El vacío está lleno

El vacío está lleno

Necesitamos de la naturaleza para liberar nuestra naturaleza. Caminar por la montaña, sentir el aire y recibir el sol en un estado de total receptividad y conciencia del presente, me libera y me hace recordar quién soy. Días atrás en el bosque tuve la sensación de que un día me escapé de este lugar sagrado y preexistente en el que tengo mi sitio, la naturaleza, para ir a buscar fuera algo que no sé qué es, en lugares donde irremediablemente no está. Eso que busco soy yo mismo y la naturaleza me recuerda que estoy aquí, que cuando desisto de salir y respiro, me encuentro. Es un estado de expansión que no había experimentado antes.

Llegar aquí es un regalo. Pero reconozco la paradoja, he necesitado previamente completar un viaje que me ha supuesto: entrar en la herida; desear despertar; acudir a buscar en lugares nuevos (distintos a donde se crearon los problemas) y llegar al vacío. La experiencia del vacío está llegando en este tiempo a mi vida con claridad. Siempre había hablado del vacío de modo mental, pero esta vez dos experiencias, en el bosque haciendo una búsqueda de la visión y con mi compañera Susi mediante una sesión de conexión, invocación y escucha, he tocado este lugar misterioso.

Cuando haces posible la técnica del abandono, del no hacer, es factible la llegada del vacío. Hay que quedarse ahí y esperar. Ya reconozco como los estados emocionales me sacan siempre a nuevos escenarios para evitar el contacto (en esto es especialista el carácter que no quiere tocar la incomodidad de la emoción pendiente). El no hacer me invita sencillamente a quedarme en el presente, en contacto con mi cuerpo. No hacer es no reaccionar. Solamente lo que el cuerpo necesite para su acomodo energético. Comienza así el trabajo: observar todo lo que pasa dentro.

En el bosque, durante día y medio viví una lucha interna que en realidad acepté como un proceso de limpieza. Solo podía aceptar que no pasaba nada. Ahí fuera me rodeaba una naturaleza excepcional pero no podía tomar nada ni sentir nada especial. Abandonarse sin reaccionar, esa es la clave. Confiar. En este lugar puedo, en ocasiones, sentir una sensación de poder en el hecho mismo de permanecer aquí, en el vacío, sin más. Desde el principio conecto con la palabra “medicina” que invoco ahora de manera espontánea. Se que este trance me trae algo que necesito.

Aquí puedo observarlo todo: la mente ansiosa encadenando imágenes; las emociones movilizándome; la rabia de episodios pasados; la amargura… también la desesperación que me trae observar durante horas esto. Pero hay un placer peculiar en descubrir que no reacciono a las emociones. Confío en mi cuerpo, solo acomodarlo y responder a su movimiento. Ahora me percato de algo. Me doy cuenta de mi mecanismo de evasión: me encanta planificar cosas y adelantar el escenario de satisfacción. Veo como eso funciona dentro de mí y me saca de la responsabilidad del pleno presente. Elijo ahora dejarlo pasar y volver al vacío. Me acerco a otro darme cuenta. Veo la fuerza que invertí en el pasado para sostener el personaje, en movilizar mi energía de hacer y de huir.

Me he sentado, tumbado en diversas posiciones, caminado en círculo… Sigo el movimiento del cuerpo como parte de mi escucha. Y cuando el movimiento cesa dentro de mí, me quedo sorprendentemente en contacto pleno con la experiencia sensorial. Ocupan el espacio las sensaciones sutiles del exterior de forma amplificada. Descubro que hay numerosísimos pájaros a mí alrededor. Siento mi respiración. Percibo la leve agitación de una rama. Un insecto. Hasta el tiempo que pasa lento lo puedo sentir de algún  modo a través del tenue ruido de fondo que me trae el paisaje.

Comienza mi diálogo con las cosas y empiezo, ahora sí, a descubrir. Le pregunto al vacío qué es. El vacío me responde: es no saber la respuesta a qué es el vacío. Aquí se para todo mi movimiento y empiezo por entender como la identidad y la voluntad me atrapan. ¡Soltar la identidad! Recibo esta invitación, pero. ¿Quién soy yo sin las cosas que hago? Recuerdo que esto se lo he escuchado a otras personas en terapia. Estoy en ese mismo punto. Me da miedo.  

Por fin, el vacío me lleva al contacto pleno con el placer y me llega un profundo alivio. Han pasado muchas horas. ¡Uf! La espera paciente ha merecido la pena. ¡Claro!, me digo, aquí en el vacío sin forma, entra a ocupar su espacio todo el placer de la vida. Me inunda, es un placer instalado, pleno, que invade mi cuerpo y mis sentidos. Está conectado con el hecho de estar ahí, de sentirme vivo en ese preciso instante. Me siento dispuesto a recibirlo en la forma que llega y desconectado del tiempo. En cierto modo, es eterno.

Amplio mi estado de comprensión en este momento. Dejo de luchar para que vengan cosas, se trata como de un estado especial de percepción en el que puede aparecer lo nuevo. Ahora sí que puedo estar aquí horas o meses. El vacío es aceptar que todo lo que hay está bien. Todo está para mí aquí. En el vacío máximo todo está a mi disposición, y al mismo tiempo estoy aquí disponible para la vida. No pretendo nada y lo entiendo todo: la vida es estar en el vacío, que es como estar en la escucha sensible máxima. Tomarlo todo para el disfrute.

Y, ¡sorpresa!, resulta que estar en esta actitud me conecta con la aventura auténtica: es extraordinario estar simplemente a la expectativa de lo que la vida te pueda traer de manera sorpresiva. Me emociona. Es la pura contemplación. Yo solo tengo que vivirlo. Me da todo el permiso para experimentar la libertad profunda y solo quedarme en recibir lo que llega para, si lo deseo,  jugar con todo en mi circo interior. Se me abre todo un mundo en el no hacer, no tengo palabras. El vacío está lleno de emoción receptiva y benevolente. Es otro tipo de conocimiento. Intuyo que una vez aquí solo se puede hacer una cosa: despertar a la auténtica realidad.

La noche en la que compartía invocación con mi compañera, tenía una sensación de que todo estaba bien, de que todo lo que recibiera en ese tiempo, era adecuado. Además me atravesaba una profunda gratitud. Es como si sorteara la dualidad. Me vino a la mente como la materia, si acudes a sus últimas partículas, entre ellas solo hay vacío. Es ahí donde debía encontrarme en ese momento. Es algo enigmático, no sé cómo abordarla, no hay polaridades. Intuyo que el vacío abre la puerta a una comprensión profunda de la realidad, de mi realidad.

Me apasiona la física cuántica. ¿Por qué la materia cambia de onda a partícula?; ¿Como el pensamiento se transforma en moléculas tales como neuropéptidos, hormonas y enzimas que ponen en marcha la actividad corporal? ¿Cómo se ha creado la información inscrita en el ADN, cuyas moléculas de carbono, hidrógeno y oxígeno por separado no despliegan ese programa?  Me despiertan una gran atracción todas preguntas. Cabría decir que donde no hay nada, parece que está todo. Intuyo una profunda conexión entre estos descubrimientos y mi experiencia en el bosque.

La materia y la energía nacen a la vida de algo que no es ni una cosa ni otra, un estado primigenio sin espacio ni tiempo que los físicos llaman “singularidad”. A su vez, el teorema de Bell es considerado por la mayoría de físicos del mundo como el descubrimiento más profundo de la historia de la ciencia que ha hecho que la física acepte la interconexión, la existencia de una especie de campo invisible que mantiene unida a toda la realidad. Este campo posee la propiedad de saber en todo momento lo que está pasando en cualquier parte.

La experiencia del vacío es un puente para acercarme a estos campos donde salgo de la persistente dualidad y comienzo mi despertar. Considero que existe una inteligencia flotante a la que puedo conectarme atravesando esa experiencia de no hacer. Es una posición de la conciencia que une todo lo existente y que me permite verlo todo sin hacer nada, ver la singularidad, el campo invisible que conecta todas las cosas unificándolas.

Cuando llego a esta conclusión, me invade el entusiasmo por entrar más a fondo en lo que no veo para empezar a ver. Le voy a llamar la nueva psico-física de la conciencia. Quiero indagar más y hacerlo a través del auténtico laboratorio del que dispongo: el inmenso entramado de mi realidad subjetiva abierta al espíritu, a la naturaleza y al todo.

Ecstatics: danzar para reconocernos libres

Ecstatics: danzar para reconocernos libres

Ecstatic dance va desplegando una comunidad de danzantes libres y conscientes en diversas ciudades a través de su propuesta de baile espontáneo. En Sevilla, una vez al mes, la iniciativa aglutina a miembros de una tribu muy diversa. Nació como un movimiento de expresión libre mediante la música y el baile en los años 70 y busca facilitar un espacio donde poder bailar dándole todo el protagonismo a la verdad de tu cuerpo y de tu movimiento, sin consignas, sin estilos, sin la interrupción de las convenciones sociales.

La propuesta es heredera de diversos movimientos que han buscado hacer del cuerpo un lugar auténtico donde las sensaciones, la emoción y la mente se alinean facilitando un contacto emocional y/o espiritual. Al mismo tiempo toma el poder de sugestión que posee la música en sus inspiraciones más variadas: R&B, electrónica, world music, pop, folk, psicodélica, de raíz, africana, funk, Soul, vocal, clásica, etc.

Cuando llegamos a una Ecstatic Dance lo hacemos con todas nuestras jaulas mentales que traemos de la vida diaria, nuestras resistencias, cansancios, hábitos, etc… y entregamos el cuerpo a un proceso de desmecanización. Sometido como lo tenemos al servicio de necesidades automáticas, le hemos robado muchas de sus posibilidades de expresión y satisfacción. Aquí se le da permiso al cuerpo y se abre la puerta a procesos personales de auto descubrimiento y de relaciones auténticas. En muchas ocasiones pasa que las personas tienen experiencias emocionales intensas. Se abren ventanas por las que conocerse mejor a uno mismo. Lorena lo expresa así: “a través de la Ecstatic, puedes convocar a tu yo animal, o retomar la inocencia. Puedes viajar a las emociones que no te permites en tu vida diaria o entregarte al juego y el placer de ser la persona que eres.”

Más allá de la inteligencia lingüística y lógico matemática que configura en buena medida nuestra forma de pensar y vivir, bailar nos abre el hemisferio derecho para que tomemos la inteligencia espacial, la musical, la corporal kinestésica y también la inteligencia emocional cuando la música se introduce en las fibras más profundas.  Interaccionar con otras personas que bailan nos abre la inteligencia interpersonal a muchos matices de comunicación a los que no estamos acostumbrados. Bailar improvisadamente con otros cuerpos, recoger las sensaciones sin interpretarlas, traspasar la vergüenza o quedarte en el vacío, todo ayuda a darle valor a la experiencia genuina y a tocar la vida.

Cuando hablas con las personas que asisten, es sorprendente ver cómo muchas están vinculadas con el mundo de la apertura a la conciencia corporal y espiritual: el arte, el yoga, el masaje, las terapias, la meditación, etc. Hay una emergencia de las experiencias donde lo importante es crear y conocerte desde el contacto auténtico con uno mismo. Una nueva tribu universal. Escuchar el cuerpo nos conduce a una mayor claridad si aceptamos que tiene algo que decirnos. Otro asistente, Fran, narra lo que sintió: “cuando baile un día cualquiera sin la distracción del lenguaje. La gente se arrojó a moverse, cedidos ante un despresurado código sin norma. Bailaban en esa situación particular, ante miradas particulares, en cada segundo particular. A pesar de ello, el movimiento, los ojos, el brillo de la pausa; todos lo practicaban con la desbloqueada planificación de mostrar sus más tiernos anhelos, sus nostalgias, sus deseos e ímpetus. Podíamos hacerlo. Era un viaje particular, pero inmensa y discretamente anónimo; lo cual lo convirtió en una danza universalmente libre. No era caos, era armónico y traslucido como un sueño despierto plasmado en la arena.”

Las tres horas de duración de cada sesión propician esto, entrar en un registro diferente al habitual donde te das permiso para expresar de modo distinto, liberado/a, donde reconocerse en formas espontáneas muchas veces olvidadas. Cuando la música adquiere ritmos y armonías de tipo fluido o stacatto, se suelta la rigidez corporal y mental. Los momentos en los que la música invita al caos, se libera la mente y emerge la expresión libre. Cuando la música va hacia armonías de fluidez y quietud, se despiertan los  movimientos internos más inesperados. Al finalizar, una rueda permite que quien lo desee verbalice cómo se siente o hable de lo vivido. Es un regalo recoger las impresiones que, en su mayoría, están cerca del corazón y reconocen el surgir de una energía valiosa.

Desde la posición del observador y como DJ, admiro la cantidad de matices y manifestaciones que se mueven durante cada sesión. Me reafirma en la necesidad de volver a dotar de mayor sentido a la actividad lúdica, dotarla de alma y de hacerlo implicando el cuerpo y el corazón. Los/as adultos/as además necesitamos recuperar la espontaneidad, la impulsividad, el juego, la fluidez y el sentido de libertad. Como hicieran nuestros predecesores en las tribus originarias, mover la energía corporal en grupo con el trance que aporta la música inspirada, nos devuelve nuestro universo simbólico y el capital afectivo-amoroso, abriéndonos a la experiencia del encuentro con uno/a mimo/a y con los/as demás.

 

Eres lo que decidas ser

Eres lo que decidas ser

Tomar tus emociones para romper con el determinismo y la autoridad externa

He tenido a lo largo de mi vida la oportunidad de visitar dos territorios donde se manifestaron en el pasado siglo las peores atrocidades de las que es capaz el ser humano: el campo de exterminio de Auschwitz en Polonia y Rwanda.  En este país la colonización generó una sociedad clasista que fue el germen de un estallido que se llevó por delante a un millón de personas. Ver de primera mano el Holocaust Memorial Museum en Kigali, espacios y objetos personales de seres humanos cuya inocencia fue aplastada por la obsesión neurótica de unos pocos, estremece las entrañas. Recorrer el campo de concentración Nazi, leer los testimonios, observar la destrucción programada de la que es capaz la mente cuando está fuera de su casa, el corazón, es aterrador.

Me impactó sentir, observando muchas de las fotos y vídeos de la época, cómo las emociones de los que sufrieron esas tragedias quedaban congeladas. El terror paraliza los sentimientos introduciendo a la persona en un espacio de desorientación y desconexión interior. Se arrebata la libertad y todo se aboca a un acto de supervivencia. Solo quedan los instintos. La persona en todos sus matices emocionales desaparece y te invade la tragedia existencial. Los rostros de los responsables del campo de concentración alemán atisbaban en algunos de sus rasgos aspectos de humanidad. Pensaba: en algún momento eligieron la muerte que provoca el ego cuando solo se alimenta de ideas. Recuerdo entender ante estas fotografías cómo, el que no se hace cargo de su dolor, fácilmente infringe dolor.  Los agresores peleaban contra su peor enemigo: sus miedos y sus vacíos internos. Ante eso, el ego toma el poder, basta con construir un guión argumental, una película fantástica sobre la condición de inferioridad del semita.

Tras la I G.M. Europa tuvo que hacer una reflexión sobre el desgarro moral que supuso el conflicto. Se rompió el optimismo romántico que otorgaba valor a las ideas estables y eternas. Kierkegard filosofa sobre el mal y la nada, adentrándose en el valor de La existencia humana concreta e individual. G. Marcel, Simone de Bouvard, Albert Camus despiertan las conciencias con su pensamiento existencialista para advertir a toda una civilización que: la realidad no se identifica con la racionalidad. La naturaleza y la esencia no definen al ser humano (como pensara S. Freud). La existencia no es una esencia definida por razas, fronteras, estados… ni el ser humano un simple actor de conocimiento. Husserl propone que la sensatez, el placer de sentir y la coherencia son nuestras auténticas fuentes verificables y se encuentran en nuestra cadena narrativa interna.

El existencialismo nos recordó que el ser humano es lo que decida ser, aceptando vivir, eso si, el riesgo e incertidumbre que esto lleva asociado, es decir, el dolor. Esta es la plena responsabilidad sobre nuestro sentir. El ser humano cuando se hace verdaderamente cargo de sus emociones, rompe con cualquier determinismo. Hasta ahora la autoridad paternalista y patriarcal ha proveído de este determinismo, de la verdad. Construye leyes rigurosas con estrictas estructuras morales e ideologías. Manipula. Pero ya hemos entendido que más importante que la verdad es: lo que haces con eso que experimentas. Y aunque seguimos entregando el poder a autoridades externas (ahora la ciencia toma ese papel, véase lo que está pasando con las terapias naturales) el acontecimiento y la experiencia son, cada vez más, lo primordial.

El ego, esa “masa específica de nada” que acapara el órgano reflejo que es el cerebro izquierdo y que construye mundos de soberbia y aburrimiento, tendrá que dar paso en este nuevo siglo a la aceptación. Reconocer el sustrato de fondo que nos atemoriza: la rabia, la tristeza, el miedo, la dificultad para estar solos en una habitación, la muerte; parar la fantasía del progreso tecnológico infinito y despertar a nuestros abundantes recursos internos, a la naturaleza mágica de la vida, a la suficiencia de contenidos que incorpora el propio hecho de existir.

Ningún adulto entendía la boa que engullía elefantes que narraba el principito. La obra de Saint Exupery es una crítica al hombre civilizado y revela la incapacidad que tenemos de entender la relevancia de nuestra propia existencia. Salir de la oscuridad de la historia pasa por aceptar que somos un sentimiento, un “darse cuenta”. Fuera de ahí todo es un colapso del ego alejado del corazón.  Para reformularnos como civilización tal vez tengamos que:

  • Aceptar el camino de la indagación emocional y su sanación como proceso necesario para acercarnos a una vida más humana.
  • Recapitular el pasado personal y desvelar el subconsciente, depositario de las memorias universales para disolver los arquetipos que siguen configurando nuestras creencias fósiles.
  • Resolver en el opuesto masculino-femenino y permitir que la energía sexual transforme nuestros patrones arcaicos y de sometimiento mutuo.
  • Retomar la sabiduría inscrita en nuestra evolución cultural como raza humana. Recuperar las tradiciones precoloniales: las culturas mesoamericanas y la herencia Tolteca, el Zen japonés, el yoga hindú, el tantra tibetano e hindú, el pensamiento de la cábala. Todos ellos reconocían ya que el ego tiene una enfermedad, la de sustituir la realidad por lo que piensa.
  • Soltar las autoridades históricas para crear la realidad que queremos. Otorgar la autoridad a nuestra sabiduría orgánica e intuitiva, la del cuerpo y la de la naturaleza, recuperar nuestra abundancia interna.
  • Inaugurar nuevos modelos tribales universales, reunificados por el espíritu único de apertura y comunión amorosa del que nos informa un corazón sanado.
  • Y soltar, soltar toda pretensión quimérica de transformar la realidad y manipularla para alimentar la importancia personal, luchando neuróticamente contra la muerte.

“Me pregunto si las estrellas estarán iluminadas para que cada uno pueda encontrar la suya”, decía el principito. Lo que hace bello al desierto es que esconde un pozo en cualquier lado.

 

La hipnosis regresiva y el viaje de nuestras relaciones

La hipnosis regresiva y el viaje de nuestras relaciones

Las relaciones de pareja son un excelente catalizador de nuestras sombras y de nuestras luces. Se pueden vivir como un contrato que prolonga el atrincheramiento de nuestras emociones, en muchas ocasiones a través de un pacto mutuo; o como una oportunidad para que, con la guía del deseo y el amor, despertemos a nuestras oscuras maniobras internas y nuestras potencialidades. Cuando en el seno de una relación salen a flote las aristas de nuestro carácter, se nos está abriendo una puerta extraordinaria para la indagación de lo que nos sucede.
Al entablar una relación de pareja, inevitablemente se dejan ver las estructuras dañadas de nuestras vivencias del amor. La hipnosis regresiva puede ahondar en esas situaciones que emergen y que nos cuesta manejar, generando mucha insatisfacción en un proyecto que, si bien apunta a la felicidad, desvela amarguras que no sabemos cómo abordar y que deterioran la relación a largo plazo.
La hipnosis ahonda en el origen del amor distorsionado. Puede revivir la cadena de acontecimientos que han quebrado el proyecto de confianza y fortaleza que necesitamos alimentar desde niños. Reanuda los cabos sueltos y abandonados a un nivel inconsciente que impiden ordenar las emociones y volver a retomar la pareja como un proyecto de crecimiento mutuo en el amor.
Cada persona que llega a nuestras vidas y permanece, poco o mucho tiempo, nos convoca a un viaje personal que puedes tomar. Accediendo a la mente profunda, se puede vislumbrar el sentido de todo lo que sucede. Si hemos tomado a esa persona, ha sido para acoger ese aprendizaje que está conectado a nuestras vivencias pasadas, en las cuales podemos encontrar alivio y sentido.

La mente profunda puede mostrarte el origen de un patrón de sufrimiento en tu relación de pareja en un momento de tu infancia, de tu experiencia del nacimiento o tu vida antes de nacer en el período de gestación en el útero. Otra manera de integrar los bloqueos actuales en tus relaciones es mediante una visión interna que te enseñe y te haga sentir tu relación con esta persona más allá de los escenarios actuales y te transporte a una vida pasada donde tengas la perspectiva adecuada para darte cuenta del patrón condicionante entre tú y el otro/a y tengas la energía y la libertad para elegir algo diferente que lo cambie todo en el pasado y en el presente, pudiendo salirte de un mecanismo automático o patrón que es tóxico, que te hace daño, y que te detiene en tu despertar hasta que consigues traspasarlo, superarlo, y elegir lo mejor para ti, la manera más creativa y nutritiva de relacionarte con alguien.

El viaje a través de la hipnosis regresiva es una experiencia completa donde participan los sentidos internos, la visión, el tacto, el gusto… etc las sensaciones corporales como ocurren en los sueños que tenemos cuando dormimos pero a diferencia de éstos en el viaje de la hipnosis la conciencia es plenamente lúcida. De esta manera podemos rescatar información experiencial sobre asuntos que nos importan mucho como pueden ser las relaciones afectivas de pareja o familiares, y disolver problemas actuales con la visión y la limpieza emocional que implica ver y revivir.

Este fin de semana(3 y 4 de marzo) convocamos en Sevilla un taller en grupo donde cada participante podrá ser acompañado al trance hipnótico y realizar su regresión. Por eso el grupo será reducido en número de asistentes para que cada uno tenga espacio y tiempo en las 12 horas que dura el taller El Viaje Interior. Hipnosis Regresiva.

También durante las semanas del 5 al 8 y del 12 al 14 de marzo podrás realizar sesiones individuales de regresión con Alfredo Calvo en Sevilla acordando una cita en Tlf-653271399 – counselingexperiencial@gmail.com

hipnosis gestalt regresión

 

El poder de la satisfacción y el eneagrama

El poder de la satisfacción y el eneagrama

La gran mayoría de los conflictos humanos tienen que ver con nuestra incapacidad para manejar la presión que nos generan los diversos estados emocionales. La ira, la avaricia, la cobardía, el orgullo, la vanidad, el miedo, etc. Las emociones, cuales quiera que sean, vienen para informarnos junto con el cuerpo y despertarnos, para ponernos alerta. Cuando no se les da el espacio adecuado y se permite su expresión propia, quedamos atrapados en el pensamiento obsesivo, generando mecanismos de control y seguridad. Esto distorsiona el entendimiento natural del que estamos provistos los seres humanos a través de la compasión y la claridad del corazón.

Alimentar el conflicto es como una huida hacia adelante. Como no sostenemos la emoción que emerge en contacto con el cuerpo, nos ponemos a la defensiva y peleamos hacia fuera. Esto nos lleva siempre hacia escenarios de desconfianza. Construimos un guión en el que hay enemigos y culpables y con el tiempo, esta actitud, deriva en una verdadera adicción al litigio. Todos hemos conocido a personas que parece que tengan una necesidad obsesiva de llevar la razón, conduciendo sus emociones hacia una pasión enfermiza.

Alcanzar un manejo adecuado requiere de un compromiso honesto con la propia madurez emocional. El Eneagrama, una herramienta de análisis del carácter promovido en los años 70 por el boliviano Óscar Ichazo, y que hunde sus orígenes en antiguas tradiciones orientales, permite indagar este camino de compromiso. Revela cómo las personas vivimos la ilusión de la separación. Los individuos nos enfrentamos a una ruptura interna que nos conduce a sentimientos de abandono, de separación de nosotros mismos y de nuestra naturaleza. Es como una pérdida de la conexión con una especie de paraíso originario en el que la naturaleza, también las emociones, nos proveían de un material adecuado para llegar a la conciencia de nosotros mismos.

En este proceso profundamente instintivo, emerge el miedo, una emoción que nos cuesta muchísimo sostener y que nos acerca a la vivencia del vacío. No es casualidad que en el mundo cada año se inviertan tres trillones de dólares en defensa. Toda una maquinaria de desconfianza alimentada por el miedo. Si todo eso se invertirá en la ayuda mutua, quedaría más patente la abundancia de la que nos dota la naturaleza. El miedo, una emoción que viene a protegernos, a alertarnos, conduce a la pérdida de control, a la incertidumbre. Como respuesta a esta incapacidad de adentrarse en el miedo y de exponerse al vacío, los individuos construimos personajes que nos sirven para encubrir todas esas emociones. Se trata de máscaras que representan un papel bien aprendido. Un ejemplo puede ser el complaciente, que busca mantener la paz a cualquier precio barriendo los conflictos bajo la alfombra; o el insensible, incapaz de contener sus emociones y que fácilmente estalla en violencia.

Al final terminamos por conceder la autoridad a nuestros miedos, es decir, a lo que viene de fuera. Nos quedamos fijados en una mentira, viviendo del conflicto y de la máscara, dándoles todo el poder. Pero es aquí donde podemos desvelar la trampa que nos hemos tendido, porque la verdadera prosperidad está en la satisfacción y no en el miedo.

Retornar a nuestra naturaleza pacífica, generadora de placer y bienestar, pasa por indagar en nuestras pasiones, nuestras evitaciones y nuestras fijaciones. Esta es la posibilidad que abre el eneagrama.

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