesión por la verdad y su defensa, y entrégate a la poética del azar.
  • Sé paciente, no reacciones, evoluciona de acuerdo a tus propios plazos.
  • Confía y acepta que te llegará la luz, que eres portador de estados de claridad que emergen de tu propia genética y tu conexión con tu ser.
  • Abraza la confusión y activa la imaginación creadora, el portal que trasciende la verdad.

No hay nada que no sea verdad, porque lo que sucede y sientes en cada momento, es verdad. La verdad está aquí y ahora, pura e incorruptible, en cada presente, en cada estado de vida. Es eterna, pura, imperecedera, y tan simple como hermosa. La verdad es tu estado natural, un espacio a la deriva, una inmersión total en tu ser. Es el eterno momento del presente. Existe claridad en el espacio de la luz interior. Fuera de ella aparece la confusión.

LA IMAGINACIÓN CREADORA

Nuestra genética es una enciclopedia digital de la consciencia. La imaginación es la expresión de la fuerza de la vida sin impedimentos a través de tu genética. Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Ser lo que auténticamente eres, permite desactivar los mecanismos de la mente y activar las puertas hacia la manifestación de tus dones. Poner la fuerza en las cualidades del ser, cortocircuita el atrapamiento del cerebro izquierdo.

Para ello: priorizo lo que siento en el puro presente; pongo la palabra al servicio del corazón en todo momento; escucho si mi reflexión se dirige al crecimiento de mi experiencia o responde a la opinología, a mi rabia o a la imitación; doy pleno valor y potencia a los estados modificados de la conciencia;  practico la visualización creadora para construir mi realidad; abrazo la vía del yoga y el tantra; practico la expresión libre, original y artística; amplifico los estados de alegría; experimento la indagación de las emociones y de mis miedos en la tribu.   

FUISTE SALVAJE UNA VEZ, NO TE DEJES DOMESTICAR

FUISTE SALVAJE UNA VEZ, NO TE DEJES DOMESTICAR

Muchas veces digo eso de “necesito fluir”. Me doy cuenta de que con esto quiero asegurarme de que lo que hago, el tiempo del que dispongo y mi energía, estén auténticamente en sintonía con lo que deseo. Cuando es así siento que experimento más felicidad. Entonces la vida se vuelve mi aliada. Por lo tanto, ¿como definiría qué es esto de fluir? Para mi es otorgar la máxima calidad a la experiencia. Asegurarme de que lo que vivo, lo hago en un lugar de conciencia clara y en conexión con mi escucha y mi deseo auténtico.

Fluir es como estar en buena sintonía con el ahora y con el placer. Estar en absoluto presente, sin interrupciones, sin mucha mente, pero consciente y plenamente perceptivo hacia lo que estoy experimentando. Mihaly Csikszentmihalyi, intentó definir esta experiencia concretando una psicología de la felicidad.

No me preocupo por lo que quiero llegar a hacer o a ser, sino que pongo el foco en la experiencia, en “estar siendo”. Lo que acontece ahora, se vuelve interesante e intenso. Empiezo a fluir.

Si la energía de mi psique es óptima, no está excesivamente entregada a las tareas o la distracción, si no es arrastrada por la ilusión, entonces me otorga un orden en la conciencia. Aquí es donde descubro que experimento una escucha física y emocional de la experiencia, de lo que acontece aquí y ahora.

Un efecto habitual del comportamiento fijado en el carácter es la distracción, la reacción y la pérdida de contacto con el cuerpo. La energía queda así secuestrada por la personalidad. Olvidamos la auténtica intención que funda nuestro deseo. Nuestra forma de ser adquiere rigideces que se traducen fisiológicamente en corazas o armaduras. Son las tensiones, los bloqueos posturales, los automatismos del cuerpo, la falta de salud, de flexibilidad, etc., que inhiben la vida del cuerpo. Es una energía que no ha logrado descargarse por la contención del ego que sigue patrones de supervivencia desde el miedo y la escasez. Aquí subyace parte de nuestra incapacidad para fluir.  

Existen varias vías para la mejora en la calidad de nuestra experiencia, vías que ordenan nuestra energía psíquica y corporal haciéndola más óptima. La vía de la atención, la vía de la sanación emocional y la vía de la sensación. Sentir en un orden más perceptivo y saludable. Enfocarnos en niveles de conciencia más claros e involucrar al cuerpo y su sabiduría.

EL TRABAJO CON EL CUERPO: salir de lo domesticado.

En el cuerpo convergen la vida y el espíritu, dos voluntades no domesticables. El cuerpo, cuando le damos permiso para movilizar la energía y las memorias contenidas, reproduce por sí mismo estados de liberación que disuelven las funciones del carácter, procurándonos cambios internos y recuperando la función de la espontaneidad asociada al placer. La salud emocional y el desbloqueo físico van parejos y conducen a una mayor disponibilidad de la energía psíquica y espiritual.

La contracción muscular, el dolor, la pérdida de flexibilidad, la falta de sensibilidad en áreas del cuerpo, son síntomas de la rigidez emocional. En la fisonomía se manifiestan las carencias que desde la infancia arrastramos por la desatención a las necesidades y los deseos específicos. El ego, que se aleja de la sensibilidad emocional, nos aleja a su vez del propio cuerpo, separándonos de la creatividad y del gozo.

Al alejarnos del contacto real con la sensibilidad, nos resistimos a que la vida fluya espontáneamente a través de nosotros. El cuerpo busca naturalmente el placer en sintonía con la energía sexual. Reencontrarnos con la sensibilidad es mágico: se traspasa la rigidez y accede al placer de la liberación organísmica. Este es el objetivo del trabajo con el movimiento expresivo y la bionenergética.

Somos energía disponible. El bienestar emocional y la energía interna están en proporción directa. La adecuada disponibilidad de esta energía permitirá regular nuestro placer y viceversa. El cuerpo es un aliado para rescatar la unidad interna. La garganta, la pelvis, los brazos, la respiración, la descarga energética, nos permiten canalizar y expresar de forma que podemos volver a conectar los centros separados: la mente, el corazón y los genitales. El cuerpo da mucha información sobre todo esto: la forma de pisar, la sensación de arraigo, la facilidad para el contacto con otros cuerpos, el estado de alerta o de abandono, como se incorpora la expresión en la comunicación, la tensión de la mandíbula, etc.

Es necesario recuperar la sensación de estar completamente vivos. El cuerpo devuelve el realismo a la vida cotidiana. Te vuelves más propioceptivo. Nos reencuentra con el sentir, la función que permite ser fieles a lo que nos sucede y no evadirnos en fantasías que no nos pertenecen. Comenzamos a fluir. En este camino de sanación, las diversas fijaciones completan su homeostasis, su equilibrio interno final. El tipo esquizoide, recupera su derecho a existir de manera segura; el tipo oral, su derecho a estar seguro en su propia necesidad; el psicopático a ser autosuficiente; el masoquista a ser independiente; y el rígido a recuperar su derecho a desear y procurar la satisfacción.

La experiencia óptima es autotélica, poderosa, salvaje.

Significa que yo identifico mi propósito, me doto de las experiencias que necesito y completo la satisfacción a través de mi movimiento único. Cuando me sano a través de mi cuerpo, percibo que tengo muchos recursos internos para sentirme bien, para absorber permanentemente estados de gozo. El cuerpo lo domestiqué, pero si lo libero, despiertan todas las energías de la naturaleza que me recuerdan cual es mi origen, en conexión con el sentido del ser.

Para mi fluir tiene que ver con atreverme a ser salvaje, es decir, a no controlar la experiencia, no atar el presente, ser permeable a lo que acontece a través de mi sentir no condicionado. Vivir liberado de los miedos, es tomar la osadía de permitir que cada instante, cada emoción, cada acontecimiento, me sorprendan en su forma única, y entregarme a esa experiencia abarcante. Estar abierto a la vida con la certeza de que nada me puede hacer dimitir de ser yo mismo, aquí y ahora, en plena conexión con las energías primordiales que nos animan a todos/as: la energía para vivir, para sentir, para estar presente, para amar y para manifestar lo que soy.

Aprender a dejar la vida VIVOS/AS

Aprender a dejar la vida VIVOS/AS

Esta expresión está tomada de los chamanes de la Amazonía. Los Mayas denominaban a este proceso: el “despertar de tu cuerpo de jaguar”. Este animal vive sin miedo. Caza solo para alimentarse, explora y descansa. Vive en la confianza de que la vida le proporciona lo que necesita. Está asociado al poder sanador del espíritu y al Divino femenino. En esta cultura Maya, los sacerdotes se llamaban Balams (Jaguares) y se convertían en tales porque habían realizado ya un viaje simbólico al submundo, a lo más profundo de sus miedos, conquistando el más difícil de todos: el miedo a la muerte. Este viaje a lo Divino Femenino me resulta inspirador. Recojo la invitación a encarnar la sabiduría del Jaguar, soltar el miedo a lo desconocido y confiar.

Para soltar el miedo hay que vivirlo. No es fácil. O la vida te lo pone de repente delante de forma inevitable, o lo conquistas, sumergiéndote en alguna de tus memorias pendientes. Al descender al inframundo el desafío es permanecer allí en profunda aceptación, no salir despavorido. Como en la historia de la bella Psiché, es el camino la verdadera iniciación en este aprendizaje. Cuando tocas el terror de aquel escenario de infancia, o de aquel patrón inconsciente antiguo, sientes que solo estás tú, tus propios fantasmas y tu respiración. El plexo condensa el dolor y la angustia y apenas tu diafragma y un mantra repetido infinitamente, te sirve de fino soporte ante la desesperación.

Personalmente lo he podido vivir. Ha sido un proceso de limpieza en el que he experimentado como algo viejo, inconsciente, moría dentro de mí. Un episodio de apego me condujo a la obsesión por la pérdida y al miedo. Atravesando las excusas, las resistencias, las huidas, etc., terminé por entregarme al dolor y acudí al origen de mi parálisis. Reviví los sentimientos de terror que estaban ocultos para mí en una escena de mi niñez. De niño viví el impacto que me producía la amenaza de perder a mamá en un contexto de desesperación familiar.  Mi cuerpo pudo volver a sentir durante media hora el pavor de enfrentarse a este escenario. Era mi cuerpo de niño el que temblaba, el que ahora completaba un ciclo de expresión y de sostenimiento adulto.

Tras vivirlo entendí el poder invalidante del miedo, la pérdida y la desesperación, y cómo experiencias así condicionan nuestra libertad. Creo que el verdadero miedo que nos aterroriza no es perder algo, sino el terror a no encontrarte a ti mismo al otro lado. Eso es la muerte.

Pero  cuando he resuelto ahí, veo que esto se puede reenfocar. Cuando elijo ahora despertar a mi chamán, me propongo entre otras cosas, familiarizarme con eso otro lado. Entiendo que en esta vida, mi energía es útil para despertar el Jaguar interno y que puede vehicularme más allá de las fronteras de la extinción. Ahora, después de vivir esa crisis y de tocar el lugar donde experimenté el miedo a la desaparición, siento que puedo elegir y que la muerte no me condiciona. Es más, me catapulta más lejos aún, si me preparo con conciencia en la dirección de mi propósito. Es la promesa del Jaguar: sentirnos en casa seguros, sin miedo, porque la vida proporciona todo lo que necesitamos. Ahora que suelto la sumisión a una vida amenazada por el miedo, puedo experimentar mis posibilidades de practicar formas nuevas de vida más cercanas a mi satisfacción y a mis potencialidades espirituales. El miedo amenazaba de muerte a mi ego, pero cuando lo traspaso, lo que trae es resurrección. Despierta mi cuerpo de luz.

Hoy puedo experimentar otras cosas. Me siento más unido a la naturaleza, a los animales, a los seres vivos. Siento deseo de abandonarme a ella en el silencio y extraer su sabiduría mediante la búsqueda de la visión. Entiendo la importancia de la alimentación para desintoxicar mi cuerpo y que me aporte la máxima lucidez. Creo en el nagual, el mundo del espíritu infinitamente más grande que esta pequeña dimensión espacio temporal que ocupo, a donde puedo acudir a través de la ensoñación o la conexión de mi intuición chamánica. Allí puedo comprender aspectos de la realidad y recordar que existe un plan maestro que va por delante de mí.  Siento que mi respiración es una permanente aliada para mis estados emocionales.  Emerge la potencialidad de mi Dios y mi Diosa interna que abordan la relación con lo femenino desde un lugar de amor y libertad como no había experimentado antes. Ahora, en definitiva, ya puedo estar tranquilo, ya sé que no tengo nada bajo control. Quiero dejar la vida muy vivo.

Te invito a completar una acción chamánica. El miedo se nutre de un rol, un personaje sin el cual sentimos que desaparecemos. Por eso, te animo a quemar tus roles, los condenamos a la muerte. Escribe aquellos roles que crees que sostienen tu identidad cotidiana, también los roles con los que te mueves en ocasiones y con los que aparentemente buscas sentirte especialmente amado o seguro. Quema tu rol de hijo/a; tu rol de persona sociable; valiente; tu profesional bien considerado. Quema tu rol de amante; de sanador de otros. De víctima. Suéltalo y experimenta como es morir a esa parte de ti. Observa cómo llega la sensación de no ser nadie, de perder tus recursos para sentirte visto y amado. Ríndete. Aquí, contemplando y respirando esto, es donde comienzas a estar más vivo.

ALFREDO C. DOMBÓN

Ecología de las emociones: conectar con nuestra genialidad impredecible

Ecología de las emociones: conectar con nuestra genialidad impredecible

La naturaleza del espíritu humano individual es novelesca: cada cual tiene dentro de sí un rebelde transformador o un genio, un poeta o un intérprete de las estrellas. Unos u otros albergan un amante pasional o un creativo loco; un despertador del subconsciente, un investigador lúcido o un artista singular. Cada cual tiene su especificidad con la cual proyectar su vida de forma única y alcanzar altas cuotas de satisfacción. Son cualidades heroicas inscritas y observables a través de la revelación interior. Pero una cierta sordera nos aqueja.

La sordera es una incapacidad específica para oír lo que ocurre dentro de ti. Bien es verdad que estamos sometidos a un ruido infernal.  Al ruido ideológico que nos obliga a alinear nuestra vida con creencias externas aceptadas. Al ruido tecnológico: las máquinas se han colado en nuestra vida y nos inducen infinidad de rutinas. Y para rematarlo, el ruido de lo irrelevante que reproduce la permanente acción comercial y mediática, orientada a la mera distracción. Esto apaga las posibilidades de la conciencia. Nos sume en una espiral de insatisfacción y nos enreda, atendiendo las condiciones escasas de lo externo y  olvidándonos de las fuentes inagotables de lo interno.

Somos una especie, la  humana, acostumbrada a tensar la mente. Hablamos por hablar y tenemos miedo a no encajar en el mundo. La mente proyecta ilusiones de seguridad y estabilidad porque la mente humana es infeliz en la incertidumbre. Sentir es, a menudo, verdaderamente incierto. Por eso estamos en una permanente huida de la desesperación individual sin aceptar que nada es seguro, lo cual hace que escapemos de sentir.

Creo que hay que echar mano de una verdadera rebeldía para elevar la percepción y confiar en la sabiduría interna.  Esta se manifiesta en la espontaneidad: en lo inesperado emerge información que nos permite darnos cuenta de cosas verdaderamente nuevas. Dentro de nosotros/as existe una energía organizada suficiente como para conectar con nuestra genialidad impredecible y clara.

La energía forma todas tus células, y las células de tu cuerpo son inteligentes, saben actuar independientemente de tu cerebro. Hay una inteligencia extraordinaria, una sabiduría y un orden que permite a cada célula saber cuál es su misión, y tú ni te enteras. Estamos ante una energía inteligente que lo es todo, que es la fuente creadora. La energía está en todas partes haciendo maravillas. Los átomos son capaces de unirse entre ellos para formar las moléculas, para formar todas las cosas. Cuando entiendes lo que es la energía caes de rodillas. Hay que amar esa obra, tal como se muestra, sin críticas, porque somos aprendices de esa sabiduría. La energía tiene el propósito de llevarte a la perfección, a la sabiduría total. La naturaleza es un libro abierto en el que se puede aprender todo: la relación, la armonía, el equilibrio, la fuerza, el orden… Si aceptamos que todo lo que forma la energía es inteligente, nuestra percepción de la realidad se amplía, se ensancha. Entonces nuestro papel en esta vida es reaccionar menos, elevar nuestras percepciones, y comprender más. La energía tiene un sentido de perfección. Juan Echegaray, doctor en Biología, catedrático de la Universidad de Santiago de Chile (La Vanguardia 27 de febrero 2018)

Existe un flujo de conocimiento al interior de las células. Este saber, cuando se confía en lo inesperado, llega al modo de una revelación o epifanía. Abrimos a una ecología de las emociones supone desvelar nuestra propia naturaleza, salirnos de la sordera interna y aceptar escuchar lo que se siente para ponerlo en primer lugar. Porque la vida es un misterio que combina la oportunidad, la experiencia emocional y la visión interior. Solo así rescatamos la genialidad. Rendir la mente tensa supone eliminar las instrucciones externas y abrir un espacio de oportunidad mediante el abandono a lo que sucede, dentro y fuera de nosotros/as. Si aceptamos esto, entonces se abre la conciencia a la belleza, la maravilla absoluta de la vida. Hay un montón de experiencia emocional viva, de risa y de santa locura almacenada en cada persona que sale de la mera estrategia de la supervivencia y acepta sentir, acepta despertar.

Si te interesa adentrarte en esta experiencia, participa en alguno de nuestros próximos talleres:

Miedo o creatividad: las pasiones y las motivaciones para vivir.

Miedo o creatividad: las pasiones y las motivaciones para vivir.

Nuestra tecnología está en el nivel de los dioses, nuestras instituciones en la edad media y nuestras emociones en la prehistoria.

Edward O. Wilson

El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. 

Friedrich Hölderlin

Hace tiempo que dejamos atrás ese período de la historia en la cual entregábamos a instituciones e ideologías parte de nuestra libertad, permitiendo su tutela. Como si fuera la continuación de la experiencia con nuestro propio padre y nosotrxs siguiéramos siendo niñxs sin decisión propia.

 Erich Fromm en “El miedo a la libertad” analiza este proceso de volverse libre de la autoridad externa. Postula que tras él, a la humanidad le acechan sentimientos de desesperanza que no desaparecerán hasta que alcancemos una libertad positiva, un reemplazo del orden anterior. Seguramente, en este momento histórico que vivimos, ese cambio tiene que ver con atender nuestro universo emocional y relacional. Si hasta ahora hemos pensado las emociones, afrontamos un tiempo en el que tenemos que atrevernos a sentirlas y vivirlas de un modo consciente.

La post historia ha conllevado el desmantelamiento de las ideologías que configuraban la estructura de seguridad donde teníamos bajo control las emociones. Muchas veces desesperamos porque no sabemos bien como acertar con nuestra satisfacción, que implica escuchar nuestras emociones, tomar la información biológica que nos proporciona y responder del modo más aliado con nuestro bienestar. Lo prueba el hecho de que nuestras emociones están muy mediatizadas y condicionadas. Están bajo vigilancia. Controladas, reprimidas, negadas, anestesiadas, racionalizadas, proyectadas fuera de nosotrxs, manipuladas en favor del deber u otras fijaciones, encerradas en compartimentos secretos.

Se manifiesta en nuestras contradicciones y pérdidas internas. Por un lado  practicamos un cinismo escéptico por el cual no aceptamos las propuestas que no sean estrictamente materialistas, de carácter científico racional, y por otra parte tenemos una aceptación infantil de muchas instancias que se han erigido como autoridad. No tenemos ninguna alianza con nuestra autoridad interna. Hemos ido donando nuestro poder a totems, iconos externos, creencias para intentar conseguir algo de seguridad y en ese proceso hemos vendido nuestra libertad y nuestra capacidad creadora de la realidad. Desde este punto nos planteamos volver al principio, recapitular todas nuestras donaciones gratuitas de poder para retomar la fuerza interna, el poder de generar nuestra vida como queremos.

El modelo ha estado impregnado de un profundo carácter patriarcal. Recorrer el sentido inverso de lo que ha sido esta sociedad nos puede dar pistas de por dónde podemos ir. Si tuviéramos que destacar sus rasgos principales estos serían: territorialidad, racionalización, evitación de la vulnerabilidad, jerarquización social, polaridad justicia – venganza y obsesión propietarista, entre la codicia y la carencia.

En este ínterin estamos, el de evolucionar hacia un ser real o permanecer en un ser condicionado; el de explorar la posibilidad de hacer emerger la esencia de lo que somos o seguir anclados en la estructura de la personalidad que se alimenta de la lucha de los opuestos.

Nuestro proceso evolutivo es como un viaje de ampliación de la conciencia. Y la apertura de esta conciencia va de la mano de la calidad de nuestra vida emocional y de la calidad de nuestra motivación, nuestra energía de movilización interna hacia nuestros deseos.

LA MOTIVACIÓN DISTORSIONADA: LAS PASIONES.

La degradación de la vida emocional está unida a la distorsión de nuestra motivación, es decir, la forma que adquiere nuestro movimiento, nuestro impulso hacia la satisfacción de nuestras necesidades. La motivación puede venir estimulada por una doble cualidad: la de la carencia, cuando el deseo está enfocado en completar una deficiencia; o la de la abundancia: cuando el deseo está enfocado en conseguir la satisfacción mediante la actividad creadora. La medida de nuestra salud emocional reproduce una u otra motivación. La motivación movida por la deficiencia reproduce dinámicas autolimitantes. Nuestra cultura al negar el movimiento instintivo y el valor del deseo a la hora de definir las necesidades, reproduce una motivación deficitaria.

El origen de este fenómeno es la interrupción de los mecanismos del instinto y de la regulación organísmica natural (al que acompaña la anulación de un movimiento emocional libre) y la frustración en las dinámicas que desde niño buscan recabar y equilibrar la experiencia del amor y la confianza básica. Todo ello está detrás de muchas de nuestras dificultades. Los mecanismos del instinto (esencia) quedan así desnaturalizados añadiendo un sistema de creencias o programa a las emociones saludables para convertirlas en pasiones que, a su vez, retenemos, repetimos y nos esepcializamos con nuestras fijaciones cognitivas. Esta situación tiene como consecuencia desajustes vitales acompañados en muchas ocasiones por la inflamación caracterial y el sufrimiento y además marcan comportamientos de pasividad en los sujetos.

Para Freud la neurosis es una interrupción de la vida instintiva. El instinto impulsa en tres direcciones básicamente: la de la supervivencia, el del placer y el de la relación. En el momento en que se produce esta interrupción en alguna de estas direcciones, nos instalamos en una idea oculta, una idealización que va a aportar parte del andamiaje del carácter a futuro. Se establece un código que piensa que “así hay que vivir”. En ese momento es cuando se instalan necesidades de venganza, de no volver a confiar, de que el amor no merece la pena, etc.

Las pasiones funcionan en un plano inconsciente. Nacen de ese mecanismo de interrupción. Genera desajustes y tiene un carácter pasivo. Todas se elaboran a partir del secuestro, manipulación y  condicionamiento de tres emociones básicas que son: miedotristeza y  rabia. Las pasiones según el mapa del eneagrama son 9: Ira, Orgullo, Vanidad, Envidia, Avaricia, Cobardía, Gula, Lujuria, y Pereza.

  • La Ira es una pasión que distorsiona el sentir natural de la emoción de la rabia. La pasión de la Ira es un programa cuya creencia principal es que la expresión de la rabia de un modo directo es malo y el que la expresa es un niño malo o una mala persona. Como el programa de la pasión no permite la expresión del enfado establece los modos correctos de canalización de esta poderosa energía de la rabia. La dirección correcta es el perfeccionismo que puede convertirse en autocrítica, crítica hacia otros y adoctrinamiento para otros en lo que se debe hacer y lo que no.
  • El Orgullo es una pasión que viene a distorsionar el estado emocional que experimentamos cuando percibimos que tenemos una o varias necesidades. La pasión del orgullo tiene como consigna máxima que necesitar algo nos baja la autoestima y por eso el Orgullo es un complejo mecanismo defensivo que reprime todas las necesidades. El orgullo sólo permite ver las necesidades ajenas y todo su mecanismo se desarrolla para atender las necesidades de los demás y de esta manera recibir a cambio atención, valoración y importancia personal.
  • La Vanidad viene a distorsionar cualquier atisbo de sensación de fracaso e inseguridad para realizar algo, para ello congela las emociones genuinas y la sustituye por lo que debería sentir para que la carrera hacia el éxito siga su curso y no haya contratiempos. Es la máscara de la imagen reluciente, la más brillante publicidad hasta la mentira. La falsedad está permitida lo importante es desplegar una imagen de éxito.
  • La Envidia viene a distorsionar las sensaciones de tranquilidad que sentimos cuando la vida es sencilla, rutinaria y ordenada. La envidia considera el ser práctico y orientado al cumplimiento de tareas como la máxima vulgaridad y genera un estado de inconformidad muy intenso y conflictivo que polariza a la persona en un sensibilidad apasionada que le dificulta tener orden, ser práctica. Este mecanismo proporciona un estado de sentirse muy especial, y separado del mundo.
  • La Avaricia viene a distorsionar el estado emocional del vacío, el silencio interno, la meditación para ello lo llena de pensamientos y análisis, teorías y conocimientos de la vida. Lo atiborra de intelectualidad y así huye de la sensación de pobreza y desamor. La Avaricia es el miedo a no tener nada para sí mismo.
  • La Cobardía viene a distorsionar la experiencia de sentir miedo. Considera el miedo una emoción que si surge es porque el desastre está cerca y la supervivencia no está asegurada. Cuando el miedo surge para generar una mayor presencia y alerta y estar realmente preparados para recibir el presente, la Cobardía considera el miedo como una señal de que todo va muy mal, este juicio tan fuerte contra esta emoción separa a la persona de la fuerza de su instinto natural y genera con la energía del miedo pensamientos muy negativos sobre calamidades, desastres, mala suerte, debilidad, enfermedad.
  • La Gula viene a distorsionar la experiencia de sentir dolor. Considera que el dolor es una emoción que si está presente es porque llega la infelicidad, la depresión, el sufrimiento. Genera un programa muy detallado de cómo el dolor y sucedáneos como la frustración, la apatía, el aburrimiento, el tedio… son estados que hay que evitar para no generar la temida infelicidad. Este programa es una verdadera tiranía de la felicidad. Prohibe en sus decretos la muerte, la vejez, la enfermedad y toda experiencia humana que signifique perderse de ser un niño o niña feliz con todas las posibilidades abiertas a experimentar. El dolor sólo es la emoción que ocurre en el tránsito de un estado a otro, en los cambios, en las despedidas, en el desapego de la experiencia, de las personas, de los lugares. Pero el programa Gula no permite esta experiencia del dolor, la considera sumamente peligrosa para la felicidad.
  • La Lujuria viene a impedir y a negar la experiencia de la vulnerabilidad. Como somos humanos somos vulnerables y esta es nuestra naturaleza. La Lujuria se empeña en desarrollar fuerza, dominio, control, exceso al máximo. En la vulnerabilidad están todas las emociones como el miedo y la tristeza, y también la ternura, el amor, la necesidad. Todo lo que nos hace humanos sensibles.
  • La Pereza distorsiona la rabia, sobre todo el aspecto de la rabia que nos sirve para posicionarnos en nuestro sitio como personas independientes, con opinión y valor propio. La Pereza genera anestesia de la rabia y así evita todo conflicto con los demás y en grupo. Esta anestesia produce una sobreadaptación al ambiente y a los demás con la motivación de estar en paz y estar tranquilo.

Los miedos catalizan este movimiento desintegrador. Cada enfoque del ego tiene un miedo particular. Miedo a equivocarse, miedo a pedir, miedo a fracasar, miedo a no ser visto, miedo a no tener nada, miedo a tener miedo, miedo al dolor, miedo a la vulnerabilidad, miedo al conflicto. Volviendo a un análisis más sociológico, si tuviéramos que describir una serie de miedos visibles hoy en nuestro entorno, estos serían:

Miedo al inconsciente y a la locura, que reproduce una sociedad muy cerebrotónica, empeñada en dar validez racional a todo.

Miedo a la  vulnerabilidad, que despierta una psicosis por la seguridad y una alta ingesta de ansiolíticos, además de una cultura inmovilista.

Miedo a  la muerte, lo que provoca una inevitable banalización de la vida.

Miedo a la libertad, es decir, a una vida altamente responsabilizada de nuestras propias emociones, entre ellas, el propio miedo.

El carácter es la construcción que compensa esta salida del contacto primario. Alberga el superego, con sus creencias y exigencias, y también la parte contraria, el que implora ser aceptado. Toda estructura de carácter tiene una pasión y una fijación. Y reconocerlo, tiene un extraordinario poder terapéutico. Suelen desvelarse en los prejuicios cognitivos.

LA SALIDA HACIA LA MOTIVACIÓN CREADORA. DE LA EMOCIÓN A LA CONCIENCIA

Imagina que despiertas ahora tras dormir largas horas y te das cuenta de que todo lo que has vivido es un sueño, que has despertado a la realidad. Haz el ejercicio de ponerte en contacto con esta fantasía e imaginar cómo sería esa situación a la que despiertas. Qué sientes en ese momento, que emociones te sobrevienen y qué quieres hacer en primer lugar.

El ser humano somos el resultado de un complejo y deslumbrante proceso evolutivo que ha conseguido, fundamentalmente, elevar el deseo (instinto) y las emociones (amor) que movilizan todo lo existente, al plano de la conciencia con un único fin: el puro disfrute, el éxtasis.

Lo que se llamó la “revolución de la conciencia” fue lo que en Psicología comenzó a encarnar todo el movimiento del humanismo, a través básicamente de fenomenólogos que admitían en su trabajo una visión holística y existencial.

Desde este enfoque podemos decir que todo carácter entraña una ilusión metafísica, un presupuesto erróneo con respecto al ser. Es un oscurecimiento que nos hace buscar la compensación, no en una restauración óntica, sino en la mera apariencia. Tal es así, que la conciencia se ciega sobre su propia ceguera hasta el punto de creerse libre.

Detrás de la psicosis más visibles, detrás incluso de las relaciones que esta tiene con nuestra estructura de la personalidad, está lo que Winnicott llamó la carencia existencial o pérdida del ser, donde el ego se inflama y da espacio a las pasiones exageradas que interfieren en la sabiduría del instinto y nos alejan de nuestro ritmo natural.

Recuperar nuestra esencia, restañar esa pérdida y curarnos, es el camino de la iluminación, a la claridad, a la naturalidad. Toda neurosis es caracterial, lo que implica que sanar las funciones del ego, dándole su lugar como conjunto de habilidades prácticas al servicio del ser,  y sanar nuestra vida emocional, inevitablemente nos va a abrir a una mayor plenitud de ser, una experiencia más rica y más ajustada.  Hacer el viaje a través del carácter, desmontando sus ideologías, templando pasiones, nos abre al espacio de las emociones auténticas, donde es posible seguir despertando. Porque detrás del movimiento de la pasión, está la herida, el vacío, la experiencia deficitaria que nos abre la oportunidad para percibir el ser de una forma renovadora, desde nuestra condición creativa.

La emoción nos informa de algo, nos conduce a una verdad sobre lo que nos pasa y sobre nosotrxs mismxs. Nos alertan de algo que sucede respecto a la satisfacción de nuestras necesidades. Nos indica un camino, nos conecta con la forma genuina de nuestro deseo. Este es el nuevo camino que podemos recorrer.

La diferencia entre nuestra condición potencial y nuestro estado presente es como la que existe entre el sueño y la vigilia. Despertar es el auténtico reto. 

Si quieres seguir aprendiendo con nosotrxs sobre despertar o dormir, sentir o distorsionar emociones… te recomendamos varios eventos en Sevilla en Febrero.

Despertar de la chamana interior.

Despertar de la chamana interior.

Todo lo que existe en el universo esta entrelazado por un fuerte vínculo de cohesión y está empujado por una inspiración que moviliza energías profundas. Las diversas tradiciones espirituales han nombrado esto de diferentes formas: pneuma, espíritu, ruah, ser, vida, etc. Es el flujo de las cosas, la fuerza que lo impregna todo.

En buena medida estar en la vida es incorporarse a eso que vincula todas las fuerzas existentes y alinearse con la inspiración que las alimenta. Entrar ahí, abandonarse a lo que la vida es, nos conduce a un conocimiento directo que no necesita usar palabras. Es una suerte de intuición que otorga claridad a la mente. Un conocimiento lúcido que no necesita de la maquinaria mental y que podemos ir desplegando a lo largo de toda la vida. De hecho, todo lo que nos sucede, viene como invitación a acrecentar esta conciencia.

Existe un poder incalculable al alcance de nuestra mano si optamos por ampliar la percepción y dar mayor espacio al inconsciente. La percepción humana ha cambiado a través de los siglos. Las culturas chamánicas en las que los seres humanos nos hemos desarrollado durante millones de años, reconocían en la percepción la auténtica vía para desentrañar la naturaleza de las experiencias que vivían. Su paradigma de conocimiento era el de la revelación. La realidad es una “epifanía”. Estaban en contacto con lo fascinante y lo tremendo. La admiración y el estremecimiento eran formas de acercamiento profundo a la realidad, emociones cargadas de sentido. En este movimiento se insertaba el inconsciente que aportaba su propio caudal de información. El primer homo que despertó a la conciencia, abrió el camino a lo abstracto. La propia naturaleza inauguraba de este modo una forma más expansiva de mirarse a sí misma. Esa inspiración o espíritu que moviliza todo lo que existe, esta forma de comprensión, sólo se puede experimentar.

Organizar esta energía y alinearse con ella, es la fuerza de tu chamán o chamana interior. Todos lo tenemos dentro, aunque hoy por hoy, degradado.

Es innegable que el proceso evolutivo se ha polarizado en un paradigma científico que nos aleja de esta conexión con la naturaleza de las cosas y de la vida. La muestra está en que las grandes religiones de libro, que han programado las culturas dominantes, han dado al traste con el planeta, quebrando el ecosistema. En nombre de Dios, se ha justificado la dominación y la explotación de los recursos naturales. El gran desastre colectivo que vivimos actualmente es haber perdido esta conexión y pretender tratar de transformar la inmensidad que nos rodea en algo estrictamente razonable. Para nosotros lo precipitado de nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, preocupaciones, esperanzas, frustraciones y miedos tienen prioridad. En el plano de nuestros asuntos prácticos, no tenemos ni la más remota idea de que estábamos unidos con todo lo demás.*

El ser humano se ha obsesionado con su capacidad de control y de transformación, olvidando los recursos innatos y su lugar específico en el complejo proceso evolutivo de la conciencia. Nos hemos convertido en criaturas de inventario: conoce los pormenores de cualquier realidad y eso le hace considerarse erudito o experto. El concepto de si, le ha llevado al ser humano a un modelo egocéntrico y homicida, además de ecocida. Ha quedado así atrapado completamente por su propia imagen, en su importancia personal, disfrazando de este modo el miedo.

La racionalidad y lo que muchas veces denominamos como sentido común, son en parte una construcción que nos aísla de nuestro lado más antiguo, lo que está depositado en el inconsciente, donde las emociones reproducían una función primordial, donde lo que se sabe no se puede expresar con argumentos. Hemos renunciado al conocimiento de lo abstracto a cambio del mundo de la razón.

Despertar al chamán interior es oponerse a este proceso de individuación racionalista y conectar con nuestra forma simbiótica e intuitiva. ¿Cómo hacerlo? Saliendo del programa de la vida cotidiana que nos adormece. Lanzándonos a conductas desacostumbradas. Es lo que Castaneda llama mover el “punto de encaje”. Intentar un “desatino controlado” qué nos permita acercarnos a ese conocimiento intuitivo conectado con el espíritu. Se trata de un salto mortal que va del conocimiento a lo incognoscible.

El chamán interior nos inicia en la maestría de estar conscientes del ser. Nos conduce hacia una sabiduría que no puede ser analizada, solo puede ser experimentada. Sabe que el único modo de entender con claridad es no pensar en absoluto. Y así se inicia el viaje de apertura al espíritu.

El viaje del chamán pasa por detener el mundo para introducir un elemento disonante en la trama de la conducta cotidiana. Un elemento disonante, por ejemplo es: no hacer. O hacer algo diferente. La hipnosis, la danza, la ensoñación, la canalización de la energía sexual, los estados alterados de conciencia, nos permiten abrir la puerta de esa conexión con el espíritu. Este se encuentra a disposición de cualquiera. Son puertas que nos llevan a nuevos estadios de nuestro potencial perceptivo.        

La percepción existe en un plano muy abundante, más allá de la conceptualización. Y esa percepción puede moverse. Es la libertad que existe más allá de nuestras necesidades concretas. Modificar y ampliar la percepción nos abre a todo lo que es humanamente posible, fuera del plano bidimensional de escasa profundidad en el que nos manejamos cotidianamente. Cuando nos abrimos a ella, entendemos la importancia de renunciar a la importancia personal, de cortar luego las cadenas que nos atan a nuestro reflejo, y de descolocarnos.

Cada vez más personas intuyen todas las posibilidades ocultas que existen dentro de nosotros. El chamán interior nos despierta nuevas ideas para relacionarnos con ellas y con lo desconocido. Nos empuja a una suerte de abandono y al mismo tiempo impulsa nuestra audacia. Rompe la línea de continuidad en la que nos sujetamos y nos conduce a experimentar la muerte simbólica de nuestra importancia personal.

¿Cómo encontrarte con él? Experiméntalo en cualquiera de los talleres de Counseling Experiencial. A continuación un breve relato, un síntesis real de uno de los viajes en proceso hipnótico vivido por una persona con el nombre simulado.

El encuentro a través de la hipnosis con el chamán interior:

Antonio viaja internamente a una época antigua, como del siglo XVII. Es Joven. Se ve caminando por una gran ciudad, perdido. Recuerda que se ha ido de casa porque estaba muy mal. Siempre había discusiones y decidió escapar. Va ahora en busca de trabajo. Entra en una tienda de comestibles en la que hay mucha gente. Él es aún bajo de estatura y no sabe cómo acercarse a los tenderos para pedirles que le den una oportunidad. La gente se agolpa en el mostrador y el vive la escena con angustia. Al final acaba empujado hacia fuera, saliendo despedido por la puerta. Salió uno de los tenderos y le preguntó: oye chaval, ¿qué sabes hacer? Él respondió entre confuso e ilusionado: sonreír.  Su viaje continúa más adelante y ahora Antonio se visualiza en un campo, seco, entre montañas. Hay un perro con él. Lleva una chaqueta cruzada, botas altas y mangas anchas. Camina hacia una casa. Al entrar, lo primero que reconoce es la chimenea y sentado junto a ella, un hombre anciano. Este hombre cuenta historias, habla de libros y narraciones interminables. Él se sienta a su lado y, con admiración y regocijo, le escucha durante largas horas. No habla, sólo sonríe. 

Hacia el final de esa vida, se encuentra a sí mismo en la cama. Junto a él, su hija y sus nietos jugando alrededor. Su hija le coge de la mano. Él la mira a la cara. Llora profundamente.

  • ¿Por qué lloras? Le pregunto.
  • Porque la quiero mucho, dice Antonio.

Poco a poco abandona la escena. Va despertando y contacto con su cuerpo y su respiración. Se le ve claramente emocionado. Han emergido dentro de sí sensaciones que le han puesto en contacto con sustratos profundos de su biografía.

  • Y ¿Qué has aprendido de esta experiencia? Le pregunto al finalizar la regresión.
  • He aprendido a reconocer el amor. Ahora estoy en contacto con la necesidad de vivir la entrega hasta donde pueda y con la valentía de salir a tomar la vida, al mismo tiempo que sostengo el miedo. Veo la importancia que tiene para mi escuchar la sabiduría que me viene de otros. Y me doy cuenta del valor de equivocarme. Necesito sostener mis errores como parte de mi aprendizaje.

 

*C. Castaneda. El conocimiento silencioso. Madrid 2016.