El despertar del chamán/bruja y el ascenso al Nagual

El despertar del chamán/bruja y el ascenso al Nagual

La búsqueda de la visión es un trabajo personal de privación y aislamiento que propicia la comunicación con el mundo espiritual y la profundización interna. Son diversas las formas que puede tomar. El retiro en la naturaleza o en un espacio silencioso apropiado y la dieta, estructuran una energía corporal y emocional adecuada para la apertura de la mente nativa y el diálogo con la realidad no ordinaria. Su finalidad es aumentar el poder interno y acercarse a experiencias de transformación a través el diálogo con el espíritu.

El espíritu es una esencia animada con inteligencia y grados de poder. Sus manifestaciones son muy diversas y se comunica por canales muy variados y creativos. Todo está atravesado por la conciencia, la energía universal, el ser, el espíritu, Dios, lo que cada una identifique. Establecer un diálogo con esta esencia es parte del aprendizaje de nuestro despertar de poder.

En esta búsqueda se practica la “no compasión”, que en los términos de Castaneda es una deliberada opción por traspasar nuestros límites, forzarnos en cierto modo a ir más allá del cansancio, el sinsentido, el miedo, etc., y mantenerse en la presencia yo soy dentro de la aparente desesperación o caos.

La naturaleza es el escenario más propicio. Existen lugares de poder, enclaves donde la energía está más presente para este trabajo: cuevas, lago, cascada, montañas, árboles, etc. La naturaleza es la aliada perfecta. La experiencia permite sentir como ésta es una manifestación del espíritu, nos habla, revela aspectos de sentido, tiene poder, formamos parte de ella, nos limpia y nos acompaña, podemos descansar en ella y fundirnos en ella. Es un espacio para la disolución del ego un portal para la comunicación con las realidades espirituales.

Utiliza la invocación, es la forma de expresar el deseo de ayuda a los seres espirituales con los que se realiza la experiencia. Abuelos (como genérico de antepasados), seres compasivos, animales de poder, espíritus del lugar. Puedes invocar la alianza de las energías de poder que reconozcas en tu vida: la energía crística, guías, maestros/as, etc.

Suelta la mente y el tiempo. No hay que hacer nada más que esperar a que el espíritu haga y a escuchar y encontrar las formas sutiles por las cuales este se va manifestando.

Utiliza algún instrumento de apoyo. Usa el sonido del tambor o de un instrumento que te permita mantener un sonido rítmico y constante durante un rato con comodidad. El tambor se sabe que altera el sistema nervioso central modificando la frecuencia del cerebro. Se trata de reproducir una inmersión auditiva. Lo puedes acompañar de sonidos o cantos espontáneos, deja que estos surjan de tu garganta, no los empujes.

Cuando lo sientas, inicia tu diálogo. Espera que tu propia mente nativa intuya, sienta el contacto la conexión con la realidad espiritual a través de la presencia de un ser amado, un elemento de la naturaleza, un animal de poder. Dialoga con tu experiencia interna. Deja que poco a poco, lo externo se vaya apoderando de lo interno.

DESPERTAR EL POTENCIAL BRUJA/CHAMÁN

Esta experiencia te introduce en el universo de tus posibilidades chamánicas. El chamanismo es un sistema o método para alcanzar la plena autonomía y autoridad espiritual, no para entregarla a nadie. Es un camino de independencia, una disciplina que conduce a la libertad en la práctica y el conocimiento del mundo espiritual. Va a propiciar un proceso de integración de lo mental, lo emocional y de la capacidad espiritual no mediatizada. El poder está dentro, pero hay que elegir  realizar un cambio deliberado de conciencia. Esto requiere de un compromiso personal.

El uso de plantas, los trabajos con la sombra, los aislamientos, la danza instintiva, la inmersión en la naturaleza, los temazcales o cabañas de sudoración, los cantos prolongados, las prácticas intuitivas, la visualización creativa, la ensoñación, son actividades que van despertando en cualquier persona su poder espiritual.

Un primer paso es reconocer la existencia de una realidad no ordinaria y la posibilidad de acceso. A partir de ahí hay que ensayar, practicar el viaje no físico a otros registros, dimensiones, mundos.

La bruja/chamán se acostumbra a viajar al nagual (la realidad espiritual) y a salir del tonal (la realidad material), y logra estar en cualquiera de las dos realidades a voluntad. Se dota de recursos y prácticas para ese cambio de conciencia. Poco a poco van internalizando cualidades de clarividencia o de sanación.

Primeramente adquiere el poder de la presencia: se apoya en su cuerpo físico y energético. Toma conciencia de estar ubicado en su cuerpo, de sentirse presente energéticamente, de que ese es el punto de partida. Se coloca ahí sin mente y practica ese contacto con la energía que existe en su presencia física y su cuerpo de luz.  

A partir de ahí, inicias una nueva forma de captar a través de los sentidos. Aprendes a ver con todos los sentidos muy despiertos, lo que va configurando el ver con el corazón. La comprensión se mueve con otros matices, otra configuración. Ahora la certeza adquiere un carácter emocional. El tercer ojo se hace presente y la percepción se hace más amplia. Cambia el lenguaje interno.

Comienza a practicar el diálogo con los seres. Da igual lo que sea que se presente. Es una práctica. Todo son entidades energéticas (también las enfermedades) y todas las almas pueden entrar en diálogo. Cuando habla con un espíritu lo hace de igual a igual, sin ceder la responsabilidad. Ahora la comunicación adquiere otros códigos. La bruja/chamán se acostumbra al lenguaje metafórico. Los espíritus se expresan mediante experiencias o enseñanzas simbólicas, parabólicas y metafóricas. Va más allá de lo literal y te conduce al conocimiento profundo. Hay un trabajo de descodificación de la semántica del universo en favor de otras personas y para su propio aprendizaje. En este registro percibes como el corazón despierta y sana con metáforas curativas y mensajes simbólicos. Toda la información que llega la vas registrando, va configurando un escenario interno de sentido. 

Inevitablemente irá emergiendo una conexión con la medicina. Hay una comprensión de fondo en este viaje: todo te lleva a la sanación porque de algún modo todo cura, todo sana. Por una parte tocar tus heridas y tu propia sanación te abre la sensibilidad al dolor universal. Inevitablemente al principio el espíritu te lleva a recapitular escenarios de tu propia vida, a sanar aspectos pendientes. Hay que vivirlos. Seguidamente se despierta la cualidad de la compasión: comenzamos a ver las situaciones de otras personas con una mirada que busca apoyar, entender, sanar lo que otros sufren. Entonces buscas hacerte presente a otras personas o conectarte con ellas para invocar en ellas la salud y el bienestar. Emerge el corazón compasivo. Explora las formas que adquiere en tu viaje ese propósito sanador.

EL ACCESO AL NAGUAL

Una práctica milenaria es la del acceso al nagual. Ayudados de la visualización creativa, practicamos el cambiar de plano, viajar a la realidad no ordinaria. Requiere de un esfuerzo y un estado que la búsqueda de la visión precisamente propicia.

Tanto si estás en la naturaleza como si eliges hacer esta práctica de manera puntual en un lugar silencioso de tu casa, túmbate y cierra los ojos. Todo lo que vaya sucediendo a partir de ahora, si lo deseas, lo puedes ir verbalizando, como describiendo en tiempo presente y en voz alta.

Pon intención al viaje. Declara tu misión, es importante. ¿Qué quieres hacer? Extraer alguna información, acudir a dialogar con alguien, simplemente explorar esta dimensión, pedir sanación…

Si dispones de una grabación de un tambor, utilízala de fondo. Es ideal que su duración sea de entre 20´a 30´. Abandonas la mente, puede pasar un rato, espera a que se calme. Apóyate en la respiración. Cuando sientas que estás dispuesto/a, te adentras en la visualización o imaginación activa creadora.  Lo que haces no es simple inventiva fantástica, aunque a la mente se lo parezca. Al contrario, permítete darle valor a lo que se te representa. Al principio y en base a estas pistas que sugiero a continuación, tu visualización será intencionada, pero poco a poco verás cómo adquiere autonomía. Esta es la clave. Antiguamente esto se consideraba una técnica de la medicina popular, se les llamaba “viajes del alma”. Se familiariza con el lenguaje eminentemente mítico de estas experiencias.

Busca en tu memoria la imagen de un lugar conocido que te transmita poder y en el que hayas estado. Esto te facilita representar los detalles de ese lugar. Puede ser una montaña, un árbol, una cueva, algún sitio especial asociado a la naturaleza. Es importante que hayas estado allí y lo conozcas.

Partiendo de ese lugar, inicia el ascenso hacia la realidad no ordinaria. Pon intención a tu visualización creativa. Hazlo a través de una columna de luz, la vía láctea, una escalera de cristal, escalera dorada, un arcoíris o de lo que sea que se te represente, y deja que el viaje comience a llevarte. (Las alfombras voladoras vienen de esta tradición, también la escalera de Jacob. Los chamanes siberianos usaban un trineo con renos, de ahí Papá Noel, que en realidad fue San Nicolás, obispo turco del S. IV)

Ahora deberás encontrar algún elemento que sirva de escenario de paso. El portal que da paso al otro lado. Experimentar esto, a partir de ahora, te va a indicar que has entrado en la otra realidad. Puedes hacerlo visualmente a través de nubes, portales o membranas. Es una barrera permeable que te ofrece la sensación de cambio de plano. Puedes traspasar los niveles que desees.

Una vez ahí, deja que el escenario se vaya representando por sí solo. Date tiempo, observa lo que viene. Elementos del paisaje, personajes, tus animales de poder… Ve creando un  mapa. Ahora eres el centro del universo. Lo que veas ahora será un mapa que se irá repitiendo en próximos ascensos y sobre los que irás avanzando. Si alguien se adelanta o tu animal de poder echa a correr, síguelos. Permítete el humor, toda emoción fija y cohesiona la experiencia.

Puedes encontrar todo tipo de escenarios, también todo tipo de maestros, deidades, personas fallecidas, conocidos o no. A cada encuentro pregunta si es tu maestro/a y si responde afirmativamente, inicia un diálogo. Eres un cosmógrafo, cartografía todo el escenario, muévete a tu voluntad también y explora.

Se accede a este plano para obtener respuestas o para promover sanación. Trabaja abierto al enigma y observa que cualquier elemento puede ser objeto de tus preguntas. Todo responde. A partir de aquí los diálogos y las experiencias se suceden. Déjalos que emerjan. Si lo que experimentas está conectado con la emoción, es la señal de que has alcanzado la realidad no ordinaria. No hay criterio, cada experiencia en esta dimensión es absolutamente personal y es válida en función de la congruencia que adquiere posteriormente en el escenario interno de la vida. Tú eres tu propia autoridad.

Una vez finalizada la experiencia, visualiza como retornas por el mismo camino al mismo lugar que elegiste al principio. Procura que la experiencia dure entre 20´ y 30´. El potencial chamánico se reaviva repitiendo estos viajes. No te desanimes si todo esto al inicio es muy débil. Lleva tiempo conectar con los registros sutiles del viaje espiritual. Cuando no pase nada, simplemente, nómbralo: “no pasa nada”. Y espera. Que tus primeras preguntas o intenciones sanadoras estén dirigidas hacia tu propia persona.

UNA EXPERIENCIA PERSONAL

Durante tiempo atrás me he ido familiarizando con el lenguaje de la visión que conduce a estados de clarividencia. La hipnosis primero, los enteógenos y la práctica de la visualización creativa, van dotando de poder a tu intuición.

Al inicio me ubico en un viejo árbol centenario, un pinsapo en el cual, dice la tradición, fue enterrada una curandera. Desde allí me visualizo trepando. Cuando llego a la copa ya una imagen cobró autonomía desde el principio: un tubo de luz me permite seguir trepando hacia el espacio. En un momento dado un Jaguar me ayuda en la ascensión, me subo a su lomo y llego a las nubes. Sé que ellas son la puerta de acceso al otro lado. Las traspaso y tengo la sensación de atravesar como una rendija que me hace aparecer en un paisaje natural. Allí se queda el Jaguar, sé que me espera para la vuelta. Una vez allí, durante los viajes que he realizado, voy reconociendo elementos a uno y otro lado del camino. Los animales de poder me acompañan, transmitiéndome una sensación de mucha alegría y apoyo.

En un primer viaje vi como un recoveco en la montaña. Allí estaba presente una antigua relación. Vi cómo se debatía entre el atrapamiento de su instinto-creencias, la aceptación y la adquisición de su máxima libertad. Entendí que yo también me identificaba con eso y que estábamos en el mismo viaje. Puede realizar un trabajo de sanación y reconciliación con ella.

En la siguiente incursión experimenté lo mismo en mi ascensión. El Jaguar me volvió a dejar al inicio de este espacio natural. Vi el mismo escenario que acabo de narrar a mi derecha y seguí el camino. Ahora encontré un palacio de cristal a mi izquierda. Entré y me maravillé de las formas de la arquitectura y de la belleza de la luz que allí había. Tuve una experiencia preciosa ya que en el centro de la sala principal, un enorme salón luminoso, entendí que podía acudir a ese espacio siempre que quisiera para pedir sanación para mí. Sentí mi cuerpo en perfecto estado de salud y tomé el placer de estar completamente sano.

En el siguiente viaje de nuevo reconozco los escenarios anteriores y sigo más adelante, descubriendo en cada experiencia lo que hay más allá. Veo una cabra encima de un montículo a la derecha. Me indica que entre a una cueva a través de un hueco que existe justo debajo de ella. Me agacho por su angosta entrada y desciendo a una cueva. Llego enseguida. Me encuentro un espacio oscuro en el que puedo distinguir un pequeño lago subterráneo y a la izquierda una mujer frente a una hoguera. Me acerco. Tenía el pelo blanco y no tenía dientes. Me viene a la memoria la imagen de María Sabina. Atizaba un fueguito. Yo me siento a su lado y le pregunto si es mi maestra (siempre hay que hacerlo y esperar la respuesta de los seres que nos encontramos). Me responde que sí. Al tiempo, me dice que la veo como María Sabina porque mi alma elije verla así. Le formulo la pregunta que traigo como intención en este viaje: ¿son adecuados mis viajes al Nawual? Me mira durante unos segundos y me dice que están bien. Se ha puesto a mirar el fuego. A partir de aquí despliega una serie de sencillos consejos: que cuide mi alimentación; que estoy en el lugar adecuado en la casa del búho; que mi madre está en un espacio de luz, fue sabia y buena, por eso es que reparte protección. Que me cuide en mi energía con lo femenino para que no me atrape mi inconsciencia, que recuerde que es un espacio de abundancia para crecer.

Las recibo todas con gratitud. Miraba el fuego mientras me decía estas cosas como si le viniera de él toda esta información. Me gusta mucho escucharla. Me dirige esas palabras con mucha paz y sabiduría. Le digo entonces: ¿Te puedo hacer más preguntas?  Ella responde rotundamente: no, ya has cumplido el propósito de este viaje. Cuando vuelvas, la cabra te indicará si puedes pasar o no. Me repite que practique así los viajes, que deje que el Jaguar me lleve. Sigue hablándome: tienes una lechuza blanca muy bonita, muy amorosa; tu inocencia está intacta; ese coyote que va contigo atrae los poderes chamánicos. Me despido.

Al salir encuentro a mis animales de poder. Siento entonces mucho amor por ellos. Percibo también su alegría. Son bellísimos espíritus guardianes. Ellos me conectan con el poder del universo a través de su ayuda y su pedagogía. Son representantes espirituales con un acompañamiento propio. Entiendo ahora que están conmigo como me recuerdan mi intención compasiva. La conexión con ellos es parte de ese incremento de poder, sin duda. 

Los animales de poder me conducen en mi cuarto viaje al Nagual. Vamos más lejos atravesando el paisaje inicial. Llegamos a un caudaloso rio que atraviesa el paisaje de izquierda a derecha. Una vez allí me invitan a vivir la experiencia de abandonarme al fluir tirándome al agua. Siento cierta indecisión, me cuesta. Al final me lanzo ayudado por la lechuza. Voy a la deriva, sin nada a lo que agarrarme. Percibo la angustia. La siento en mi cuerpo, experimento el miedo. (Recuerdo que le pedí a la búsqueda que me acercara a mis miedos. También que soñé días atrás como veía la muerte al final de mi vida y sentía una profunda angustia por primera vez). Entiendo en este trance como mis rutinas y planes diarios son auténticos agarraderos que me impiden entregarme al fluir de la vida. Pero ahora experimento cómo es soltarlo todo.

Mi cuerpo se tambalea como si verdaderamente estuviera moviéndome por esos rápidos. Pido un poco de tranquilidad, entiendo que ya he captado lo que me proponen y necesito parar, el rio entonces se aquieta en una ensenada. Me hago cargo de mis impedimentos para entregarme al fluir, aun puedo conquistar más libertad soltando cosas. Pero siento el reto dentro de mi.

Vuelvo a la orilla. Allí los animales me dicen que en realidad puede ser más suave el proceso. Me trae alivio. Puedo permitirme fluir equipado con una barca. Y allá voy. Me veo en una barca de remo de nuevo descendiendo a cierta velocidad por el caudaloso rio. Vuelvo a sentir los rápidos y la sensación de no tener asidero ninguno, ninguna seguridad a la que agarrarme, pero esta vez es más llevadero. Observo esta inquietante escena ya con cierta calma. Mi cuerpo, literalmente, sigue respondiendo a las ondulaciones de la barca, cuando observo como se acerca un paisaje de tormenta y se oscurece la luz. Entonces me abrigo, me acurruco en la barca y tengo un contacto emocional intenso. Siento que, en medio de esa situación adversa que hace más hostil la experiencia, me sostiene el hecho de sentir mi respiración y mi corazón. Las siento dentro con intensidad. Percibo que esto es todo lo que necesito para este viaje a la intemperie. Me conmueve esta vivencia, lloro al sentir como me abrazo a mi interioridad. La respiración y el corazón son la vida palpitando intensa dentro de mí. En realidad, con esto puedo hacer cualquier viaje, me puedo fiar. Pasa la tormenta y me adentro en unos meandros en los que la corriente se calma y el viaje se torna tranquilo. Se asemeja este tramo al cañón del colorado. Dentro de la barca están mis tres amigos. El Coyote, tumbado a mis pies, ahora me informa de que él es el instinto: que si me entrego al fluir de la vida, tendré mucha más energía disponible para lo que verdaderamente importa y que el instinto se me hará presente otorgándome más poder. La lechuza esta posada en la proa, me confirma también que tendré mucha energía para los viajes de sanación, para enfocarme en eso, a ella le encanta, es su poder específico. El mochuelo anda posado atrás, me fijo que se apoya sobre la palanca que mueve el timón. Me dice que ella es la intuición y que, del mismo modo, si me abandono al fluir, tendré mi energía vital conectada a la intuición, entenderé mejor las cosas y la sabiduría de la vida estará más a mi alcance. Sabré conducirme.  

Aprender a dejar la vida VIVOS/AS

Aprender a dejar la vida VIVOS/AS

Esta expresión está tomada de los chamanes de la Amazonía. Los Mayas denominaban a este proceso: el “despertar de tu cuerpo de jaguar”. Este animal vive sin miedo. Caza solo para alimentarse, explora y descansa. Vive en la confianza de que la vida le proporciona lo que necesita. Está asociado al poder sanador del espíritu y al Divino femenino. En esta cultura Maya, los sacerdotes se llamaban Balams (Jaguares) y se convertían en tales porque habían realizado ya un viaje simbólico al submundo, a lo más profundo de sus miedos, conquistando el más difícil de todos: el miedo a la muerte. Este viaje a lo Divino Femenino me resulta inspirador. Recojo la invitación a encarnar la sabiduría del Jaguar, soltar el miedo a lo desconocido y confiar.

Para soltar el miedo hay que vivirlo. No es fácil. O la vida te lo pone de repente delante de forma inevitable, o lo conquistas, sumergiéndote en alguna de tus memorias pendientes. Al descender al inframundo el desafío es permanecer allí en profunda aceptación, no salir despavorido. Como en la historia de la bella Psiché, es el camino la verdadera iniciación en este aprendizaje. Cuando tocas el terror de aquel escenario de infancia, o de aquel patrón inconsciente antiguo, sientes que solo estás tú, tus propios fantasmas y tu respiración. El plexo condensa el dolor y la angustia y apenas tu diafragma y un mantra repetido infinitamente, te sirve de fino soporte ante la desesperación.

Personalmente lo he podido vivir. Ha sido un proceso de limpieza en el que he experimentado como algo viejo, inconsciente, moría dentro de mí. Un episodio de apego me condujo a la obsesión por la pérdida y al miedo. Atravesando las excusas, las resistencias, las huidas, etc., terminé por entregarme al dolor y acudí al origen de mi parálisis. Reviví los sentimientos de terror que estaban ocultos para mí en una escena de mi niñez. De niño viví el impacto que me producía la amenaza de perder a mamá en un contexto de desesperación familiar.  Mi cuerpo pudo volver a sentir durante media hora el pavor de enfrentarse a este escenario. Era mi cuerpo de niño el que temblaba, el que ahora completaba un ciclo de expresión y de sostenimiento adulto.

Tras vivirlo entendí el poder invalidante del miedo, la pérdida y la desesperación, y cómo experiencias así condicionan nuestra libertad. Creo que el verdadero miedo que nos aterroriza no es perder algo, sino el terror a no encontrarte a ti mismo al otro lado. Eso es la muerte.

Pero  cuando he resuelto ahí, veo que esto se puede reenfocar. Cuando elijo ahora despertar a mi chamán, me propongo entre otras cosas, familiarizarme con eso otro lado. Entiendo que en esta vida, mi energía es útil para despertar el Jaguar interno y que puede vehicularme más allá de las fronteras de la extinción. Ahora, después de vivir esa crisis y de tocar el lugar donde experimenté el miedo a la desaparición, siento que puedo elegir y que la muerte no me condiciona. Es más, me catapulta más lejos aún, si me preparo con conciencia en la dirección de mi propósito. Es la promesa del Jaguar: sentirnos en casa seguros, sin miedo, porque la vida proporciona todo lo que necesitamos. Ahora que suelto la sumisión a una vida amenazada por el miedo, puedo experimentar mis posibilidades de practicar formas nuevas de vida más cercanas a mi satisfacción y a mis potencialidades espirituales. El miedo amenazaba de muerte a mi ego, pero cuando lo traspaso, lo que trae es resurrección. Despierta mi cuerpo de luz.

Hoy puedo experimentar otras cosas. Me siento más unido a la naturaleza, a los animales, a los seres vivos. Siento deseo de abandonarme a ella en el silencio y extraer su sabiduría mediante la búsqueda de la visión. Entiendo la importancia de la alimentación para desintoxicar mi cuerpo y que me aporte la máxima lucidez. Creo en el nagual, el mundo del espíritu infinitamente más grande que esta pequeña dimensión espacio temporal que ocupo, a donde puedo acudir a través de la ensoñación o la conexión de mi intuición chamánica. Allí puedo comprender aspectos de la realidad y recordar que existe un plan maestro que va por delante de mí.  Siento que mi respiración es una permanente aliada para mis estados emocionales.  Emerge la potencialidad de mi Dios y mi Diosa interna que abordan la relación con lo femenino desde un lugar de amor y libertad como no había experimentado antes. Ahora, en definitiva, ya puedo estar tranquilo, ya sé que no tengo nada bajo control. Quiero dejar la vida muy vivo.

Te invito a completar una acción chamánica. El miedo se nutre de un rol, un personaje sin el cual sentimos que desaparecemos. Por eso, te animo a quemar tus roles, los condenamos a la muerte. Escribe aquellos roles que crees que sostienen tu identidad cotidiana, también los roles con los que te mueves en ocasiones y con los que aparentemente buscas sentirte especialmente amado o seguro. Quema tu rol de hijo/a; tu rol de persona sociable; valiente; tu profesional bien considerado. Quema tu rol de amante; de sanador de otros. De víctima. Suéltalo y experimenta como es morir a esa parte de ti. Observa cómo llega la sensación de no ser nadie, de perder tus recursos para sentirte visto y amado. Ríndete. Aquí, contemplando y respirando esto, es donde comienzas a estar más vivo.

ALFREDO C. DOMBÓN