La visualización creadora, herramienta de poder para crear la realidad consciente

La visualización creadora, herramienta de poder para crear la realidad consciente

Tras años de explorar la mente profunda a través de la hipnosis y las experiencias de ampliación de la conciencia veo que, como ser humano, estoy abierto a un campo de información extraordinario. Emerge del ámbito inconsciente y supra consciente, y puedo acceder activando cualidades simples del cerebro que despiertan el cuerpo sutil y la comunicación energética.

Existe un nivel de funcionamiento de la frecuencia cerebral, los estados Alfa e inferiores, en los que se mitiga la actividad de la mente especulativa y se abren otras funciones de la mente intuitiva y conectiva. Aquí se amplían las posibilidades de la percepción. La hipnosis como un proceso de sugestión inducida que disminuye la actividad analítica, da acceso a experiencias que activan niveles de conciencia extendida real, en las cuales la experiencia visual se conecta con la emocional. Esta aventura resulta transformadora.  

Mediante estos estados se puede acudir a memorias de esta vida con extraordinaria nitidez, y revisar un escenario emocional que necesita ser recapitulado. Las escenas del pasado fluyen con una energía actualizada, lo que permite movilizar nuevos recursos conscientes para sanar. También se puede ahondar en la experiencia uterina, donde se rescatan sensaciones con las que recordar aspectos esenciales para la vida: la actualización de la experiencia del amor, de la elección y del propósito de vida.

El acceso a otras posibles vidas facilita desvelar con contundencia patrones que se nos repiten y en los que estamos implicados existencialmente. También aprendizajes poderosos con los que despertamos a una mayor sabiduría. Por último, los espacios entre vidas y las progresiones al futuro, nos ponen en diálogo con arquetipos, entidades y potenciales internos con los que podemos actualizar aspectos esenciales de nuestra vida.

Sea para aplicarla a la sanación personal, a la búsqueda de respuestas de vida o a la mera prospección de los universos internos, los estados modificados de la conciencia, los estados no ordinarios de la conciencia, son el verdadero camino de acceso a la energía sutil que gobierna, como si de un sistema operativo se tratara, la realidad que nos configura. Y se puede acceder a ellos mediante un sencillo trabajo personal de concentración.

Es el campo cinabrio, una especie de rejilla energética que todo lo enlaza, el Tan Tien o campo de la alquimia interior según la filosofía oriental. A este campo propongo volver. A nuestra naturaleza auténtica de seres mágicos.

Nuestro cuerpo está diseñado para manejarnos con esto. El ADN almacena códigos lumínicos que interactúan con campos de información. También la glándula pineal es una interface piezoeléctrica que traduce la información de origen químico en eléctrico y viceversa.

Me fascina ver como en este campo sutil, existen todas las posibilidades. Porque el campo denso (materia organizada en la dimensión espacio tiempo y accesible a los sentidos físicos) se configura en función de cómo está programada la información del campo sutil (campo energético que responde a la conciencia del observador). ¿Quién es el Observador que ha creado este modelo? Llámale Fuente, Gran Espíritu, Intento… como quieras. Lo que puedo comprender y transmito ahora, es que mi condición de ser humano me hace partícipe de esa cualidad ordenadora del campo sutil. Lo que lo hace posible se llama conciencia.

Mi conciencia es una emisora – generadora de orden o complejidad, según elija. Lo que emito en este campo es un laboratorio, un experimento que configura mi universo. Elijo ordenarlo, en un estadio más alto.

Descubro que, si entiendo las posibilidades que me ofrecen las herramientas de mi conciencia, puedo operar en él para transformar la realidad sutil del campo energético que, a su vez, está programando la configuración del campo denso, es decir, mi realidad inmediata. La intención es más fuerte que el programa, ¿Cómo lo comprobamos? Solo sé que dios existe si yo me hago dios. 

Llegado a este punto, me doy cuenta de que el salto real que requiere este cambio de paradigma mental, pasa por la fe. Para mí la fe es: creer que existe un orden más completo, que confiere coherencia y sentido a toda la realidad, más allá y más acá de mí mismo, con poder y conciencia, y que yo puedo participar activamente de este poder a través de mi “no hacer – despierto”.

La fe comienza cuando logro experimentar el vacío donde se despliegan todas las posibilidades. Como ahí existe todo, todo está disponible. Por lo tanto, elijo lo que quiero. Al elegirlo, lo creo. En realidad, lo que hago es creerme “a pies juntillas” que atraigo la experiencia fuera que primero he creado dentro. Y vamos a ver qué pasa…

Mi mente atrapada en la materia densa, está excesivamente implicada en el control, la gestión ordinaria y la estrategia de supervivencia. Del mismo modo está secuestrada por las emociones primarias que arrestan el corazón y ocultan nuestros potenciales más elevados. El miedo a la herida primordial que todos tenemos, por ejemplo, despierta las mil caras de la soberbia y la defensa. Esto implica absorber mucha energía y nuestros recursos mágicos quedan sepultados. Nos quedamos como esperando, encadenados a una realidad fáctica. La sombra es adictiva. El inconsciente nos compra ideas pobres y nos empuja a repetirlas. Y mientras esto sucede, no estamos creando, porque hemos llenado el vacío. El vacío da miedo.  

Ser nadie (anonadarse), vaciar la importancia personal, es un buen comienzo para empezar a despejar nuestro poder. Escapar del hechizo del ego y modificar la percepción, me permiten alcanzar nuevos niveles de energía enfocados.

A estos niveles accedemos con las herramientas de la conciencia, son estas: la intención apoyada en la palabra precisa. La imaginación y su propiedad activa, la visualización creadora. Y la emoción que colabora para configurar estados elevados, lo que llamaremos el llenado. Con ellas entreno este “no hacer – despierto”, una alquimia de la presencia transmutadora. No hacer y a la vez, sentir que estás creándolo todo con poder. Soy dios.

La imaginación y la emoción son los recursos combinados más poderosos para acceder a esta magia. Si despejo la intención y la recojo en un pensamiento claro, entonces comienza la alquimia ¿Qué quieres crear?

PRIMERO. La intención. Me paro y me pregunto: ¿Qué deseo? ¿Cómo está configurada mi realidad y cómo quiero realmente que sea? ¿Qué proyecto para mí en el orden material, emocional, espiritual o de estados de vida? ¿Cómo imagino áreas de mi vida para que me otorguen la máxima satisfacción? ¿Cuál siento que es mi deseo profundo? En esta primera fase me esfuerzo en desvelar mis más profundos deseos. Los conduzco lejos, pido a lo grande. Cuanto más elevado es lo que deseo, más posibilidades abro, más se des oculta la realidad. Lo expreso con palabras, con la máxima claridad. No me dirijo al cómo debe producirse, sino en qué condiciones elijo que debe darse. No pienso cómo debe llegar el escenario ideal para mi vida, simplemente soy capaz de recrear la forma final, cómo debe darse en su estadio último.

SEGUNDO. Entonces, a partir de la intención concretada y expresada en palabras, prefiguro eso que deseo en mi imaginación. Su herramienta, la visualización creativa, supone activar y recrear la experiencia imaginativa a voluntad. Es decir, elijo activar en el campo de la imaginación eso que he pensado. Represéntalo, completa los detalles de lo que ves, desenvuélvete en ese espacio, completa todos los elementos que necesites en la visualización para imbuirte en lo que ves. Toma el sentir. Experiméntate en eso que has completado. Realizar algunas visualizaciones guiadas, ayuda. Es un recurso imaginativo que, cuando se practica, te lleva a lo que llamamos un estado modificado de la conciencia en una frecuencia Alfa del cerebro. Consigues un estado enfocado donde, si sabes practicar, atender y esperar, comienzan a emerger los detalles nítidos y te incorporas a la experiencia de lo visualizado.  

TERCERO. A continuación, se despierta el sentir, se hace presente la emoción que colabora a completar el estado. Los estados emocionales elevados son lo que nos interesa. Se trata de experimentar en su forma más completa dentro de la visualización un estado emocional lo más abarcante posible y que previamente hemos deseado: plenitud, satisfacción, alivio, felicidad, alegría, compasión, amor, comunión, etc. Permitimos que el estado emocional deseado nos tome, se haga presente lo más intensamente posible y que complete la experiencia de visualización. Entonces practicamos el llenado. Respiramos profundamente varias veces con esa emoción hasta sentir que, verdaderamente, se ha completado emocionalmente dentro de mí eso que he deseado. Nótalo esbozando una leve sonrisa. Todo tu cuerpo lo toma.

CUARTO. En último término te percatas de este estado: el “no hacer – despierto”. Lo cuento en primera persona, el camino aquí puede ser más personal. Es el ámbito donde la fe viene a tomar un lugar coherente y me trae un contacto con el poder interior. En este lugar necesito tomarme mi tiempo. Me llega una peculiar sensación de que lo que he creado desde el estado modificado de la conciencia, atrae la realidad invocada. Todo está a mi favor, me despierta un sentimiento de esperanza. Es un estado de certeza no cognitiva, una convicción. En mí, la expresión es: me rindo ante el poder que se manifiesta en mi interior. El corazón sentiente toma anchura, paz. Me confirma que eso está ya materializado en el campo de la realidad sutil y que se destilará, no sabemos cuándo, en la realidad densa que hemos prefigurado. El poder ante el cual me rindo, lo hará. Una mezcla de rendición y fe que da como resultado un estado de plenitud. Suelto el cómo se hará eso. No lo sé, escucharé las señales. Y aquí me siento participando de un poder superior e interior, que me sobrepasa y me contiene, del que formo parte. Me quedo sin palabras. Suelto.

La activación del campo sutil comienza a configurarse cuando alcanzamos a experimentar un proceso completo de coherencia en estas tres funciones: el deseo conectado con mi propósito, el sentir auténtico y la congruencia en el universo de la percepción consciente. Ocurre así en los procesos terapéuticos que transforman los bloqueos y patrones de cara a la sanación.  

Atraemos de esta manera el mismo poder que está presente en la realidad, y que ha permitido que toda la energía que existe esté manifestada. Nosotros estamos en el campo en el que esta energía se mueve porque, como seres humanos, somos una forma elevada de la manifestación de Dios que aflora en niveles de conciencia.

La energía sigue al pensamiento con intención. Cuando ponemos energía en configurar estados emocionales orientados a crear la realidad que queremos, estamos acertando a activar un potencial extraordinario: crear la realidad desde el campo de las energías sutiles a las que tenemos acceso por la conciencia operativa.

Volver al campo, a la naturaleza auténtica que somos, nos ajusta con la vida. Rescatar las energías sutiles, la magia, la activación de nuestro poder creador, despierta la percepción y nuestra capacidad intuitiva directa, donde podemos desenvolvernos de una manera más armonizable con nuestros deseos. ¿Te lo crees? Compruébalo. ¿No te lo crees? No pasa nada, ni pasará…

ELIJO NO LLEVAR LA RAZÓN

ELIJO NO LLEVAR LA RAZÓN

El ego: defiende argumentos movido por la importancia personal.

El niño interior: pregunta animado por el misterio.

El corazón: expresa alegría confiando en el puro presente donde ya está todo.

El alma: escucha en el silencio, no sabiendo, los ecos abundantes que desvela la vida misma. 

Todos los males del mundo se originan en la tensión y la insatisfacción humana. Esto crea un enorme campo de energía colectiva que nos atrapa en una falsa respuesta. Vivimos pensando que afuera siempre hay un problema que resolver. Quedamos abducidos por la dualidad.   

La insatisfacción genera ansiedad mental y esta, alimentada por el miedo, se entrega al gran maya de la ilusión, al gran teatro de la vida que nos aboca a encadenar tareas y preocupaciones. Siempre tenemos algo que hacer, cada día hay un problema por pequeño que sea, que capta nuestra atención. Esta ilusión nos empuja permanentemente a resolver. Las energías vitales quedan entonces comprometidas. En realidad estamos proyectando la dualidad interna. El conjunto de proyecciones que reproduce la inconsciencia, crea innumerables campos de energía emocional caótica en los que terminamos envueltos. Y creemos que nuestra vida es eso. Y ahí seguimos.

Recuerdo cuanto me gustaba el debate. Antes tenía mucha energía disponible para afinar con la razón. Es como una adicción del ego. Ahora dimito de “defender” qué es lo correcto o incorrecto, lo bueno o lo malo, lo verdadero o falso, lo que domina o somete. Elijo expresarme desde el placer, si la escucha es la adecuada.

He descubierto que el planteamiento del dilema siempre es falso en términos de la auténtica verdad que me espera. Si me encoleriza el capital o el patriarcado, tengo un patriarca dentro pendiente de des ocultar; si me rebelan las imposiciones sanitarias, no atiendo a mi auténtica autoridad interna; si me enfurecen las posiciones ideológicas de otras personas, no he aceptado que tengo a un opositor político dentro reprimido.

El debate que busca resolver dentro de la polaridad, inflama muchas veces nuestra importancia personal. Nuestro cerebro izquierdo es adicto a encontrar las congruencias. La realidad se manifiesta polar porque nuestro corazón internamente está dividido. Solo sanando dentro, la realidad manifestará esa nueva configuración sanada, no polar. Porque la vida está a nuestro favor y siempre atiende lo que auténticamente pedimos, especialmente, lo que auténticamente somos. La auténtica polaridad solo puede transformarse verdaderamente en la alquimia del corazón humano.

El discurso externo, cuando me despierta un movimiento emocional y energético: rebeldía, rabia, defensa, etc., desvela un estado interno sin completar. ¿Lo quiero completar? Por ello elijo no alimentar las disertaciones, discusiones, posiciones defensivas, relatos encendidos, explicaciones obsesivas y análisis que solo me sacan del auténtico lugar de poder que resuelve el entramado de dificultad universal: mi rechazo interno a una parte de mí. El único conflicto real.

Me sirve aceptar que la propia vida es paradójica y se presenta en un multiverso de formas. Por eso, no atiendo la forma del debate (la temática), sino la inquietud que lo origina en el corazón. También elijo no aceptar la tensión. Cuando aparece, cedo. Si hay tensión, no se puede alcanzar la congruencia. Elijo la quietud y no reaccionar. Algo difícil para mi ego.  

Si miro de cerca mi reactividad, cuando me uno a debates donde necesito posicionarme, observo diversos personajes dentro de mí. El ideólogo que tiene razones contundentes para defender una posición y que en realidad me peleo con algo interno; el erudito que siempre tiene un matiz con el que reformular la posición del otro, pura vanidad; el reservista que mantiene el conocimiento del dato histórico con el que siempre viene a corregir cualquier tendencia; el defensor de los derechos sociales e individuales, que gusta de señalar el enemigo externo, que si además está oculto, se muestra más orgulloso de ser el lúcido denunciante; el ecuánime, para el cual no posicionarse es una forma de posicionarse; el pacificador que le gusta manifestarse como conocedor de la resolución de los conflictos; y el que le gusta simplemente estar presente, porque se siente tenido en cuenta en un ámbito, el de la discusión, que le parece cosa de gente intelectual, valerosa e importante.

Pero no me confundo. Amo el discernimiento colectivo, el diálogo pedagógico, la comunicación creativa, la investigación, el conocimiento, la palabra que apoya mi despertar y el de otros, la reflexión que añade claridad donde hay duda, la expresión auténtica de la emoción con toda su manifestación energética, verbal y todo su detalle poético, la brillantez intelectual, desentrañar la complejidad, deshacer la duda que a veces atrapa nuestra mente… Me encanta leer y encuentro mucho placer cuando siento que me embarga una pregunta interesante que me mueve a desvelar más la realidad.

Me ayuda también entender que la defensa intelectual de la verdad es un trasunto patriarcal en sí mismo. La verdad, como realidad última, es una experiencia y se desvela en estados de congruencia. Se percibe porque mi corazón y la vida quedan implicados y alineados. Siento claridad, coherencia interna, fuerza y convicción en orden a mi despertar.

La dualidad es el lugar para el despertar. Pero la salida no es posicionarse en los términos polares que nos presenta, atrapando las energías de la defensa, sino que la salida es escapar de la falsa polaridad que plantea y comprender los procesos que oculta, resolviendo en la propia dualidad interna. La dualidad nos invita a retornar a las auténticas preguntas. ¿Qué me pasa cuando veo esto afuera? ¿Qué deseo para mí? ¿Qué tengo pendiente de completar amorosamente? ¿Cómo aporto una respuesta satisfactoria desde mi potencial creativo?

En esta realidad dimensional, la conciencia debe traspasar las formas para resolver y propiciar el hecho evolutivo. Hay que penetrar la realidad, experimentarla en nuestro campo emocional y extraer claridad de esa experiencia. Para eso hay que entrar de lleno en las paradojas de la dualidad que presenta esta dimensión. Pero la obsesión por resolver esas ecuaciones matemáticas, nos ofusca: banderas, verdades, colores, supremacías, etc. Elijo asumir el efecto profundo que me provoca estar insertado en una realidad tan diversa donde, por ejemplo, existen reglas distintas para los objetos físicos y para la realidad cuántica. La verdad no se puede atrapar, la verdad te alcanza cuando eliges un estado interno no defensivo.

Hay algo que me lleva más allá de la estrecha mirada de la resolución cognitiva de la vida: saber que esta, está insertada en una corriente de sabiduría infinitamente mayor que mis lógicas neuronales, y que además, en buena medida, no depende de mí.

Estoy diseñado para el éxtasis. Mi naturaleza está completa. Me entusiasma en este tiempo desvelar cómo mis energías sutiles pertenecientes al campo de la conciencia, pueden crear realidad. La vida me abre al entusiasmo de saber, investigo en ello y disfruto compartiéndolo.   

Me produce una mayor y más infinita satisfacción observarme fascinado por la inmensidad de la verdad que me habita y que me supera, que intentar atraparla vehementemente en el estrecho campo de mi intelecto, engañado por la adicción que he vivido muchas veces por crear correlaciones lógicas. Qué bella la sabiduría del que acepta que no sabe. Suelto mi necesidad de defender o desvelarle a otro cualquier verdad. Acojo tu verdad, tal vez distinta a lo que manifiesto en este escrito. Solo sé que, dicho esto, siento como mi energía está más disponible para mí, mi sanación y mi camino hacia la claridad.

El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

El camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho

Extraigo una síntesis de los capítulos 63 y 64 del libro de Las Claves Genéticas de Richard Rudd

A veces me siento atrapado por la especulación de mi mente. Me agota mi pensamiento cuando juega a “encontrar y defender la verdad”. Debato, opino, me adhiero a la supuesta verdad y a los de su bando, enjuicio al que no la tiene, exijo al otro que cambie, me obsesiono por desvelar la coherencia de un argumento, discuto con alguien olvidando el sentimiento que nos une; me instalo en los dilemas sociales tomando partido. Reacciono sin darme cuenta que todo esto es mente. Intelectualizar la verdad, un viejo vicio del pensamiento patriarcal.

El cerebro izquierdo (un cableado para reconocer las mecánicas repetitivas) y el derecho, se siguen debatiendo entre la lógica y la imaginación. Pero el hemisferio derecho completa y eleva la mera funcionalidad del izquierdo, trascendiendo la verdad. El cero y el infinito son una aportación útil de nuestra imaginación.

Me pregunto: ¿de qué se alimenta la opinión? Los genes contienen el mapa que construye nuestra estructura del ser. Siguiendo el libro de Richard Rudd, descubro que la opinión, que se alimenta de la duda, es fruto de la desconexión de la imaginación y del sentir que se alojan en nuestro potencial del hemisferio derecho.

También veo como la vivencia de la duda genera mucha presión en el cerebro. El hecho de vivir en un escenario tan diverso y complejo, conlleva un sustrato de dolor. Seguramente sea por eso por lo que los humanos vamos tras la búsqueda permanente de certezas mentales, para evitar así sentir esta angustia. Adquirimos creencias y valores para contrarrestar la duda en la que vive la mente. Nos volvemos por ello adictos al pensamiento.

La mente humana se identifica con lo que ve, y absorbe infinidad de modalidades de pensamiento lógico, relatos y derivados. Instalamos entonces un constructo, un artefacto teórico, nos lo creemos completamente y evitamos así sentir la confusión como algo inherente a la vida. ¿Qué pasa si acepto la confusión? No resulta práctico para el ego, la identidad personal está íntimamente asociada al despliegue de la opinión.

OPINAR, UNA SALIDA DEL EGO.

La duda la reprimimos con el dogma y la opinión. Cuando se hace, construye la falsa lógica. Opinar, cuando no se abre al auténtico cuestionamiento, a la propia duda existencial, satisface las necesidades del ego. Creamos identidad (progresista, solidario, defensor de lo justo, erudito, auténtico, etc.) Cuando la mente se acostumbra a no dudar, deja de evolucionar.

En realidad, caemos en un doble patrón: el de imitar, escondiendo nuestras vidas entre actividades y pensamientos, una masiva red de seguridad completamente ilusoria creada por el colectivo para evitar sentir la situación del mundo tal cual es; o canalizar la rabia contra el statu quo o contra “el otro”, tomar la revancha contra la vida misma, defendiendo posturas, opiniones, luchando por la verdad y, en algunos casos, imponiéndola.

La duda al servicio del cuestionamiento de lo externo, despierta el canal creativo (artes, ciencia, tecnología, salud…), pero si se internaliza y se vuelve hacia uno mismo en un nivel bajo de frecuencia, puede ser destructiva. Si el pensamiento no es creativo, sirve a la duda y se va a proyectar en otras personas o en uno mismo. Aquí emerge la falta de confianza y su derivada: la sospecha, que socava enormemente al ser humano ya que, al dudar de nosotros mismos, la mente quiere tomar la rienda y ahonda más en la confusión, retroalimentándose. A partir de aquí, la mente no puede escapar de sí misma.

ABRAZAR LA INCERTIDUMBRE

Cuanto más profundizas, más complejo es todo. Si cuestionas algo intensamente, llegarás a la conclusión de que estás ligado como observador a ese “algo”, por lo cual, pierdes la posición de observador y pasas a ser experimentador, un espacio de profunda subjetividad. Ya no hay verdades. No hay opinión, solo hay comunicación de la vivencia.

La lógica humana no está diseñada para tener la certeza de nada: solo de la existencia de la paradoja. La duda no es el enemigo, sino el miedo a dudar. La única respuesta satisfactoria es la que desafía a la lógica. Cuanto más abrazamos la incertidumbre, más cerca estamos de la trascendencia. EL humano hace el viaje del cuestionamiento, pero la resolución final está fuera de la lógica. La verdad llega como una iluminación y no como una respuesta.

EL CAMINO DEL HEMISFERIO DERECHO

Si sigues más adelante, entrarás en los dominios holísticos de la síntesis. Aquí todo está afectado por todo, lo cual te empuja hacia el espacio de tu mundo interior. En este lugar ya no hay cuestionamiento, hay revelación.

La confusión es un estado vibrante de potencialidad. El cuestionamiento orientado a preguntarnos por nuestra naturaleza nuestro ser, nos empuja a elevar el espíritu, como han hecho los caminos del yoga y el tantra que han buscado unir la fisura humana interna y de tomar la aceptación de lo que somos respectivamente.  

Para tomar el camino de la mano izquierda o del hemisferio derecho se me ocurre sugerir:

  • Permítete sentir el dolor y el milagro de la transformación comienza.
  • Acepta sentir y pensar desde la duda y reconocer el caos de la vida misma.
  • Conecta tu garganta a tu corazón, acostúmbrate a expresarte desde el sentir en cada presente.  
  • Sé honesto: cuanto más aprendes, más preguntas se abren.
  • Espera a que la verdad te encuentre. La verdad no es un elemento que sacia la lógica. La verdad es un acontecimiento, una epifanía.
  • Abandona la obsesión por la verdad y su defensa, y entrégate a la poética del azar.
  • Sé paciente, no reacciones, evoluciona de acuerdo a tus propios plazos.
  • Confía y acepta que te llegará la luz, que eres portador de estados de claridad que emergen de tu propia genética y tu conexión con tu ser.
  • Abraza la confusión y activa la imaginación creadora, el portal que trasciende la verdad.

No hay nada que no sea verdad, porque lo que sucede y sientes en cada momento, es verdad. La verdad está aquí y ahora, pura e incorruptible, en cada presente, en cada estado de vida. Es eterna, pura, imperecedera, y tan simple como hermosa. La verdad es tu estado natural, un espacio a la deriva, una inmersión total en tu ser. Es el eterno momento del presente. Existe claridad en el espacio de la luz interior. Fuera de ella aparece la confusión.

LA IMAGINACIÓN CREADORA

Nuestra genética es una enciclopedia digital de la consciencia. La imaginación es la expresión de la fuerza de la vida sin impedimentos a través de tu genética. Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Ser lo que auténticamente eres, permite desactivar los mecanismos de la mente y activar las puertas hacia la manifestación de tus dones. Poner la fuerza en las cualidades del ser, cortocircuita el atrapamiento del cerebro izquierdo.

Para ello: priorizo lo que siento en el puro presente; pongo la palabra al servicio del corazón en todo momento; escucho si mi reflexión se dirige al crecimiento de mi experiencia o responde a la opinología, a mi rabia o a la imitación; doy pleno valor y potencia a los estados modificados de la conciencia;  practico la visualización creadora para construir mi realidad; abrazo la vía del yoga y el tantra; practico la expresión libre, original y artística; amplifico los estados de alegría; experimento la indagación de las emociones y de mis miedos en la tribu.   

LA CONQUISTA DEL HOMBRE LIBRE

LA CONQUISTA DEL HOMBRE LIBRE

Después de que hace dos años se desvelara para mi toda la rabia que tenía paralizada dentro con mi padre, hoy puedo decir que he completado un camino. Así lo siento tras el sueño que he vivido esta noche. Ha sido un itinerario largo con episodios difíciles. Un auténtico viaje terapéutico con la ayuda de personas queridas y con entradas en la profundidad del dolor. Pero hoy me llega una sensación de sanación. Me he visto con mi padre en un lugar nuevo. Me confirma que algo se ha cerrado. Siento más paz conmigo y algo en mi se ha completado.

Alfredo volvía a casa borracho, como era habitual. Pero esta vez ya no lo recibía en casa el niño temeroso y paralizado, sino que le recibía yo, el hombre, en un lugar de madurez y templanza. Era capaz de verlo con una mirada natural, de adulto a adulto. Llegaba dando tumbos, tal y como recordaba desde mi niñez, muy deteriorado, descamisado y sin poder articular una palabra comprensible. Esta vez llegaba a casa, pero yo lo recibía sin el caudal de miedo y rechazo que tantas veces sentí de niño. Estaba mi madre en casa y mis hermanos, aunque en esta ocasión tomaba mi movimiento y me acercaba a él, sintiendo mi fuerza. Lo miraba con profunda compasión y con aceptación. Ahí tenía delante a un hombre que elegía ahogar sus miedos y frustraciones en una pendiente infinita de abandono al alcohol. Si, él lo elegía.

En este instante puedo experimentar una leve sonrisa en mi boca. Algo nuevo se abre. Por primera vez experimento una especie de complicidad. Mi adulto entiende el desastre emocional de este otro adulto, mi padre, y puedo observarlo sin que se me apodere la rabia. ¡Uf, cuanta rabia almacené durante años contra el hombre que me negaba un legado sano de masculinidad, paralizaba los estados emocionales de la familia y hacía sufrir a mamá! Ya la puedo soltar.

Ahora le acompaño a la cama y le ayudo a acostarse. Sin drama. Me devuelve una mirada cómplice y una sonrisa. Me arranca una cierta ternura. Lo tapo con las sábanas. Él se desabrocha la ropa dentro de las sábanas. Está a gusto. Solo quiere dormir una noche más, feliz en su evasión. Entiendo que es la vida que ha querido tomar para sortear sus incertidumbres, sus impotencias vitales. No necesito pensar más, es así, acojo las cosas como son, las acepto. Todo está bien.

Salgo de la habitación. Me invade algo distinto. Suelto una carga atávica. Ahora dejo atrás las ataduras de lo que el dolor y el rencor se empeñan en dejar pendiente y atraparte toda una vida. Ya puedo elegir el hombre que quiero ser. Ya obtengo el permiso interno para soltar cualquier lucha con lo masculino condicionado. Ya he resuelto, más allá de los ojos de mi madre, que durante tanto tiempo configuraron mi forma de ver a papá y de sentirlo porque, tal vez, necesité sujetarme en ella.

Conecto mi sueño con la inspiración que la última búsqueda de visión tuve sobre el hombre libre. Decretar que soy un hombre libre, ahora cobra una fuerza especial dentro de mí. Una auténtica sensación de poder me invade, poder para ser. Nada más y nada menos.

Si, soy un hombre libre. He tomado el sitio que he elegido tomar respecto a los hijos, las parejas, los compromisos laborales y el amor a mi cuerpo, que me otorga una dichosa alianza con mi salud. Soy libre para estar en medio de la naturaleza cuando esta me reclama y sentirme uno con ella. Libre para amar a corazón abierto a quien quiero y cuando quiero. Soy libre pensador, siento mucho gozo cuando conecto mi pensamiento al conocimiento espiritual. Soy un alma libre, un poeta de mi propia biografía. Amo lo que soy y lo que se esconde de mí, temeroso de ser visto. Amo mi herida y mis dones. Me abro al placer del puro presente, sin que mi cabeza tenga que ir a ningún compromiso u obligación más que la que me dicta el amor a mí mismo y el cuidado sustancial a las personas que amo. Soy un hombre libre, soy un hombre. Doy calor como el sol, pero no aprieto, no agobio. Otorgo el alimento de mi presencia. Me levanto sobre mí mismo, me elevo y arriba me puedo mostrar brillante, con mis propios ciclos y mis retiradas. Me conformo con lo que soy, disfruto mucho con mis dones. No juzgo y renuncio a llevar la razón. Me rindo y en ese rendirme, soy el hombre absoluto que quiero ser. Despierto cada mañana y anhelo para ese día justo lo que nombra mi deseo. Disfruto con mi movimiento singular, instintivo, individual y auténtico. Me abro al amor sin miedo, en las formas, tiempos y personas que quiero. Suelto lo que no va conmigo, lo despido y agradezco. Medito, descanso mi cuerpo. Amo el placer cotidiano, sin expectativas inflamadas.

Amo el placer de ser. Celebro a cada instante la comunicación auténtica con cada corazón que me aparece delante. Me otorgo el placer de comer y disfrutar con mi cuerpo al sol, al viento, al universo. Amo el placer de amar y el de encontrarme con otro cuerpo femenino, bello, elegante, profundamente sensual, despierto y con el corazón disponible. Me descubro cada día en mi capacidad parar abrirme a nuevos “darme cuenta”. Profundizar en la conciencia, la belleza de la vida y su trascendencia infinita. Soy un hombre libre, me amo porque no necesito nada y me entrego a todo; porque lo necesito todo y me entrego a lo que me da la gana. Soy bello por dentro, me lo reconozco y emano con naturalidad mi alegría hacia afuera. Es mi abundancia.  

Invoco mi corazón ardiente y mi sol en mi pecho. Invoco la capacidad para estar amorosamente presente a cada instante, con cada persona que me agrade o que me rete. Que me vea o que me provoque en mis fibras sensibles. Soy un hombre libre, así me parieron, así lo elegí desde el instante uno. Mi única dedicación es darme a lo que siento que necesito, sin entregarme a nada extraño, impostado o ajeno a mi propósito, nada que no sea la experiencia de amarme a mí mismo y amar la vida en sus múltiples formas. Me amo. Me parece fascinante el trabajo de desvelar mi corazón y darle su máxima amplitud en la entrega a la vida, al amor y a mí mismo. Me entrego a mi propósito de desvelar mi mejor versión y abrir las puertas a la percepción, la alegría, la danza instintiva, a la acogida tribal, al viaje de la conciencia, a la penetración del inconsciente, al viaje del placer, a la comunicación alegre y creativa, al encuentro humano profundo, a la emoción, a la vida.

Soy un hombre libre, por eso decreto la experiencia del absoluto presente. Porque soy un hombre libre escojo la constante comunicación con mi deseo en el aquí y el ahora, que elige en cada momento como manifestar su ser, como expresarse y manifestar el amor allá donde está. Invoco la generosidad, la abundancia y la entrega en el acto de ser honesto y coherente conmigo, salvaje, para que se despierte el magnetismo del ser que se completa a sí mismo, y atraer otras presencias que elijan esa misma cualidad: la del ser que se completa y se manifiesta a sí mismo.

FUISTE SALVAJE UNA VEZ, NO TE DEJES DOMESTICAR

FUISTE SALVAJE UNA VEZ, NO TE DEJES DOMESTICAR

Muchas veces digo eso de “necesito fluir”. Me doy cuenta de que con esto quiero asegurarme de que lo que hago, el tiempo del que dispongo y mi energía, estén auténticamente en sintonía con lo que deseo. Cuando es así siento que experimento más felicidad. Entonces la vida se vuelve mi aliada. Por lo tanto, ¿como definiría qué es esto de fluir? Para mi es otorgar la máxima calidad a la experiencia. Asegurarme de que lo que vivo, lo hago en un lugar de conciencia clara y en conexión con mi escucha y mi deseo auténtico.

Fluir es como estar en buena sintonía con el ahora y con el placer. Estar en absoluto presente, sin interrupciones, sin mucha mente, pero consciente y plenamente perceptivo hacia lo que estoy experimentando. Mihaly Csikszentmihalyi, intentó definir esta experiencia concretando una psicología de la felicidad.

No me preocupo por lo que quiero llegar a hacer o a ser, sino que pongo el foco en la experiencia, en “estar siendo”. Lo que acontece ahora, se vuelve interesante e intenso. Empiezo a fluir.

Si la energía de mi psique es óptima, no está excesivamente entregada a las tareas o la distracción, si no es arrastrada por la ilusión, entonces me otorga un orden en la conciencia. Aquí es donde descubro que experimento una escucha física y emocional de la experiencia, de lo que acontece aquí y ahora.

Un efecto habitual del comportamiento fijado en el carácter es la distracción, la reacción y la pérdida de contacto con el cuerpo. La energía queda así secuestrada por la personalidad. Olvidamos la auténtica intención que funda nuestro deseo. Nuestra forma de ser adquiere rigideces que se traducen fisiológicamente en corazas o armaduras. Son las tensiones, los bloqueos posturales, los automatismos del cuerpo, la falta de salud, de flexibilidad, etc., que inhiben la vida del cuerpo. Es una energía que no ha logrado descargarse por la contención del ego que sigue patrones de supervivencia desde el miedo y la escasez. Aquí subyace parte de nuestra incapacidad para fluir.  

Existen varias vías para la mejora en la calidad de nuestra experiencia, vías que ordenan nuestra energía psíquica y corporal haciéndola más óptima. La vía de la atención, la vía de la sanación emocional y la vía de la sensación. Sentir en un orden más perceptivo y saludable. Enfocarnos en niveles de conciencia más claros e involucrar al cuerpo y su sabiduría.

EL TRABAJO CON EL CUERPO: salir de lo domesticado.

En el cuerpo convergen la vida y el espíritu, dos voluntades no domesticables. El cuerpo, cuando le damos permiso para movilizar la energía y las memorias contenidas, reproduce por sí mismo estados de liberación que disuelven las funciones del carácter, procurándonos cambios internos y recuperando la función de la espontaneidad asociada al placer. La salud emocional y el desbloqueo físico van parejos y conducen a una mayor disponibilidad de la energía psíquica y espiritual.

La contracción muscular, el dolor, la pérdida de flexibilidad, la falta de sensibilidad en áreas del cuerpo, son síntomas de la rigidez emocional. En la fisonomía se manifiestan las carencias que desde la infancia arrastramos por la desatención a las necesidades y los deseos específicos. El ego, que se aleja de la sensibilidad emocional, nos aleja a su vez del propio cuerpo, separándonos de la creatividad y del gozo.

Al alejarnos del contacto real con la sensibilidad, nos resistimos a que la vida fluya espontáneamente a través de nosotros. El cuerpo busca naturalmente el placer en sintonía con la energía sexual. Reencontrarnos con la sensibilidad es mágico: se traspasa la rigidez y accede al placer de la liberación organísmica. Este es el objetivo del trabajo con el movimiento expresivo y la bionenergética.

Somos energía disponible. El bienestar emocional y la energía interna están en proporción directa. La adecuada disponibilidad de esta energía permitirá regular nuestro placer y viceversa. El cuerpo es un aliado para rescatar la unidad interna. La garganta, la pelvis, los brazos, la respiración, la descarga energética, nos permiten canalizar y expresar de forma que podemos volver a conectar los centros separados: la mente, el corazón y los genitales. El cuerpo da mucha información sobre todo esto: la forma de pisar, la sensación de arraigo, la facilidad para el contacto con otros cuerpos, el estado de alerta o de abandono, como se incorpora la expresión en la comunicación, la tensión de la mandíbula, etc.

Es necesario recuperar la sensación de estar completamente vivos. El cuerpo devuelve el realismo a la vida cotidiana. Te vuelves más propioceptivo. Nos reencuentra con el sentir, la función que permite ser fieles a lo que nos sucede y no evadirnos en fantasías que no nos pertenecen. Comenzamos a fluir. En este camino de sanación, las diversas fijaciones completan su homeostasis, su equilibrio interno final. El tipo esquizoide, recupera su derecho a existir de manera segura; el tipo oral, su derecho a estar seguro en su propia necesidad; el psicopático a ser autosuficiente; el masoquista a ser independiente; y el rígido a recuperar su derecho a desear y procurar la satisfacción.

La experiencia óptima es autotélica, poderosa, salvaje.

Significa que yo identifico mi propósito, me doto de las experiencias que necesito y completo la satisfacción a través de mi movimiento único. Cuando me sano a través de mi cuerpo, percibo que tengo muchos recursos internos para sentirme bien, para absorber permanentemente estados de gozo. El cuerpo lo domestiqué, pero si lo libero, despiertan todas las energías de la naturaleza que me recuerdan cual es mi origen, en conexión con el sentido del ser.

Para mi fluir tiene que ver con atreverme a ser salvaje, es decir, a no controlar la experiencia, no atar el presente, ser permeable a lo que acontece a través de mi sentir no condicionado. Vivir liberado de los miedos, es tomar la osadía de permitir que cada instante, cada emoción, cada acontecimiento, me sorprendan en su forma única, y entregarme a esa experiencia abarcante. Estar abierto a la vida con la certeza de que nada me puede hacer dimitir de ser yo mismo, aquí y ahora, en plena conexión con las energías primordiales que nos animan a todos/as: la energía para vivir, para sentir, para estar presente, para amar y para manifestar lo que soy.