Cuando pierdo la estabilidad, recupero el equilibrio.

Cuando pierdo la estabilidad, recupero el equilibrio.

Verdaderamente la naturaleza es mi casa, el lugar del que vengo, mi hogar espiritual. Es mi cuarta búsqueda de la visión. Esta vez me llevo una sensación poderosa de sanación. Reconozco cuanto poder tiene la naturaleza. Me pongo en sus manos. Me acerco al misterio, no lo puedo abarcar. Quiero abandonarme con perseverancia a este estado. Sé que la claridad llega por revelación. Al abandonarme, toda la energía que habitualmente derrocho, se pone a mi favor. Reconozco que yo soy la suma de mi poder personal, por eso elijo hacerme responsable de mi energía.

He llegado con una sensación de gozo por el amor que estoy viviendo. Me encuentro muy feliz. Percibo como me alimenta el amor. Me coloca en un energía adecuada, con mi corazón por delante. Me trae calma y quietud. La experiencia amorosa y tántrica me abre a la presencia, y tomo esta energía poderosa en mi para iniciar esta búsqueda. En esta ocasión he experimentado dos regresiones y dos ascensos al Nagual. Me han hecho comprender aspectos profundos de mi momento, de mi camino de despertar.

Voy dejándome fluir en el silencio, hecho de brisa y cantos de pájaros envueltos en primavera, en este paraje singular. Según me vienen las intenciones, muevo la energía. Me entrego a lo que venga: invocar, evocar, cantar, abrir mi percepción, visualizar, dialogar con los elementos, con los seres, escuchar mi voz interna, ascender al Nagual, crear estados, enfocarme en la magia, elaborar una reflexión a través de una idea lúcida que se me regala. El truco de la búsqueda es estar, permanecer. También darse cuenta de que la mente se entretiene y entonces, saber esperar y confiar. Como guerrero dejo que el pensamiento disuelva sus propias contradicciones y me entrego al no saber. El poder existe, se mueve, está más allá de mi comprensión. Actuar en alianza con el poder y el misterio, derrota las creencias. Confío en lo que sucede cuando la magia del universo se apodera de mi.

Me llega a la mañana siguiente una primera intuición, me percato del sentido de esta búsqueda: disolver formas de la rabia de mi carácter, completando el abrazo al dolor que inicié hace tiempo. Entiendo así el sentido de esta búsqueda, me alegra verlo. Soy consciente de que el guerrero que llevo dentro sostiene su compromiso de sanación como premisa para aumentar mi conexión con el espíritu.

Comienzo uno de esos paseos sin rumbo entre árboles, sintiendo que toda la naturaleza me acompaña. Esta vida es un viaje entre la polaridad del dolor y el anhelo del éxtasis. En el deseo hay fuerza, movimiento, sinergia. Tomamos el deseo para viajar en las polaridades. Me siento junto a un gran algarrobo. Le digo que me hable de todo esto: me muestra la mágica integración a la que tiendo cuando aprendo a abrazar el dolor, ya que esto despierta en mi la compasión más potente hacia la fragilidad. Al mismo tiempo, esto me permite construir mi poder y determinación, mi estructura y mi amor. ¡Qué potente! Abrazar el dolor despierta la compasión y se combinan en una polaridad fascinante. Tener una polaridad integrada da mucha energía. No quiero negar ninguna de las dos.

Encuentro caminando una piedra singular, amplia y plana, empotrada en el suelo, como un altar labrado hace tiempo en la roca. He llegado de forma casual. Me invita a tumbarme. Invoco la disolución de mi rabia y su transmutación en un abrazo amable al dolor. Y en esta posición, con la mirada puesta en las ramas de un árbol que me cubre en esta ara improvisada, de nuevo se me revelan cosas. Veo la polaridad que componen la agresión, la rabia, la ira y la defensa, por un lado, y la ternura y la compasión por otro. Caigo en la cuenta que la mutación pasa por la alquimia del dolor. Solo así se despeja la vía para la dulzura del corazón. Incorporo un mantra para cuando siento rabia: me duele mucho esto, siento mucha rabia y elijo atender mi rabia hasta poder abrazar mi dolor. Lo repito y lo grabo dentro de mi.

Vuelvo a mi espacio donde tengo una tela y el tambor. Después de tocar un rato me tumbo, me ha llevado a respirar de una manera particular, más conectado. Me viene la pregunta sobre la vía del chamán. Celebro haber descubierto en mi itinerario de vida esta forma auténtica de compromiso con mi despertar. En este momento le pregunto al Espíritu: ¿qué es el chamanismo? Me responde: la libertad espiritual. ¿En qué consiste? en manejar la energía. ¿Como se maneja? Le vuelvo a preguntar. Entendiendo la polaridad, me dice. En ese momento empieza a fluir dentro de mí una explicación, apareciendo con claridad, con la mente como testigo. Me dice: se maneja así; de un lado venimos con toda la densidad genética pendiente de sanar, que heredamos y que condiciona nuestros estados del ser, es el karma. Pero en el otro polo está nuestra capacidad para elegir, el poder de nuestra conciencia para configurar la realidad como deseamos a través de la visualización creadora, eligiendo con la intención dónde quiero ir. Es un poder específico de nuestra condición. En medio se sitúan los elementos del carácter condicionado por la sombra del ego, que oculta dentro la propia virtud. Donde hay polaridad hay energía. Lo único que podemos hacer es aprovechar esa energía en esta dimensión que es un conglomerado de polaridades, energía para crear, y hacerlo en el lado de la conciencia. Me dedico un tiempo a integrar este conocimiento. Es revelador ver los mecanismos de la existencia con nitidez. Me fascina la claridad.

El segundo día tengo un rato difícil. Me duele el cuerpo, la energía la tengo muy atascada, siento mucha inquietud física e incomodidad. Confío en la naturaleza, en sus tiempos y su sabiduría. Ella me espera. Entro en contacto con la ansiedad del no hacer, de la espera. Percibo lo adictiva que es la comida. Veo mi manera de comer sin escuchar mi cuerpo. Mi mente no para de planificar, le encanta y me cuesta salir. Confío en el tambor. Purifico mi ansiedad, mi necesidad permanente de encadenar tareas, de moverme. Invoco mi limpieza con el tambor. Permanezco un rato hasta que me envuelve el ritmo y me trasporta.

Tomar el poder pasa por restar fuerza al hacer cotidiano y al auto reflejo, la importancia personal. Quitar énfasis, dedicar la energía a través del reposo a los campos sutiles de la acción espiritual. Soltar las agendas del yo, desmantelar tanta energía atrapada. Cuando me rindo a mi poder interior, ninguna necesidad me arrastra. Veo algo más curioso aún: cómo funciona dentro el mecanismo de víctima. En el pasado le di fuerza al hecho de pensar que estoy condicionado por mis vivencias, por mis padres, por lo que no he tenido, etc., y eso me hace justificar muchas cosas. Error.

EL poder supone cambiar esto. Tiene que ver con la capacidad de ser fluido y libre. “Libre de” las expectativas, creencias, suposiciones y miedos. Si elimino esto quitándole poder, me aguarda la experiencia del gozo. El gozo no es la simple gratificación autocomplaciente. Para llegar al gozo tengo que vivir el equilibrio entre la sobriedad y la entrega.

Me tumbo en la tienda y pongo el foco en acceder a mi primera regresión. Entro tras un rato de esperar a que la mente se apacigüe. Soy granjera, vivo en un espacio pequeño. Cuido las gallinas y atiendo la cocina. Mi marido, agricultor, llega hacia el atardecer cada día. Es un lector ávido de libros de historia. Cada noche me relata episodios que me hacen viajar con mi fantasía. Es el único momento de placer, como lo es el contacto con la vida, viendo pasar las estaciones con las que conecto y con el trascurrir del tiempo. No tengo hijos. Todo es rutinario y austero. Acudo al final de mi vida. Estoy sola. Miro por la ventana, sé que esa primavera es la última estación del año para mí. Veo mi cuerpo de anciana con un camisón. Abrazo el dolor que supone aceptar una vida sin grandes estímulos, sobria. Apenas había vivido experiencias, pero sentía un poso de alegría auténtica. Estaba bien. Me abandonaba al curso de la vida. Siento mucha confianza ahora. Esta vida me trae una alianza muy bonita con los ciclos de la vida y la naturaleza. Asumo con mucha tranquilidad el final. Es extraordinario mi sentimiento de abandono confiado a transitar la muerte. Me conecta con aceptar los límites de la vida, con la alegría contenida en la sobriedad y con la importancia del amor sostenido, sencillo. Abrazo esta claridad.  

Invoco la magia. Observo como tengo mucha motivación para pensar en las situaciones de personas queridas y ensayar la magia. Invoco la sanación y ensayo esta práctica. Imagino a las personas logrando estados de mayor bienestar y consiguiendo situaciones más satisfactorias en su vida. Me da placer. Para ello ideo situaciones concretas en las que se da esa realidad. Las visualizo y las conecto con mi emoción. Invoco también la magia para mí. Recuerdo la frase que me impactaba recientemente: lo que sale de Dios vuelve a Dios. Si yo vuelco una mirada y una intención como Dios, la realidad me devuelve eso que yo proyecto y programo, como Dios que soy. Sanación, respuesta amorosa, lo que sea. Practico la fe. Me parece un ámbito de poder fascinante. Me comprometo conmigo a explorar más esta faceta.

Es de noche. Me despierto y me asomo a ver el cielo estrellado. El silencio del bosque ahora me hace conectarme con la vida que hay contenida en todo lo que me rodeo, extraordinaria. Donde aparentemente no hay nada, hay mucha presencia, misterio lleno de noticias que me esperan. Me atrapa el espectáculo de la naturaleza en profunda calma. Vaya regalazo.

Me tumbo y comienzo un nuevo viaje al Nagual. La técnica ya me resulta familiar. Aparezco de nuevo en la cueva donde otras veces me he visto con una anciana chamana. Entro y la encuentro como siempre, disponible a devolverme sabiduría. Me pide que mire al fuego. Me siento a su lado y me pregunta ¿Qué traes?, le digo: quiero saber cómo libero el corazón de los sentimientos de rabia y de miedo. Me dice que mire el fuego. Veo una escena bien conocida para mí: el niño de mi infancia abrazado a sus piernas y aterrorizado en el pasillo. Ella me dice: la alquimia consiste en cambiar la rabia por dolor. ¿Cómo lo hago? Le pregunto. Me ha hecho volver a mirar el fuego y he visto el niño saliendo de casa, decidido, con fuerza, convirtiéndose en hombre. Entonces me ha llegado esta afirmación de poder: yo doy el amor que quiero en tiempo y forma, y esto es adecuado para mí. No hay exigencia en el amor. Lo doy a mi manera, escuchando mi necesidad. Y no dudo de que eso es amor. Suelto el requerimiento. Puedo decir por ejemplo: yo te quiero, solo que ahora, no puedo; solo que así no; solo que esto no puedo hacerlo. Te quiero, pero esto elijo no hacerlo. Te quiero y no dudo de mi amor. Y estoy en paz.

Abrazo a mi niño aterrorizado por el dolor y la culpa. Salgo a un estado de lucidez. Así como el deseo trae de la mano el miedo y empuja a que los atravieses, el amor invita a abrazar el dolor. El deseo invita a que muevas el miedo y cuando te entregas al amor de la mano de esos miedos, completas el viaje más potente que es la sanación del dolor a través del amor. Entiendo ahora este universal. Confío en el poder transmutador del amor, me trae mucha claridad y quiero entregarme a esta vivencia. Ahora sí siento fuerza para abrazar el dolor, el propio y el de las personas que amo. Percibo un cambio potente dentro de mí. Lo integro, dejo sentirlo dentro durante largo rato. Me duermo.

Al día siguiente, en el segundo ascenso al Nagual, completo la experiencia. Pongo la intención de nuevo en sanar la rabia y entrar en la dulzura. Inicio la visión, como siempre, dando prioridad a mi mente intuitiva y dando espacio a lo que aparece, para que el relato vaya fluyendo en automático. Me he encontrado a lo pies de un árbol descomunal. En el tronco un hueco me permitía sentarme como empotrado en la madera. De alguna forma me abraza. Me dice que él, para ser así de fuerte y pacífico no ha hecho nada más que estar ahí. Sentía como inhalaba aire por las raíces y expiraba por las hojas, y viceversa. Percibía su poder al mismo tiempo que experimentaba como absorbía mi rabia en este movimiento respiratorio.

En un momento dado me pregunta si tengo fe. Le respondo que quiero practicarla. Al instante ha llegado la figura de Cristo y me ha mirado a los ojos. Se ha señalado el corazón con dos de sus dedos, lo cual me ha conectado con la ternura y con un fuerte sentimiento amoroso. Esta vez es él el que me pregunta si creo en él, le digo que sí. Entonces me responde: queda sanado. Me inunda una sensación extraordinaria de paz. Al instante me dice: veo a tu niño aterrorizado. Inmediatamente aparece mi padre. Acudo por impulso a abrazarme a su pecho. Por primera vez mi cuerpo experimenta una ternura abundante en contacto con él. En este instante me rindo emocionado a sentirlo como padre amoroso y tierno. ¡Es tan sanador sentir esto! Él me habla y me dice: lo siento, yo no pude aplacar mi rabia y me ahogué, pero tú si puedes. Me deja profundamente conmovido. Cuanta sanación cada vez que restauro la energía masculina desde el corazón.

Me despierto de madrugada y de nuevo me asomo para disfrutar de la fascinante bóveda celeste. Me doy cuenta de que, despertarme a esa hora, es una invitación de la vida a poner energía en la ensoñación. Me da alegría entenderlo, así lo haré. De momento me entretengo en hablar con las tres cartas del Simbolón que extraje antes de iniciar esta búsqueda. Me pongo a la escucha. Es sorprendente, cada vez es más fácil visualizar, cada vez es más natural recibir ideas claras desde la percepción ampliada.

La primera carta del Simbolón dice que trabaje mi magia, que no haga nada, que no me pelee con nada y que proteja la paz, como el guerrero. Que practique la fe, que el universo me inunda de bienes y que trabaje mis estados internos, ya que todo lo que necesite que venga, vendrá. La segunda carta me dice que cada persona tenemos un viaje espiritual único y personal. Que cuando estoy en una relación sintonizada, este viaje se amplifica y se puede llevar más lejos. Que no me pierda en las vicisitudes de la relación, los guiones argumentales, que nos enfoquemos en el viaje espiritual. Que no me acomode ni me pierda en las complejidades innecesarias. Que descubra la peculiaridad y el valor especial de cada uno en el viaje espiritual. La tercera me habla de que pronto sabre lo que estar al servicio del espíritu y de la intuición. Me fascina la claridad con la que llegan las palabras. No provienen de mi, pero están en mi, no es mi mente, pero mi mente hace de testigo.

Dejo para el final la historia que más me ha marcado en esta búsqueda. Es la segunda regresión en la que tuve mucha claridad en la experiencia. La viví tumbado debajo de un árbol. Yo era niño en el continente americano en tiempos del descubrimiento. Caminaba y jugaba con el agua a orillas del mar. Observo de repente un galeón al fondo, es la primera vez que avisto algo así y me extraña su forma a la vez que excita mi curiosidad. Subo la pendiente de arena que me separa del poblado hecho de chozas y según llego, ya salen todos a verlo, se han percatado de ese extraño objeto navegante. Me abrazo nítidamente a la pierna izquierda de mamá mientras observo con curiosidad y sintiéndome protegido por la tribu. Todos vestimos con una tela similar, color crema y con una cenefa. Somos morenos de pelo liso y bellísimos.

Salto de escena. Soy ahora el guerrero jefe de la tribu. Voy al frente con varios guerreros conmigo y me acerco a un capitán español que ha atracado el galeón junto a nuestro poblado. Están en la orilla. Traen sus vestimentas acorazadas, sus armas de pólvora y un baúl con bisuterías. Hay un traductor a su derecha y numerosos marineros le acompañan. Me dice que quiere asentarse aquí, en esta tierra. Entiendo que solicita permiso. Yo le digo que el sol brilla para todos los que habitan aquí y que la lluvia cae sobre quienes descansan en esta tierra sin distinción y que, siendo así, nosotros no tenemos poder para decidir quién quiere vivir aquí. No somos dueños de nada. Ellos me dicen que me traen regalos de su país en ese baúl como muestra de cortesía para instalarse en la tierra. Les digo que, si quieren regalarme eso, bien, pero no será para comprar un permiso que no puedo darles. Nosotros cazamos, pescamos y cuidamos a los niños. Defendemos y preservamos el mayor bien: la paz. Se regocijan en mi respuesta. Nos despedimos. En ese momento les expreso: conoceré vuestros corazones.

Salto de escena. Soy más anciano y me acerco con mi caballo a un fuerte construido por los conquistadores. Entro y me siento frente a un capitán con el que me he citado para conversar. Estamos en un patio de arena. Allí le digo que he distinguido sus corazones. Abro toda mi expresión y con fuerza les digo como siento que los guía la rabia, al afán de poder y la venganza. El me dice que solo obedece órdenes de Castilla. Yo le digo que me entristece. Nosotros solo obedecemos a la vida, la naturaleza y únicamente nos guía nuestro corazón que sirve a la paz. Le pido que no se acerquen a nuestros hijos, que los corrompen. Y me voy.

Soy un guerrero de paz. Me conmueve sentir dentro de mi esta fuerza que no depende de lo que hago ni de como me defiendo, sino que reside en el poder de mi corazón y mi palabra. Siento dentro de mi una poderosa energía que nace de la renuncia a toda lucha. No soy dueño de nada. Siento con más claridad como es rendirse a mi poder interior. No hay nada que hacer, está hecho todo, esto me completa. Disuelvo la rabia, es un mecanismo viejo de huida del dolor. Invoco la paz, un bien espiritual dentro de mi.

Hay mucha novedad en esta experiencia junto a la naturaleza. Me da más de lo que necesito, no tengo ni que pedirlo. Ya no busco tanto obtener respuestas concretas a mis dilemas, sino simplemente recibir la sabiduría del nagual en cada presente. Reactivo la atención creativa, confío en las posibilidades de la percepción, y llega la novedad: existe un vasto campo de poder en el no hacer y la apertura a la visión interna.

Veo muy claramente como todo esto ya lo tuvimos y simplemente lo hemos olvidado: la confianza en el poder de la naturaleza, la apertura de los sentidos sutiles, la conexión energética con el cuerpo y la danza, la capacidad de entrar en estados de visión y de claridad. Lo denso me enreda. No hay espacio para el milagro. Cada búsqueda me abro más a la vida del espíritu.   

Retorno con una extraordinaria sensación de paz. Mi guerrero me ha impregnado de presencia y de poder. Entiendo el significado de abrazar el dolor. Puedo con ello. Quiero poner más consciencia en la comida. Estar aquí tres días me coloca ante mis límites y me da la oportunidad de romper la estabilidad de mi mente y mi ego para recuperar el auténtico equilibrio.  

Me doy a luz

Me doy a luz

Elijo no tener hijos. Lo hago cerrando esa posibilidad biológica en mi cuerpo. Despido esa funcionalidad que permitía la experiencia de dar continuidad al árbol familiar. Miro a mis padres, les doy las gracias por la vida y siento que cierro un largo proceso de historias de amor y entrega.  Gracias, de verdad. Paro este río infinito de reproducción. Al despedir esto de manera consciente, me quedo en contacto con todas las posibilidades a las que dedicar mi energía con entusiasmo. Desentrañar el misterio de estar vivo, de amar y de despejar todos los recursos de mi corazón y atraerlos a la conciencia. Fascinante.

Cuando miro hacia atrás y veo como se han configurado las decisiones personales, entiendo que no estoy solo. La vida me sobrepasa y es como una corriente que me conduce prodigiosamente. Observo mi infancia, la familia en la que elegí nacer para ser humano y todo lo que viví como actor pasivo de un gran escenario. La vida es infinita. No tengo claro qué me llevó a los 24 años a decidir entregarme al estudio de la teología, una decisión que me condujo a un tiempo de profunda meditación, a sondear la espiritualidad y a amar mi ermitaño. Desconozco como mi entusiasmo y mi intuición me llevaron a cambiar varias veces de profesión, experimentándome siempre buscador, libre, viajero. O por qué un día tomé el camino de la terapia como vía para desvelar mis inquietudes más profundas, recapitulando mi historia personal y mis emociones más ocultas. No sé por qué a los 15 años aproximadamente me lancé a un laboratorio informal de hipnosis con mis amigos de entonces, con los que improvisé numerosas sesiones de forma lúdica. Tampoco sé exactamente por qué vine un día al sur a fraguar mi despertar definitivo en un proyecto colectivo.

Sé qué nunca deseé ser padre. Pero puedo, en este momento de mi vida, elegir escucharme y situarme ante esta posibilidad que la vida me ofrecía. Hoy elijo darme a luz. Despliego todas las posibilidades a mi alcance para manifestar la mejor versión de mi mismo, aquella que se enfoca en activar mis dones y abrir al máximo el campo de conciencia. Elijo engendrar con determinación el hombre que quiero para mi, y elegir donde pongo la energía.

Soy energía en unas coordenadas de tiempo y espacio. Suelto unas posibilidades para tomar otras al cien por cien. Decretar mi renuncia a tener hijos, me permite experimentar el significado de la consagración. Es un movimiento dentro de mi, ya que, en términos objetivos, nada es incompatible. Consagrarse es encontrar un tesoro dentro y elegir con determinación entregarse a profundizar en él, consciente de que trae un camino de plenitud.

Para darme a luz he ido integrando a la mujer que llevo dentro y sanando al hombre que soy. He abrazado plenamente al niño herido que tantas veces se ha mostrado demandante. Pero sobre todo he despejado el lenguaje del corazón. El es capaz de captar la esencia de las cosas. Estaba recubierto de capas de insensibilidad, de corazas propias de mi ego y limitado por creencias difíciles de desmantelar.

Ha sido un tiempo de sanación en el que he ido descubriendo el papel que tienen la rabia, el dolor y el miedo en mi configuración emocional. La rabia no la canalizaba bien, la contuve durante años. Cuando por fin comencé a expresarla venía en bruto, con mucho dolor. Me estalló en las manos desvelándome la necesidad de abrazar al padre. El dolor lo huía instintivamente. Me daba pánico la posibilidad de sentirlo, hasta que entendí que tenía que naturalizar alguna fracción y dejar de huir de él. Vi que el miedo a los sentimientos de rechazo de las otras personas y a ser culpado, acusado, me condicionaban mucho. En estas situaciones despierto mis corazas. No tolero esas sensaciones que me hacen sentir rechazado en el amor. Entonces saco mi maquinaria mental para defenderme y atacar. Soy demasiado auto indulgente. Se me apodera la soberbia que me hace ver con facilidad el error fuera y no reconocer lo mío.

Pero tras completar el proceso, tras aceptar todos los demonios interiores, abrazo al niño. Estaba aterrorizado y necesitaba mucha atención. Ahora gestiono el miedo y el dolor y lo atiendo en el marco del amor. Lo abrazo desde la fragilidad. Me ha costado mucho tiempo traspasar la confusión y la dificultad. Ahora tengo este niño sanado dentro. Me trae un regalo: me ha liberado el corazón. Me abre a los registros de la ternura, la inocencia y la compasión en mi vida cotidiana. Esto me ha transformado el carácter. Lo miro todo desde un prisma de benevolencia que es novedoso y sanador para mi. Este niño lo he “parido” dentro de mí y me devuelve una actitud más alegre. Amo sus cualidades. Convivo con él. Lo hago visible y forma parte de mi.

Para soltar la paternidad he mirado mucho a mis padres. Ha sido un diálogo bello en el que he recibido todas las bendiciones de ambos. Él me señala la virtud de tomar la máxima satisfacción de la vida sin que me sienta obligado a cumplir con nada. Ella me habla de que lo único importante es abrir el corazón. La vida me dice que la decisión, en realidad, no es trascendente, que siga mi camino, que es correcto.

Los miro a los dos y me reconozco como hijo amado. Y como hijo que ama. Al hacerlo, veo al niño encarnado que soy, que tiene todas las posibilidades delante de sí. Fui invitado a la vida sin condicionamientos, para que eligiera lo que quisiera. Y puedo elegir el amor.

También siento sanado a mi hombre y a mi mujer interna. He rescatado para mi un equilibrio bello donde ambas partes tienen espacio. Reconozco el hombre que soy en mis cualidades de determinación y de presencia. Siento la templanza que se aloja en mi pecho. Especialmente veo mi posibilidad de observar el campo emocional sin confundirme con él, al mismo tiempo que me abro a todas las sensaciones que me traen. Sé hacer del tiempo mi aliado. Ante la adversidad me quedo. Sostengo la confusión practicando la espera y la confianza. Me hago cargo de lo que elijo y me hago cargo de mi entrega. No acepto la deshonestidad y reconozco mi poder en el hecho de determinar en cada momento lo que quiero para mi. Tengo fuerza para alcanzar algo cuando lo deseo. Mi mujer interna ha aprendido a mostrarse sensible y a desvelar el corazón sin miedo. Muestro abiertamente mi ternura y mi expresión amorosa. Reconozco todo lo bueno que me trae la intimidad cuando la alimento y la vivo con dedicación. Creo en la alianza con lo femenino y me pongo al servicio de su fuerza creadora y su capacidad para escuchar el corazón.

En este punto del recorrido encuentro algo fascinante: se me ha manifestado el poder del corazón. Cuando destierro los condicionamientos que me impedían ser yo, lo que yo soy es puro corazón, anhelo de amar y de tomar la abundancia de la vida. Compruebo que existe un campo colectivo abundantísimo, una red invisible que conforman los corazones que se buscan y se aman en la sencillez y la apertura sincera. Esto puedo verlo. Al verlo, comprendo como existe una familia humana configurada, no por el linaje genético, sino por otros parámetros extraordinariamente interesantes: la confianza en el efecto multiplicador del amor y en la sabiduría del corazón.

Ahora tomo poder, es un resultado inmediato al hecho de sanar. Lo percibo en mi disposición a vivir la entrega de una forma más completa. No solo porque me permito vivir los procesos del corazón sin miedo. Antes la entrega a lo femenino lo hacia contenido, con límites internos. Sino porque tengo una mayor claridad sobre aquello a lo que quiero dirigir mi entrega.

Elijo: orientar la fuerza del padre hacia la manifestación del hombre que puedo llegar a ser. Consagrar la energía a las posibilidades más luminosas. Reconocer el poder del corazón cuando es capaz de abrirse sin miedo, experimentar la entrega sin quedarse identificado y atrapado por mis necesidades. Me rindo a mi poder interior, desbordante y al poder invencible de la ternura.  

Ahora puedo tomar el camino de la autotrascendencia. Despierto el genio interior, el mago. Me doy a luz. Me consagro a ser plenamente lo que soy. Si completo lo que soy, indudablemente, doy luz. Porque soy luz. La frecuencia más alta que ha transmutado las frecuencias densas. Percibo el hecho evolutivo dentro de mi. Estoy en sintonía con el río de la vida, el tiempo está a mi favor.    

La visualización creadora, herramienta de poder para crear la realidad consciente

La visualización creadora, herramienta de poder para crear la realidad consciente

Tras años de explorar la mente profunda a través de la hipnosis y las experiencias de ampliación de la conciencia veo que, como ser humano, estoy abierto a un campo de información extraordinario. Emerge del ámbito inconsciente y supra consciente, y puedo acceder activando cualidades simples del cerebro que despiertan el cuerpo sutil y la comunicación energética.

Existe un nivel de funcionamiento de la frecuencia cerebral, los estados Alfa e inferiores, en los que se mitiga la actividad de la mente especulativa y se abren otras funciones de la mente intuitiva y conectiva. Aquí se amplían las posibilidades de la percepción. La hipnosis como un proceso de sugestión inducida que disminuye la actividad analítica, da acceso a experiencias que activan niveles de conciencia extendida real, en las cuales la experiencia visual se conecta con la emocional. Esta aventura resulta transformadora.  

Mediante estos estados se puede acudir a memorias de esta vida con extraordinaria nitidez, y revisar un escenario emocional que necesita ser recapitulado. Las escenas del pasado fluyen con una energía actualizada, lo que permite movilizar nuevos recursos conscientes para sanar. También se puede ahondar en la experiencia uterina, donde se rescatan sensaciones con las que recordar aspectos esenciales para la vida: la actualización de la experiencia del amor, de la elección y del propósito de vida.

El acceso a otras posibles vidas facilita desvelar con contundencia patrones que se nos repiten y en los que estamos implicados existencialmente. También aprendizajes poderosos con los que despertamos a una mayor sabiduría. Por último, los espacios entre vidas y las progresiones al futuro, nos ponen en diálogo con arquetipos, entidades y potenciales internos con los que podemos actualizar aspectos esenciales de nuestra vida.

Sea para aplicarla a la sanación personal, a la búsqueda de respuestas de vida o a la mera prospección de los universos internos, los estados modificados de la conciencia, los estados no ordinarios de la conciencia, son el verdadero camino de acceso a la energía sutil que gobierna, como si de un sistema operativo se tratara, la realidad que nos configura. Y se puede acceder a ellos mediante un sencillo trabajo personal de concentración.

Es el campo cinabrio, una especie de rejilla energética que todo lo enlaza, el Tan Tien o campo de la alquimia interior según la filosofía oriental. A este campo propongo volver. A nuestra naturaleza auténtica de seres mágicos.

Nuestro cuerpo está diseñado para manejarnos con esto. El ADN almacena códigos lumínicos que interactúan con campos de información. También la glándula pineal es una interface piezoeléctrica que traduce la información de origen químico en eléctrico y viceversa.

Me fascina ver como en este campo sutil, existen todas las posibilidades. Porque el campo denso (materia organizada en la dimensión espacio tiempo y accesible a los sentidos físicos) se configura en función de cómo está programada la información del campo sutil (campo energético que responde a la conciencia del observador). ¿Quién es el Observador que ha creado este modelo? Llámale Fuente, Gran Espíritu, Intento… como quieras. Lo que puedo comprender y transmito ahora, es que mi condición de ser humano me hace partícipe de esa cualidad ordenadora del campo sutil. Lo que lo hace posible se llama conciencia.

Mi conciencia es una emisora – generadora de orden o complejidad, según elija. Lo que emito en este campo es un laboratorio, un experimento que configura mi universo. Elijo ordenarlo, en un estadio más alto.

Descubro que, si entiendo las posibilidades que me ofrecen las herramientas de mi conciencia, puedo operar en él para transformar la realidad sutil del campo energético que, a su vez, está programando la configuración del campo denso, es decir, mi realidad inmediata. La intención es más fuerte que el programa, ¿Cómo lo comprobamos? Solo sé que dios existe si yo me hago dios. 

Llegado a este punto, me doy cuenta de que el salto real que requiere este cambio de paradigma mental, pasa por la fe. Para mí la fe es: creer que existe un orden más completo, que confiere coherencia y sentido a toda la realidad, más allá y más acá de mí mismo, con poder y conciencia, y que yo puedo participar activamente de este poder a través de mi “no hacer – despierto”.

La fe comienza cuando logro experimentar el vacío donde se despliegan todas las posibilidades. Como ahí existe todo, todo está disponible. Por lo tanto, elijo lo que quiero. Al elegirlo, lo creo. En realidad, lo que hago es creerme “a pies juntillas” que atraigo la experiencia fuera que primero he creado dentro. Y vamos a ver qué pasa…

Mi mente atrapada en la materia densa, está excesivamente implicada en el control, la gestión ordinaria y la estrategia de supervivencia. Del mismo modo está secuestrada por las emociones primarias que arrestan el corazón y ocultan nuestros potenciales más elevados. El miedo a la herida primordial que todos tenemos, por ejemplo, despierta las mil caras de la soberbia y la defensa. Esto implica absorber mucha energía y nuestros recursos mágicos quedan sepultados. Nos quedamos como esperando, encadenados a una realidad fáctica. La sombra es adictiva. El inconsciente nos compra ideas pobres y nos empuja a repetirlas. Y mientras esto sucede, no estamos creando, porque hemos llenado el vacío. El vacío da miedo.  

Ser nadie (anonadarse), vaciar la importancia personal, es un buen comienzo para empezar a despejar nuestro poder. Escapar del hechizo del ego y modificar la percepción, me permiten alcanzar nuevos niveles de energía enfocados.

A estos niveles accedemos con las herramientas de la conciencia, son estas: la intención apoyada en la palabra precisa. La imaginación y su propiedad activa, la visualización creadora. Y la emoción que colabora para configurar estados elevados, lo que llamaremos el llenado. Con ellas entreno este “no hacer – despierto”, una alquimia de la presencia transmutadora. No hacer y a la vez, sentir que estás creándolo todo con poder. Soy dios.

La imaginación y la emoción son los recursos combinados más poderosos para acceder a esta magia. Si despejo la intención y la recojo en un pensamiento claro, entonces comienza la alquimia ¿Qué quieres crear?

PRIMERO. La intención. Me paro y me pregunto: ¿Qué deseo? ¿Cómo está configurada mi realidad y cómo quiero realmente que sea? ¿Qué proyecto para mí en el orden material, emocional, espiritual o de estados de vida? ¿Cómo imagino áreas de mi vida para que me otorguen la máxima satisfacción? ¿Cuál siento que es mi deseo profundo? En esta primera fase me esfuerzo en desvelar mis más profundos deseos. Los conduzco lejos, pido a lo grande. Cuanto más elevado es lo que deseo, más posibilidades abro, más se des oculta la realidad. Lo expreso con palabras, con la máxima claridad. No me dirijo al cómo debe producirse, sino en qué condiciones elijo que debe darse. No pienso cómo debe llegar el escenario ideal para mi vida, simplemente soy capaz de recrear la forma final, cómo debe darse en su estadio último.

SEGUNDO. Entonces, a partir de la intención concretada y expresada en palabras, prefiguro eso que deseo en mi imaginación. Su herramienta, la visualización creativa, supone activar y recrear la experiencia imaginativa a voluntad. Es decir, elijo activar en el campo de la imaginación eso que he pensado. Represéntalo, completa los detalles de lo que ves, desenvuélvete en ese espacio, completa todos los elementos que necesites en la visualización para imbuirte en lo que ves. Toma el sentir. Experiméntate en eso que has completado. Realizar algunas visualizaciones guiadas, ayuda. Es un recurso imaginativo que, cuando se practica, te lleva a lo que llamamos un estado modificado de la conciencia en una frecuencia Alfa del cerebro. Consigues un estado enfocado donde, si sabes practicar, atender y esperar, comienzan a emerger los detalles nítidos y te incorporas a la experiencia de lo visualizado.  

TERCERO. A continuación, se despierta el sentir, se hace presente la emoción que colabora a completar el estado. Los estados emocionales elevados son lo que nos interesa. Se trata de experimentar en su forma más completa dentro de la visualización un estado emocional lo más abarcante posible y que previamente hemos deseado: plenitud, satisfacción, alivio, felicidad, alegría, compasión, amor, comunión, etc. Permitimos que el estado emocional deseado nos tome, se haga presente lo más intensamente posible y que complete la experiencia de visualización. Entonces practicamos el llenado. Respiramos profundamente varias veces con esa emoción hasta sentir que, verdaderamente, se ha completado emocionalmente dentro de mí eso que he deseado. Nótalo esbozando una leve sonrisa. Todo tu cuerpo lo toma.

CUARTO. En último término te percatas de este estado: el “no hacer – despierto”. Lo cuento en primera persona, el camino aquí puede ser más personal. Es el ámbito donde la fe viene a tomar un lugar coherente y me trae un contacto con el poder interior. En este lugar necesito tomarme mi tiempo. Me llega una peculiar sensación de que lo que he creado desde el estado modificado de la conciencia, atrae la realidad invocada. Todo está a mi favor, me despierta un sentimiento de esperanza. Es un estado de certeza no cognitiva, una convicción. En mí, la expresión es: me rindo ante el poder que se manifiesta en mi interior. El corazón sentiente toma anchura, paz. Me confirma que eso está ya materializado en el campo de la realidad sutil y que se destilará, no sabemos cuándo, en la realidad densa que hemos prefigurado. El poder ante el cual me rindo, lo hará. Una mezcla de rendición y fe que da como resultado un estado de plenitud. Suelto el cómo se hará eso. No lo sé, escucharé las señales. Y aquí me siento participando de un poder superior e interior, que me sobrepasa y me contiene, del que formo parte. Me quedo sin palabras. Suelto.

La activación del campo sutil comienza a configurarse cuando alcanzamos a experimentar un proceso completo de coherencia en estas tres funciones: el deseo conectado con mi propósito, el sentir auténtico y la congruencia en el universo de la percepción consciente. Ocurre así en los procesos terapéuticos que transforman los bloqueos y patrones de cara a la sanación.  

Atraemos de esta manera el mismo poder que está presente en la realidad, y que ha permitido que toda la energía que existe esté manifestada. Nosotros estamos en el campo en el que esta energía se mueve porque, como seres humanos, somos una forma elevada de la manifestación de Dios que aflora en niveles de conciencia.

La energía sigue al pensamiento con intención. Cuando ponemos energía en configurar estados emocionales orientados a crear la realidad que queremos, estamos acertando a activar un potencial extraordinario: crear la realidad desde el campo de las energías sutiles a las que tenemos acceso por la conciencia operativa.

Volver al campo, a la naturaleza auténtica que somos, nos ajusta con la vida. Rescatar las energías sutiles, la magia, la activación de nuestro poder creador, despierta la percepción y nuestra capacidad intuitiva directa, donde podemos desenvolvernos de una manera más armonizable con nuestros deseos. ¿Te lo crees? Compruébalo. ¿No te lo crees? No pasa nada, ni pasará…

ELIJO NO LLEVAR LA RAZÓN

ELIJO NO LLEVAR LA RAZÓN

El ego: defiende argumentos movido por la importancia personal.

El niño interior: pregunta animado por el misterio.

El corazón: expresa alegría confiando en el puro presente donde ya está todo.

El alma: escucha en el silencio, no sabiendo, los ecos abundantes que desvela la vida misma. 

Todos los males del mundo se originan en la tensión y la insatisfacción humana. Esto crea un enorme campo de energía colectiva que nos atrapa en una falsa respuesta. Vivimos pensando que afuera siempre hay un problema que resolver. Quedamos abducidos por la dualidad.   

La insatisfacción genera ansiedad mental y esta, alimentada por el miedo, se entrega al gran maya de la ilusión, al gran teatro de la vida que nos aboca a encadenar tareas y preocupaciones. Siempre tenemos algo que hacer, cada día hay un problema por pequeño que sea, que capta nuestra atención. Esta ilusión nos empuja permanentemente a resolver. Las energías vitales quedan entonces comprometidas. En realidad estamos proyectando la dualidad interna. El conjunto de proyecciones que reproduce la inconsciencia, crea innumerables campos de energía emocional caótica en los que terminamos envueltos. Y creemos que nuestra vida es eso. Y ahí seguimos.

Recuerdo cuanto me gustaba el debate. Antes tenía mucha energía disponible para afinar con la razón. Es como una adicción del ego. Ahora dimito de “defender” qué es lo correcto o incorrecto, lo bueno o lo malo, lo verdadero o falso, lo que domina o somete. Elijo expresarme desde el placer, si la escucha es la adecuada.

He descubierto que el planteamiento del dilema siempre es falso en términos de la auténtica verdad que me espera. Si me encoleriza el capital o el patriarcado, tengo un patriarca dentro pendiente de des ocultar; si me rebelan las imposiciones sanitarias, no atiendo a mi auténtica autoridad interna; si me enfurecen las posiciones ideológicas de otras personas, no he aceptado que tengo a un opositor político dentro reprimido.

El debate que busca resolver dentro de la polaridad, inflama muchas veces nuestra importancia personal. Nuestro cerebro izquierdo es adicto a encontrar las congruencias. La realidad se manifiesta polar porque nuestro corazón internamente está dividido. Solo sanando dentro, la realidad manifestará esa nueva configuración sanada, no polar. Porque la vida está a nuestro favor y siempre atiende lo que auténticamente pedimos, especialmente, lo que auténticamente somos. La auténtica polaridad solo puede transformarse verdaderamente en la alquimia del corazón humano.

El discurso externo, cuando me despierta un movimiento emocional y energético: rebeldía, rabia, defensa, etc., desvela un estado interno sin completar. ¿Lo quiero completar? Por ello elijo no alimentar las disertaciones, discusiones, posiciones defensivas, relatos encendidos, explicaciones obsesivas y análisis que solo me sacan del auténtico lugar de poder que resuelve el entramado de dificultad universal: mi rechazo interno a una parte de mí. El único conflicto real.

Me sirve aceptar que la propia vida es paradójica y se presenta en un multiverso de formas. Por eso, no atiendo la forma del debate (la temática), sino la inquietud que lo origina en el corazón. También elijo no aceptar la tensión. Cuando aparece, cedo. Si hay tensión, no se puede alcanzar la congruencia. Elijo la quietud y no reaccionar. Algo difícil para mi ego.  

Si miro de cerca mi reactividad, cuando me uno a debates donde necesito posicionarme, observo diversos personajes dentro de mí. El ideólogo que tiene razones contundentes para defender una posición y que en realidad me peleo con algo interno; el erudito que siempre tiene un matiz con el que reformular la posición del otro, pura vanidad; el reservista que mantiene el conocimiento del dato histórico con el que siempre viene a corregir cualquier tendencia; el defensor de los derechos sociales e individuales, que gusta de señalar el enemigo externo, que si además está oculto, se muestra más orgulloso de ser el lúcido denunciante; el ecuánime, para el cual no posicionarse es una forma de posicionarse; el pacificador que le gusta manifestarse como conocedor de la resolución de los conflictos; y el que le gusta simplemente estar presente, porque se siente tenido en cuenta en un ámbito, el de la discusión, que le parece cosa de gente intelectual, valerosa e importante.

Pero no me confundo. Amo el discernimiento colectivo, el diálogo pedagógico, la comunicación creativa, la investigación, el conocimiento, la palabra que apoya mi despertar y el de otros, la reflexión que añade claridad donde hay duda, la expresión auténtica de la emoción con toda su manifestación energética, verbal y todo su detalle poético, la brillantez intelectual, desentrañar la complejidad, deshacer la duda que a veces atrapa nuestra mente… Me encanta leer y encuentro mucho placer cuando siento que me embarga una pregunta interesante que me mueve a desvelar más la realidad.

Me ayuda también entender que la defensa intelectual de la verdad es un trasunto patriarcal en sí mismo. La verdad, como realidad última, es una experiencia y se desvela en estados de congruencia. Se percibe porque mi corazón y la vida quedan implicados y alineados. Siento claridad, coherencia interna, fuerza y convicción en orden a mi despertar.

La dualidad es el lugar para el despertar. Pero la salida no es posicionarse en los términos polares que nos presenta, atrapando las energías de la defensa, sino que la salida es escapar de la falsa polaridad que plantea y comprender los procesos que oculta, resolviendo en la propia dualidad interna. La dualidad nos invita a retornar a las auténticas preguntas. ¿Qué me pasa cuando veo esto afuera? ¿Qué deseo para mí? ¿Qué tengo pendiente de completar amorosamente? ¿Cómo aporto una respuesta satisfactoria desde mi potencial creativo?

En esta realidad dimensional, la conciencia debe traspasar las formas para resolver y propiciar el hecho evolutivo. Hay que penetrar la realidad, experimentarla en nuestro campo emocional y extraer claridad de esa experiencia. Para eso hay que entrar de lleno en las paradojas de la dualidad que presenta esta dimensión. Pero la obsesión por resolver esas ecuaciones matemáticas, nos ofusca: banderas, verdades, colores, supremacías, etc. Elijo asumir el efecto profundo que me provoca estar insertado en una realidad tan diversa donde, por ejemplo, existen reglas distintas para los objetos físicos y para la realidad cuántica. La verdad no se puede atrapar, la verdad te alcanza cuando eliges un estado interno no defensivo.

Hay algo que me lleva más allá de la estrecha mirada de la resolución cognitiva de la vida: saber que esta, está insertada en una corriente de sabiduría infinitamente mayor que mis lógicas neuronales, y que además, en buena medida, no depende de mí.

Estoy diseñado para el éxtasis. Mi naturaleza está completa. Me entusiasma en este tiempo desvelar cómo mis energías sutiles pertenecientes al campo de la conciencia, pueden crear realidad. La vida me abre al entusiasmo de saber, investigo en ello y disfruto compartiéndolo.   

Me produce una mayor y más infinita satisfacción observarme fascinado por la inmensidad de la verdad que me habita y que me supera, que intentar atraparla vehementemente en el estrecho campo de mi intelecto, engañado por la adicción que he vivido muchas veces por crear correlaciones lógicas. Qué bella la sabiduría del que acepta que no sabe. Suelto mi necesidad de defender o desvelarle a otro cualquier verdad. Acojo tu verdad, tal vez distinta a lo que manifiesto en este escrito. Solo sé que, dicho esto, siento como mi energía está más disponible para mí, mi sanación y mi camino hacia la claridad.

El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

Extraigo una síntesis de los capítulos 63 y 64 del libro de Las Claves Genéticas de Richard Rudd

A veces me siento atrapado por la especulación de mi mente. Me agota mi pensamiento cuando juega a “encontrar y defender la verdad”. Debato, opino, me adhiero a la supuesta verdad y a los de su bando, enjuicio al que no la tiene, exijo al otro que cambie, me obsesiono por desvelar la coherencia de un argumento, discuto con alguien olvidando el sentimiento que nos une; me instalo en los dilemas sociales tomando partido. Reacciono sin darme cuenta que todo esto es mente. Intelectualizar la verdad, un viejo vicio del pensamiento patriarcal.

El cerebro izquierdo (un cableado para reconocer las mecánicas repetitivas) y el derecho, se siguen debatiendo entre la lógica y la imaginación. Pero el hemisferio derecho completa y eleva la mera funcionalidad del izquierdo, trascendiendo la verdad. El cero y el infinito son una aportación útil de nuestra imaginación.

Me pregunto: ¿de qué se alimenta la opinión? Los genes contienen el mapa que construye nuestra estructura del ser. Siguiendo el libro de Richard Rudd, descubro que la opinión, que se alimenta de la duda, es fruto de la desconexión de la imaginación y del sentir que se alojan en nuestro potencial del hemisferio derecho.

También veo como la vivencia de la duda genera mucha presión en el cerebro. El hecho de vivir en un escenario tan diverso y complejo, conlleva un sustrato de dolor. Seguramente sea por eso por lo que los humanos vamos tras la búsqueda permanente de certezas mentales, para evitar así sentir esta angustia. Adquirimos creencias y valores para contrarrestar la duda en la que vive la mente. Nos volvemos por ello adictos al pensamiento.

La mente humana se identifica con lo que ve, y absorbe infinidad de modalidades de pensamiento lógico, relatos y derivados. Instalamos entonces un constructo, un artefacto teórico, nos lo creemos completamente y evitamos así sentir la confusión como algo inherente a la vida. ¿Qué pasa si acepto la confusión? No resulta práctico para el ego, la identidad personal está íntimamente asociada al despliegue de la opinión.

OPINAR, UNA SALIDA DEL EGO.

La duda la reprimimos con el dogma y la opinión. Cuando se hace, construye la falsa lógica. Opinar, cuando no se abre al auténtico cuestionamiento, a la propia duda existencial, satisface las necesidades del ego. Creamos identidad (progresista, solidario, defensor de lo justo, erudito, auténtico, etc.) Cuando la mente se acostumbra a no dudar, deja de evolucionar.

En realidad, caemos en un doble patrón: el de imitar, escondiendo nuestras vidas entre actividades y pensamientos, una masiva red de seguridad completamente ilusoria creada por el colectivo para evitar sentir la situación del mundo tal cual es; o canalizar la rabia contra el statu quo o contra “el otro”, tomar la revancha contra la vida misma, defendiendo posturas, opiniones, luchando por la verdad y, en algunos casos, imponiéndola.

La duda al servicio del cuestionamiento de lo externo, despierta el canal creativo (artes, ciencia, tecnología, salud…), pero si se internaliza y se vuelve hacia uno mismo en un nivel bajo de frecuencia, puede ser destructiva. Si el pensamiento no es creativo, sirve a la duda y se va a proyectar en otras personas o en uno mismo. Aquí emerge la falta de confianza y su derivada: la sospecha, que socava enormemente al ser humano ya que, al dudar de nosotros mismos, la mente quiere tomar la rienda y ahonda más en la confusión, retroalimentándose. A partir de aquí, la mente no puede escapar de sí misma.

ABRAZAR LA INCERTIDUMBRE

Cuanto más profundizas, más complejo es todo. Si cuestionas algo intensamente, llegarás a la conclusión de que estás ligado como observador a ese “algo”, por lo cual, pierdes la posición de observador y pasas a ser experimentador, un espacio de profunda subjetividad. Ya no hay verdades. No hay opinión, solo hay comunicación de la vivencia.

La lógica humana no está diseñada para tener la certeza de nada: solo de la existencia de la paradoja. La duda no es el enemigo, sino el miedo a dudar. La única respuesta satisfactoria es la que desafía a la lógica. Cuanto más abrazamos la incertidumbre, más cerca estamos de la trascendencia. EL humano hace el viaje del cuestionamiento, pero la resolución final está fuera de la lógica. La verdad llega como una iluminación y no como una respuesta.

EL CAMINO DEL HEMISFERIO DERECHO

Si sigues más adelante, entrarás en los dominios holísticos de la síntesis. Aquí todo está afectado por todo, lo cual te empuja hacia el espacio de tu mundo interior. En este lugar ya no hay cuestionamiento, hay revelación.

La confusión es un estado vibrante de potencialidad. El cuestionamiento orientado a preguntarnos por nuestra naturaleza nuestro ser, nos empuja a elevar el espíritu, como han hecho los caminos del yoga y el tantra que han buscado unir la fisura humana interna y de tomar la aceptación de lo que somos respectivamente.  

Para tomar el camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho se me ocurre sugerir:

  • Permítete sentir el dolor y el milagro de la transformación comienza.
  • Acepta sentir y pensar desde la duda y reconocer el caos de la vida misma.
  • Conecta tu garganta a tu corazón, acostúmbrate a expresarte desde el sentir en cada presente.  
  • Sé honesto: cuanto más aprendes, más preguntas se abren.
  • Espera a que la verdad te encuentre. La verdad no es un elemento que sacia la lógica. La verdad es un acontecimiento, una epifanía.
  • Abandona la obsesión por la verdad y su defensa, y entrégate a la poética del azar.
  • Sé paciente, no reacciones, evoluciona de acuerdo a tus propios plazos.
  • Confía y acepta que te llegará la luz, que eres portador de estados de claridad que emergen de tu propia genética y tu conexión con tu ser.
  • Abraza la confusión y activa la imaginación creadora, el portal que trasciende la verdad.

No hay nada que no sea verdad, porque lo que sucede y sientes en cada momento, es verdad. La verdad está aquí y ahora, pura e incorruptible, en cada presente, en cada estado de vida. Es eterna, pura, imperecedera, y tan simple como hermosa. La verdad es tu estado natural, un espacio a la deriva, una inmersión total en tu ser. Es el eterno momento del presente. Existe claridad en el espacio de la luz interior. Fuera de ella aparece la confusión.

LA IMAGINACIÓN CREADORA

Nuestra genética es una enciclopedia digital de la consciencia. La imaginación es la expresión de la fuerza de la vida sin impedimentos a través de tu genética. Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Ser lo que auténticamente eres, permite desactivar los mecanismos de la mente y activar las puertas hacia la manifestación de tus dones. Poner la fuerza en las cualidades del ser, cortocircuita el atrapamiento del cerebro izquierdo.

Para ello: priorizo lo que siento en el puro presente; pongo la palabra al servicio del corazón en todo momento; escucho si mi reflexión se dirige al crecimiento de mi experiencia o responde a la opinología, a mi rabia o a la imitación; doy pleno valor y potencia a los estados modificados de la conciencia;  practico la visualización creadora para construir mi realidad; abrazo la vía del yoga y el tantra; practico la expresión libre, original y artística; amplifico los estados de alegría; experimento la indagación de las emociones y de mis miedos en la tribu.