Abrazo mi sombra en ti

Abrazo mi sombra en ti

El conflicto en la relación que inflama los egos es una oportunidad para abrazar la sombra. Suele ocurrir que las personas implicadas en el desencuentro quedan ofendidas cada cual por sus motivos. Parece que emerge un tiempo de espera para restituir con nuevas habilidades de diplomacia el agravio acontecido. Si bien esto es una opción que queda en la superficie de la relación.

Frases en la mente como me ha utilizado, me ha maltratado, me ha excluido, no me ha cuidado, ha roto mi confianza… hablan de la ofensa del ego que exige al otro o a la otra un tiempo de reflexión, una mirada diferente, unas palabras necesarias para saldar el daño.

Cuando traemos este conflicto entre dos, a la sala de trabajo aparece una lupa que amplifica el detalle y nos permite ir más allá de la sensibilidad herida: nos permite entrar en el reconocimiento de la herida y el acto de poder.

Le doy valor igualmente a la posibilidad de aprender a escuchar al otro con su sensibilidad, aprender a pedirle al otro como quiero que me trate, y como quiero que me escuche. Aprender a cuidarme yo en mis relaciones dándome cuenta de mis límites, verbalizando mis límites para que los escuche yo y los escuches tú.

El otro parece el otro, el origen del conflicto por la relación. Si bien el otro es en realidad un escenario que yo construyo para ponerme en juego y desplegar mi conflicto interior.

Lo repito con otras palabras: yo misma desde mi inconsciente busco a la persona o personas adecuadas como ayudantes en la emergencia de mi conflicto interior. Se visibiliza mi pelea interna que es una defensa de un lugar de vulnerabilidad que me da miedo habitar. Me aterroriza. Le aterroriza a mi ego, el tirano que reina en mi psique cuando yo no quiero atravesar mis vulnerabilidades y recurro a la defensa como automatismo. ¡Me defiendo!

Hiere mucho por eso lo pongo fuera.

Digo hiere, y no digo que duela. No es dolor. Es quemazón insoportable, escozor, irritación, es veneno, son ganas de vomitar, es fiebre, es obsesión. Pero no es dolor. Cuando duele me convierto en un ser humano que siente su vulnerabilidad, soy una con lo que siento y el otro deja de tener el foco de mi energía, porque mi energía la necesito para sentir lo que estoy sintiendo, todo mi cuerpo la reclama cuando lo encarno sin huidas a mirar de frente mi herida que ha sido tocada y a tomar el poder de abrazarla con amor propio, con paciencia, con presencia, con compañía interna.

Puedo elegir la oportunidad de abrazar la sombra que el otro (o la otra) me facilita articular, ponerle cara, ponerle nombre, comprobar los estados donde me lleva, y elegir minimizar el sufrimiento, salirme de la película… ralentizarla, ir más lento para recuperar el poder de la presencia y toda mi capacidad de darme cuenta.

Ahora vamos más lento.

Estamos en el taller de Procesos para la Transformación Personal, un espacio creado en Buhosfera para vernos todos y todas, incluso los facilitadores, quienes por ser 3 nos permitimos salirnos del rol completamente si el trabajo lo pide, lo cual suele ser un regalo.

Llega a la revisión una escena de la convivencia ocurrida el mes pasado el domingo a la hora de comer. Hay queja en el trato. Hay mucha irritación en una de las partes implicadas. La otra está ahora en la calma observando por dentro todo lo que se mueve. En el momento de los hechos ambas partes se mostraron enfadadas y con contención para no desatar y expresar la ira directa.

Con una voz cargada de dulzura y amabilidad, poniendo mucho verbo para tomar el centro de atención con contundencia y agarre, diciendo aquí estoy yo sin decirlo directamente, expresando rabia camuflada en dignidad y adornada con una petición formal de diálogo orientado a recibir una merecida disculpa traspapelada en la bronca de origen.

La rabia se hace presente en mi plexo. ¿Le damos el espacio a esta noble emoción? Esta emoción que viene a darle fuerza a nuestros límites en la relación con los otros y que posee el poder de la serenidad para desde las tripas darle soporte a toda la energía sutil del corazón.

¿O seguimos camuflándola para que parezca que somos bondadosas personas que no se enfadan y que conocen y respetan los canales amables de la sociabilidad, evitando los conflictos que nos hacen despertar nuestros dones ocultos en el instinto reprimido?

Yo soy amiga de las emociones que entran en la escena para traer al instinto a su lugar de sabiduría natural.

La rabia está llamada a desalojar las razones de la cabeza y a tomar el vientre para devolverle la fuerza útil como tierra firme donde generar autoapoyo. En su versión más integrada, la rabia es soporte sereno con variadas utilidades, entre ellas está la expresión de nuestros límites a nosotros mismos y a los otros, si bien la rabia es la energía del hígado que nutre al corazón y por eso nos sirve para tomar la serenidad que le da expresión a nuestra vulnerabilidad, que le da expresión al amor y al deseo, que suelen ser las hazañas humanas que requieren mayores riesgos de exposición. La rabia es nuestro leal animal de poder que regresa a su sitio adecuado en el cuerpo físico cuando le damos el reconocimiento en nuestra vida.

El niño malo que se queda sin el amor. La niña mala que no es digna de la ternura. Elaboradas formas sociales de manipulación del instinto que nos distorsiona la autonomía, la fuerza, la perseverancia, el coraje, y el suelo firme donde construir nuestros sueños de amor y libertad desde la originalidad del ser.

Hoy no quiero facilitar trabajos de diplomacia. No quiero que los niños hagan esfuerzos por ser buenos, se pidan perdón por el mal comportamiento y así volver a recibir el amor condicionado, así una y otra vez hasta que el instinto queda enjaulado y encerrado en el sótano, y con él todo su poder.

Hoy quiero que os miréis a los ojos y observéis que sóis un espejo el uno de la otra. Resonando en esta herida en la autonomía que te aleja del uso sereno de la energía del instinto.

Cuando te abrazo, abrazo mi herida reflejada en ti y la traigo a mi corazón. Te abrazo a ti quien ha tocado mi herida y ha actualizado el dolor. Este hecho es una gran oportunidad de elegir el amor propio a través de la relación. Amando a mi niña que llamaron mala porque poseía un animal salvaje en las tripas con un sofisticado instinto para orientarse de manera natural. Amando a mi niño que acusaron de malo porque tenía un radar infalible en el olfato de su instinto y por este motivo no se dejaba manipular.

Maithuna. Ceremonia de unión sagrada.

Maithuna. Ceremonia de unión sagrada.

A nuestra convocatoria de Maithuna hemos acudido 6 parejas. Le vamos a dar un gran tiempo de preparación hasta entrar en la entrega al amor y la unión sexual. Nos movemos con la premisa de que antes de hacer la fiesta es urgente limpiar la casa. Esto significa que atendemos la sombra para darle un sitio y que así se sienta vista, aceptada, y en el momento del Maithuna nos permita un soporte de serenidad donde generar el vuelo hacia el gozo y el éxtasis y otros estados elevados del sentimiento, la visión, la conexión.

Cuando nos acercamos al Tantra la primera etapa es la sanación. La conciencia en la sexualidad enciende un foco extraordinario de claridad que visibiliza todos los patrones, la herida, rompe todas las expectativas que hayamos generado en torno a las mieles del deseo y el placer o el romanticismo de la pareja. Este choque a la expectativa libera espacio para el vacío y la meditación que requiere la presencia en la unión sexual. Y muchas veces esta liberación desata la frustración y la defensa o el dolor y la vulnerabilidad. Si aceptamos nuestra vulnerabilidad abrimos una puerta a la sensibilidad que se convierte en un trampolín al misterio. Si armamos nuestra defensa le damos el poder al ego y vendemos el alma al diablo temporalmente, retirándonos del viaje al corazón. A veces la inflamación del ego nos facilita vivenciar intensamente nuestra rigidez para comprobar cómo nos atrapa en el sufrimiento y nos enreda en un bucle mental en busca de una solución al conflicto que no está en ese plano. Realizar esta comprobación sirve para soltar la energía que le damos a los rasgos automáticos de la personalidad y volvernos más livianos, ligeros, desapegados.

Iniciamos en círculo en torno a una vela. Emerge un silencio prolongado en el tiempo donde percibo mucha escucha y poco miedo. La mente se calma como un lago sereno. El amor, ese disolvente universal del miedo, está presente en abundancia en las parejas convocadas. Me regocijo de abrir la palabra en ese lugar de presencia amplificada donde cada sonido de la voz se escucha profundamente. Agradezco el privilegio de formar parte de esta aventura de la conciencia donde vamos a tomar el deseo sexual como impulso para el viaje espiritual. Devolviendo al sexo su sitio de inocencia, magia y pureza.

Desde la primera expresión empezamos a acercarnos en grupo a la intimidad de cada pareja y de cada persona. Se desvela la necesidad de habitar conflictos con delicadeza y cuidado para que se conviertan en desafíos y espacios de crecimiento. Poniendo en marcha el verdadero potencial de la polaridad hombre-mujer: limpiar los patrones de sufrimiento heredados, elegir  con responsabilidad y honestidad no perpetuarlos, despertar al poder del dios y la diosa, crear la realidad del corazón, reconocer el lugar de transmutación y de iluminación de la energía sexual, encontrar las fuentes de satisfacción y de éxtasis en el interior.

A Alfredo, Juan y a mi nos encanta este trabajo de despertar del corazón en pareja, transitando todos los estados que emerjan, nombrando toda la sensibilidad, la vulnerabilidad, el deseo y el amor. Respirando la defensa también cuando sale, con su carga de rabia, dejando que ocurra la explosión para luego ir integrando la información desvelada y retomando el diálogo sereno con empatía y escucha.

Proponemos un trabajo que consiste en proyectar la sombra física en la pared con varios focos. Cada pareja observa qué muestra su sombra conjunta: la figura masculina y la femenina en proximidad como formando una expresión de la dualidad completa.

Cuando miro la sombra de mi pareja me doy cuenta que mi pareja tiene sombra, me doy cuenta que esa sombra es una parte de mi pareja pero no es todo lo que es. Esta comprensión me da poder para observar con más curiosidad y compasión los movimientos inconscientes del otro. En la sombra percibo muchas cosas: lo que no me gusta del otro, y también lo que permanece oculto, como su poder personal, sus dones no manifestados plenamente. Abre mi corazón observar la sombra del hombre y ver su fuerza, la templanza para sostener todo mi caos emocional con su pecho sobrio y tranquilo… en su sombra veo este poder intacto y extraordinario. Intuyo ahora que lo que verdaderamente me provoca atracción por el hombre es poder contar con este soporte para abrir completamente y sin miedo la caja secreta de mi feminidad, donde viven las fuerzas salvajes y caóticas de la Naturaleza, donde vive la magia y el poder infinito del corazón para la total transformación, donde habita una fuerza visceral llamada a restaurar el orden natural que nada tiene que ver con la moral, la cultura o la razón.

Si me alejo del otro mi sombra se hace más grande que la de él y en esta configuración observamos patrones cuando nos alejamos de la relación de igualdad. Yo siento que si soy más grande que él me desapego y pierdo el interés, me enfrío, no encuentro el sentido a la relación. Cuando él se aleja de mi y su sombra se hace más grande que la mía me doy cuenta cómo no tengo más ganas de experimentar roles de superioridad o inferioridad, que en ese caso, tomo mi soledad. Esto me centra en mi. Ya no quiero agarrar a la pareja por huir de la soledad. Puedo transitar mi soledad y respirar todos mis estados. También renuevo este pacto con mi sombra: me quedo contigo, sombra, sin pedirle al otro que se haga cargo de ti porque yo no quiero transitar determinados estados que me cuento a mi misma que son insoportables. Aprendo a quedarme en todos mis estados sin entrar en el juicio y la interpretación de la realidad.

La huida es un estado de negación de lo que siento, y no me ayuda. Quedarme es casi una renovación de la encarnación en el cuerpo físico, que me permite experimentar el gozo y me permite experimentar el dolor.

Se mueve el contacto con la sombra proyectada en una figura presente, delimitada en su forma, que puede hablar con nosotros. A veces es un juego inofensivo y a veces presiona de pronto, desvelando una realidad que estaba oculta hasta el instante mismo en que se siente vista y descubierta, y el otro lado de la pareja toma presencia, recordando la memoria que sigue presente hoy, y todo el poder que por miedo aún no abrazamos como propio.

Cuando observo la sombra de Fer, mi pareja de tantra en este viaje, también veo a mi hombre interno, algo que me pertenece. Mi hombre interno me pertenece y Fer no me pertenece. Puedo ver la diferencia con un efecto visual muy contundente como es la sombra masculina proyectada en la pared. Tantas veces en mi historia personal volcada hacia fuera buscando el amor del hombre cuando esa energía está en mi interior también, en la cara oculta de mi misma.

Así discurrimos la primera sesión de trabajo personal en diálogos con nuestras sombras y con nuestra pareja, clarificando con la conciencia.

Empiezan a emerger la fragilidad ancestral de varios tipos: el hombre buscando la libertad, la mujer conservando el amor y ambos entrando en lucha. El hombre que aún no ha completado su masculinidad con firmeza y voluntad y la mujer que se aferra al control en lugar de vivir la entrega a su corazón transitando todos sus estados con el magnífico poder que le procura su feminidad, confiando en el pecho del hombre como lugar templado donde apaciguarse.

Al día siguiente vamos a invitar a una práctica de tantra en pareja que recorre la meditación, el masaje y la danza, antes de llegar al Maithuna, donde nos internamos en la relación sexual en pareja ocupando la sala, encontrando espacios de intimidad en la cercanía.

Comenzamos la mañana con un círculo de escucha y presencia. El centro es ocupado por cada pareja que lo toma para mirarse a los ojos y abrir la palabra en este lugar de conciencia acrecentada, mientras el resto contempla ese momento en silencio. El hombre ve a la mujer y la nombra, la mujer al hombre y lo nombra, y el grupo ve a la pareja y escucha.

Respiro y te veo, poniéndole verbo al corazón. No me invento nada que no esté presente, cuando ocupo el círculo es mas difícil decir desde el ego, suena a falso directamente, todos ven como huyo de la presión de estar presente. También emerge la sensibilidad al tener la seguridad que soy vista y no tengo que hacer piruetas egoicas para llamar la atención, aquí y ahora tengo toda la atención.

Nombro mi entrega y desnudo mi corazón. Invoco el juego de los amantes.

Así con un ritmo sin tiempo pasan todas las parejas por este espacio de presencia y reconocimiento.  

Ahora cambiamos. Nos colocamos frente a frente, sentados, hombre y mujer y generamos un vórtice de movimiento llevando la cabeza ligeramente hacia abajo chocando con el otro, y volviendo al ascenso. Describiendo una copa: huwa, la copa del amor.

La respiración toma un ritmo entrelazado que en muy poco tiempo nos transporta al trance. Vamos cambiando de postura hasta llegar a YabYum, donde las mujeres nos sentamos con las piernas abiertas en el regazo del hombre que permanece en posición de loto con el sacro levantado por un cojín. Aquí damos espacio al intercambio de alientos, a veces cortando totalmente el aire que entra del exterior por la comisura de los labios y creando un circuito microcósmico de energía entre los dos amantes.

El viaje de la respiración disuelve la mente y crea las condiciones para el éxtasis. La meditación  nos libera de la identidad, la expectativa, los roles repetidos como los pasos a seguir para conseguir objetivos considerados mejores que otros… todo eso se desprende con el huracán que genera la presencia en la respiración, el viento lo revolea todo y sólo permanece lo natural del cuerpo y lo natural del amor.

Me siento como una adolescente en plena ebullición. Estoy gozando con Fer en este juego de presencia. Miro de soslayo a Juan con su shakti narrando la propuesta para todos y entregado a su propio sentir al mismo tiempo. Es un momento de abundancia. Se abre mi corazón a sentimientos oceánicos, gratitud y amor.

Ahora emprendemos una sesión de masajes. Yo a ti, tú a mi. Yo guio con mi palabra el masaje que le damos las mujeres a los hombres. Alfredo guía el masaje que le dan los hombres a las mujeres. Nos dejamos inspirar por la sensibilidad, la sensualidad, el encendido del fuego del lingam en los hombres para calentar su corazón y permitir el sentir, el encendido del fuego del pecho en las mujeres para abrir su yoni al misterio del viaje tántrico. Vamos recorriendo con el tacto el ascenso de la energía kundalini por todos los chakras, tomando el lingam, el yoni, los pezones y los pechos para expandir la energía sexual creando una envoltura luminosa que nos transporte por dimensiones desconocidas del amor, la visión y el éxtasis.

La borrachera de la sensualidad se convierte en cada instante en estados de gratitud, gracia, gozo, desapego del deseo que posibilita la experiencia del placer sin formas en fusión con la totalidad, el desprendimiento de programas románticos de modelo de pareja, de modelo del amor, y de roles tan instaurados en la sexualidad sin los cuales aparece la angustia del vacío, y la interpretación de la ausencia de deseo como peligrosa para el vínculo. Estamos aprendiendo a dar saltos cuánticos, abrazando el misterio, incrementando la presencia cada vez que se cae algo conocido que resultaba imprescindible, observando como regresa la confianza natural en la sabiduría del cuerpo y del corazón. Como si pudiéramos volver a ser niños y niñas en la sexualidad, sin prejuicios, sin creencias, sin modelos, sólo sintiendo lo que hay en cada instante, y aceptando lo que no hay como una configuración perfecta y abundante del presente, sin interpretaciones de la realidad desde lo mental. Recuperar la naturalidad en la sexualidad es darle el poder a la esencia de amor universal.

Está llegando la hora de invocar al dios y a la diosa, y manifestarlos en nuestros cuerpos bellos, adornados con atuendos inspiradores y algún adorno, maquillaje o pintura en el cuerpo o cara. Nos disponemos con apertura.

Creamos el altar de la pareja con elementos elegidos con conciencia, donde haya sitio para nuestra unión sagrada, la luz de una vela, animales de poder, flores, fotos, telas, objetos de poder.

Iniciamos el círculo de presencia, donde ofrendamos la energía sexual que estamos despertando y que seguiremos moviendo en el Maithuna. De nuevo creamos las condiciones de meditación, silencio y escucha para que cada pareja tome el centro y exprese honestamente qué le pide a su energía sexual: abrir el corazón, experimentar el éxtasis, abrazar la sombra, habitar la vulnerabilidad, volar con el sentimiento, abrir la visión, jugar, reír, gozar, estar presente en todo lo que la energía sexual traiga, invocar al dios- diosa. Lanzar invitaciones al compañero/a de tantra en esta noche que se inicia.

Te invito a la lentitud de la caricia. Te invito a la mirada a los ojos y a nombrar los sentimientos que ocurran en el corazón. Te invito a darle un sitio de amor a la vulnerabilidad cuando emerja. Te amo, me amo. Estoy disponible para volar, para sentir, para ser, para llorar, para reír. Invoco a la diosa que hay en mi, reconozco al dios que vive en ti.

Comenzamos con una cena que recibimos en la sala en el espacio de cada pareja. Está compuesta por un plato donde hay carne, pescado, cereales y verdura. Le acompaña otro plato de postre con fruta y chocolate. Cada pareja ha traído una única copa para ambos y una botella de vino. La propuesta ahora es comer lento, oler la comida, darse de comer mutuamente con las manos o la boca, darse de beber mutuamente, fluyendo con juegos que puedan aparecer, lamer, chupar, abrir los sentidos, encender el deseo como punto de partida a través de la sensualidad y seducción de los alimentos y el vino.

Yo te miro a ti y tú a mí. Rodeados por otras parejas que se miran mutuamente.

La lentitud tiene la cualidad de disolver expectativas e invocar más presencia a lo que hay. La expectativa en la sexualidad exige algo que falta y que debería ocurrir cuando no ocurre. La lentitud le pide a la expectativa que se marche y que se convierta en presencia. A veces este proceso puede generar frustración y vulnerabilidad.

Fer, mi compañero de Tantra quiere darle las gracias a cada alimento que degustamos, honrar a los animales que quieren formar parte de nuestra nutrición y que dieron su vida para estar en nuestro menú. También a los cereales y verduras. Toma su tiempo a ponerle palabras a este reconocimiento.

La comida se convierte en un entrenamiento para la paciencia y la gratitud del presente. Mi ego empieza a sentirse confrontado porque ya quiere pasar a la fase de unión sexual. Respiro toda esta bipolaridad: quiero estar presente en el ritmo de nuestro encuentro y quiero tomar la unión sexual de nuestros cuerpos.

Me alivia cuando tomamos un alimento con la boca y lo compartimos, terminando en el beso húmedo, con sabor a croqueta de polenta y champiñón, acompañado de risas. Nos desprendemos de la ropa.

En el rincón del noroeste un Shiva se queda solo en un trance de carcajadas cuando su Shakti va un momento al baño. En ese instante nos contagiamos todos de risas, quizás sin sentido, salvo por el hecho de que a través de la sensibilización brota el gozo y las ganas del disfrute completo. Yo me río contemplando en el rincón del noroeste de la sala una figura masculina que se está riendo. Me parece  un espacio onírico. La risa le puede a la razón y entonces se abre la inocencia de sentir lo que siento, sin ponerle cabeza.

Cuando ella regresa continuamos un rato de risa que nos ayuda a seguir presente sin empujar a supuestos lugares donde la pareja que se ha citado para hacer el amor debería entrar ya –desde planos mentales- por el tiempo que llevamos simplemente dándonos de comer y beber. Considerando además que el contenido del plato es pura sobriedad, ya que su composición está destinada a avivar los sentidos y no a llenar el estómago.

El Maithuna es una convocatoria a la sexualidad lenta y el amor sagrado orientada a entrar en espacios sin mente, sin tiempo, sin expectativas, sin roles, sin ego, y abrir el corazón, se hace con tu pareja en un grupo compuesto por parejas, con lo cual la energía del intento es realmente poderosa y cada pareja penetra un viaje personal que requiere ser integrado al día siguiente para darle toda la comprensión a la experiencia… la energía kundalini está convocada para los amantes en un trabajo profundo que responde a un sabiduría misteriosa de sanación completamente salvaje fuera de los parámetros mentales. Nos incluye a los facilitadores que acudimos al círculo con nuestras parejas de tantra y con disposición a estar presente a todo lo que se manifieste.

Mi trabajo en primera persona comienza a hacerse muy visible en mi cuerpo y emociones cuando echo un vistazo a la sala, como licencia que me permito al ser facilitadora, y compruebo que uno de mis compañeros de trabajo está inmerso en la unión sexual con su respectiva shakti. Me gustaría estar en esa fase con Fer para sentir que soy guía para el grupo y me gustaría acoplarme al ritmo de mi compañero generando energía grupal, si bien Fer no está disponible aún para esta unión. Shiva le pide más entrega de Shakti. Todo lo que ocurre en el Maithuna tiene un sentido. Shiva espera el amor de Shakti.

Fer me propone hacer un ejercicio que practicamos por la mañana que es huwa, la copa del amor.

Curiosamente yo le digo que no, y mi negativa me coloca inmediatamente en una emoción de  frustración, cuando la vivencio con el cuerpo me deslizo en un espacio profundo de vulnerabilidad que desata mi llanto. Mi viaje emocional de sanación se ha puesto en marcha y tiene el propósito de procurar una limpieza profunda que esta fuera de mi control y que está alineada con la invocación de la diosa. Antes de incrementar mi entrega estoy necesitando transitar esta vulnerabilidad, porque es desde ahí donde brota el amor sincero en la pureza del presente.

Cuando lloro Fer se coloca encima de mi a horcajadas apretando su pecho con el mío, me ofrece todo un espacio de templanza donde poder verterme hasta disolver el caos emocional y tomar el sentimiento. Mi corazón se abre y mi ego suelta el control de la situación. Me rindo a que todo ocurre sin mi control y sin atender mi preferencia.

Sigo siendo muy caprichosa con mi deseo. A pesar de tener mucha práctica de desapego del deseo, vuelvo a caer en la trampa del ego: la gula que genera la expectativa de unión en grupo, donde cada pareja es un motor con polo negativo y positivo de un gran engranaje de elevación de la conciencia. Me imagino el banquete de energía sexual convertida en luz y los fluidos mágicos de mi glándula pineal rezuman desde mi cerebro hasta mi estómago ante la expectativa de iluminación. Aquí caigo en la trampa del apego al deseo y pierdo mi centro.

La kundalini me confronta mostrándome que yo había traído planes al vacío tántrico. En esta noche aún no he entrado con mi pareja en la unión de los órganos sexuales como motores de la energía en ascensión y en viaje espiritual. Me declaro una facilitadora en aprendizaje, soy una más en este grupo de participantes aprendiendo a estar presente en la energía sexual y a tomar el viaje propuesto, aunque en esta ocasión el paseo es por la vulnerabilidad como preámbulo para el punto de inicio en la entrega de Shakti.

Fer se aparta de mí unos minutos, y al quedarme sola contemplo la pareja del noroeste y la del norte haciendo el amor con una vibración amorosa esplendorosa. La onda expansiva me abre como una flor y puedo abrazar mi entrega. Sólo el vacío de expectativas puede dar espacio a la expresión genuina de Shiva y  Shakti y una vez abiertos a la medicina de la Kundalini emergerá lo más urgente: el fuego ha venido a quemar los patrones y cuando se siente convocado es imparable en ejecutar su trabajo, provoca el incendio y todo lo viejo está invitado a la transmutación.

Sobre las 2 de la mañana quedamos la mitad del grupo en la sala. Han pasado cuatro horas, la noche ha sido larga.

En ese momento muere algo en mí. Abrazo la muerte y siento calma: ya no hay planes. Entro en el vacío pasando por una batalla con mi ego que estaba agarrado a un escenario idealizado del Maithuna. Me quedo en paz y en la ligereza. He vivenciado un trabajo de conciencia de desapego del deseo, transitando el dolor.  Uno de los trabajos del Tantra es salirse del objeto mental, yo llevaba uno camuflado en la justificación de guiar el trabajo del grupo junto a mis compañeros. La energía kundalini amplificada por un maravilloso grupo de parejas valientes y amorosas es un espacio sin escapatoria para la sombra: sólo puede ser desvelada.

Ahora hago el amor con Fer. Agradezco el abrazo completo desde el vacío. Agradezco que la unión sexual ocurra en la máxima entrega y en el instante donde sólo existe tú y yo para entrar en la unidad, la fusión, y poder disolver mi energía femenina en la totalidad. Agradezco a Fer que sea un Shiva poderoso que ofrece su presencia y espera el tiempo que haga falta la entrega de Shakti antes de comenzar el abrazo sexual.

La integración del día siguiente nos permite poner orden con las devoluciones de todo lo vivenciado. Tenemos muy naturalizado un espacio de transparencia para que nada se quede atrapado en la garganta. Facilitamos con mucho amor y con nuestro ejemplo personal la comunicación clara y útil para que todo quede completado antes de salir de la sala, hasta la próxima aventura de la conciencia.

Trabajamos un conflicto de pareja desde el amor propio, ternura y entrega mutua. Hay un cambio en su forma de vida, que pasados unos meses les hará vivir en provincias diferentes. Esta distancia el hombre quiere gestionarla con una relación libre, la mujer entra en mucha fragilidad. Este proceso emocional de ambos tiene un punto de inflexión cuando él expresa desde su vulnerabilidad que quiere quedarse en la relación, que no se quiere ir. Ella siente que él se queda, que no la abandona y renueva su sentimiento de amor aceptando la parte de incertidumbre que está llegando para ambos. Hay un encuentro donde las necesidades de los dos son escuchadas y aparece la tregua del momento presente con la abundancia de lo que existe aquí y ahora.

Esto da espacio para la empatía, el efecto y el circulo de palabra. Una mujer comparte como se permite la expresión de toda su ola emocional en la relación con su pareja: desde el odio al amor, desde los límites a la entrega y como agradece el poder conocerse con el hombre que se queda presente mientras ella navega por sus mareas hasta retomar la calma.

Todos expresamos nuestra transformación en el Maithuna y el reconocimiento de cómo esta ceremonia procura intensidad de energía sexual para lo que tenga que ocurrir: limpieza, sanación, amor y éxtasis. A veces estoy esperando el éxtasis y me llega la limpieza, y la limpieza me permite volar por la gratitud y otros expansivos sentimientos que acuden en bandadas cuando los amantes habitamos el vacío.

La medicina emboscada

La medicina emboscada

Hoy regreso del bosque, arropada por la envoltura de vitalidad luminosa de la Naturaleza. Recordando que la salud es un estado de equilibrio interior del organismo humano donde mente-cuerpo-emoción-espíritu están imbricados y son inseparables. Donde mi sistema inmune se fortalece cuando yo me alineo con el propósito de mi existencia, y cuando prevalecen sentimientos de motivación, amor, confianza, entrega y alegría en mi cotidianidad porque estoy haciendo lo que quiero hacer, porque me relaciono con quien quiero y doy-recibo nutrición e intercambios creativos en mis relaciones de confianza.

Llevo años y años trabajando el miedo a la muerte, por eso puedo decir que el miedo a la muerte no es en realidad temor a la muerte del cuerpo, como la mente nos incita a creer. El miedo a la muerte es el miedo a los espacios de la experiencia donde el ego pierde el control y el poder regresa a otros lugares del corazón, y el miedo no es nuestro, si no del ego, al que nosotros estamos identificados de manera automática sin darnos cuenta que no somos eso.

Cuando tengo miedo a la muerte, lo que realmente ocurre es que mi ego tiene miedo a perder su poder y me susurra delirios paranoicos al oído para asegurarse que sigue siendo el jefe de mi existencia. Cuando yo conquisto espacios de observación en mi presencia puedo respirar el miedo y deshacer toda la elaboración mental, soltar las creencias que me condicionan en una respuesta automática, ahí empiezo a habitar mi libertad y comprender que la muerte es una energía que está presente en el vacío, en la retirada, en las despedidas, en los cierres, en las separaciones, en el desapego, de forma natural en la vida.

Salgo de casa por la mañana. Cuando llego al bosque siento el saludo alegre y vibrante de la naturaleza. Los árboles me van indicando por donde adentrarme y acampar guiándome a un espacio con varias encinas próximas a una pared rocosa. El muro de piedra puede tener tres metros de alto y puedo escalarlo con facilidad hasta una cima donde se divisa el paisaje de montañas y las copas de los árboles de la dehesa.

Siento una profunda alegría de regalarme a mí misma tres días en el bosque para la pura presencia y observación de todo. Sin planes, más que estar presente. Sin rutinas, y en ayuno.

Suelto todas las cosas que traigo y ato una hamaca entre dos acebuches jóvenes, donde da el sol de lleno y simplemente me tumbo para sentir. Me abandono al instante presente. Acabo de llegar al bosque y tengo mucha energía. Quiero empezar el trabajo interior, así que le doy la voz al ego. Traigo un sentimiento de amargura que me suscita una relación y lo quiero revisar estos días. Empiezo por mi enredo y confusión, y toda esa densidad la sitúo en mi ego.

¡Habla ego! ¡quiero verte sin tapujos!

-Soy el ego de Susi –adopto esta identidad del ego y ahora mi voz es como si mi ego, diferente de otras partes de mi, hablara -me siento muy inferior, me siento muy pequeño, y es que realmente no soy nada, me siento una mierda, intento aparentar fuerza, me gustan mucho los iconos de fuerza como el chamán, la guerrera, me encanta la visionaria, la vidente, la psíquica con poderes paranormales. Todos son lugares grandiosos en mi fantasía para sentir un poco de poder y ahí me escondo como ego. Realmente estimulo a Susi para que desarrolle estos dones, la autonomía, la fuerza, la visión, etc… que son suyos pero ahí me escondo yo. En realidad me aprovecho de ella. Ella disfrutaría el momento y ya está. Pero yo voy diciendo yo soy chamana intentando buscar la superioridad todo el tiempo, inflamando mi orgullo, mi arrogancia, mi vanidad. Ahora estoy con Susi en un retiro chamánico y no sé qué hacer con mi vida, quiero morirme porque nadie me quiere, no me gusto como soy, todo lo que hago lo hago de forma automática, lo hago porque estoy adiestrada como un perro a hacer lo que hago. He aprendido a hacerlo y lo repito, no sé hacer otra cosa. Necesito también víctimas para sentir superioridad, chupar la energía de los demás. También necesito engrandecer a alguien, sentir que es muy superior a mí. Toda mi admiración puesta fuera. ¡Claro!, Susi necesita abrir su corazón y hacemos este trueque. Como yo parasito a un humano pues también tengo que hacer que el humano pueda vivir. El humano necesita abrir el corazón, al menos una rendija, si no se muere. Así que yo idealizo a alguien poniéndolo en un lugar de superioridad en mi vida y así Susi puede sentir un poco su corazón. Tengo que darle alguna salida a este humano que tengo parasitado, Susi. Aunque esta persona que yo coloque en un lugar de superioridad siempre va a ser alguien con quien mantengamos las distancias. Me aseguro de elegir a alguien donde siempre vaya a existir distancia. Elijo a alguien que sea muy incompatible con Susi, y le dejo a ella que abra un poco su corazón. Yo sé que la distancia nunca se va a superar porque ya lo he calculado, pero Susi entra en un anhelo de amor que la tiene entretenida y con el corazón encendido, que es de donde yo chupo más energía. Yo también hago cosas para que esta distancia no se acorte. Yo no quiero amor. En el amor yo desaparezco, así que saboteo todas las posibilidades de amor real. En este sentido el amor romántico es muy útil. Y si yo desaparezco pues ya no puedo valorar lo que es bueno y lo que es malo… la energía de la importancia personal, yo soy el juez quien dictamina lo que es bueno, lo que es malo, y soy como dios porque estoy creando el universo con un criterio de perfección:  esto es bueno, esto es malo, de esto más, de esto menos… toda mi vida es un fraude, es todo mentira… pero ya no consigo engañar a nadie. Ahora soy visible. Susi le da poder a las personas que ama para que la confronten, ella está aprendiendo a darse cuenta que ella no es yo, el ego. Así que cuando la confrontan a ella, en realidad me lo hacen a mí y yo me debilito y Susi se siente más libre de mí. Soy un desecho, soy estiércol, todo lo que creo que sé… no sé nada. Me quiero morir. He venido al bosque a morir como ego.

Cuando le doy la voz a mi ego, éste dice todo esto. He venido a disolver la densidad de mi sombra, la que se mueve en mi plexo y aligerar la carga con la ayuda de los aliados de la naturaleza. Quiero transmutar. Quiero acunarme a mí misma. Quiero abrazar mi sombra para quitarle la inflamación, para sentirme en la unidad.

Elijo un sitio al lado de la roca para montar una tienda de campaña. Por la noche hace frío y necesito resguardarme. Cuando la dejo lista siento el entusiasmo de mi niña interior que percibe que está en casa y posee todo lo necesario para vivir el presente: un refugio, una hamaca, una almohada, un saco de dormir, una manta, un aislante inflable, dos litros de agua, cero comida. Un expansivo sentimiento de gratitud me embarga. Mi corazón se deleita.

Cambio de sitio la hamaca. Subo la roca hasta la cima y la ato entre dos árboles, acebuches jóvenes también, desde ahí puedo contemplar el paisaje con una visión amplia. Sobre las 18h cae el sol y desde este mirador privilegiado puedo agasajar mi espíritu con la explosión de colores malvas, naranjas y estelas entre las nubes del cielo de otoño.

Subo y bajo la roca muchas veces. Conforme paso tiempo sin comer se amplifican mis resistencias a la acción y me vuelvo más lenta para realizar cualquier movimiento. Esto me proporciona un lugar de autoobservación sobre cómo emprendo la acción y qué me lo impide. Tomo nota de todo.

Estoy en la hamaca y me regocijo en un mecimiento muy agradable. Voy asimilando un nuevo orden mental dentro de mi en busca de la claridad. Estoy recapitulando la relación con lo masculino desde 2015 a la actualidad. Cuando llego a noviembre de 2019 me doy cuenta que está todo sanado. Desde ese momento prevalece la salud afectiva con lo masculino si bien la inercia hace parecer que aún estoy en proceso de sanación. Pero lo percibo una y otra vez, lo integro en mi sentimiento. Está todo sanado ya. No hay motivo para reproches, no hay motivos para conflictos, no hay desigualdad, no hay confusión, no hay demanda desde la carencia. En ese estado de sanación también ha quedado todo clarificado. Reconozco el acuerdo que existe con mi hombre interior. Ya lo sabemos los dos, mi hombre y yo. Él no me permite la dependencia como una huida de tomar mi poder, quiere que brille por mí misma y no me esconda en el refugio de una relación de pareja. No me va a dejar que llene mi vacío con él. Responde a mi llamada si la realizo desde mi autonomía creativa, desde la abundancia afectiva que pretende acercarse a otro para compartir el ser, no para completar la carencia. Ya he aprendido demasiadas veces que la carencia no se completa con algo externo, y tampoco con un hombre externo. La carencia es el lugar de la herida que yo aprendo a abrazar, a respirar, a permitir y a naturalizar como algo más, la seña de identidad de mi origen, ni más ni menos, un rasgo más en mi arquitectura psíquica. Absurdo es empeñarse en que no esté, en empeñarse en taparla, en empeñarse en curarla. La sanación es aceptarla y respirarla tantas veces como se active sin huir de los estados que surgen cuando la herida es tocada. Cuanta más presencia en respirarla, más breve será su visita, menos durará la angustia y antes será el tránsito. Me pido mucha presencia en todos mis estados, y mucha paciencia, amor propio y templanza.

Estoy recapitulando por fechas que escribo en mi cuaderno, recuerdos de momentos en mis relaciones con los hombres. Algún hombre destaca mucho en estos últimos años. Me encanta recordar la fecha exacta, el placer de los números asociados a pasajes emocionales. Mientras me entretengo en el recuerdo voy respirando la densidad. Entro en momentos del pasado donde hubo dolor y lo resiento. Lo recibo con todo el cuerpo y lo respiro. Me doy el tiempo para permanecer ahí.

El dolor que siento es el rechazo. No sentirme elegida por el hombre. Recuerdos donde él no me dio el sitio que yo esperaba. Entro en estos estados de amargura, disgusto, rencor, y a veces brota un estado de venganza que imagina todo lo que haría a un hombre concreto para saldar las cuentas, y hacer un trueque tipo ojo por ojo, diente por diente. Se apodera de mi la furia, luego se disuelve. Tengo mucho tiempo para transitar los estados que van llegando y se van marchando.

Mi hombre interno me mira a los ojos y me pide que lo escuche. Está visiblemente enfadado conmigo. Yo prometo permanecer en la escucha.

-Eres dependiente de los hombres, ¡quiero que despiertes de tu automatismo! –me dice mi hombre interno –yo existo, pero para que me veas tienes que quedarte sola, habitar tu soledad y mirar de frente tu herida en la autoestima. Te duele el rechazo y el dolor es y se va. Pero tú evitas sentir el rechazo como si fueras la niña que su papá no abraza en deliciosa ternura. La niña que no sabe y no puede gestionar el insoportable dolor. Ahora siéntate ahí donde mismo estás y escucha lo que no me gusta de ti. Escúchalo en tu pecho. Respira cómo te hiere el sentimiento de rechazo fijado en tu corazón, que yo toco cada vez que te nombro aquello que no me gusta de ti. Eres muy frágil y cuando no te haces cargo de tu fragilidad buscas a alguien para volcar tu caos emocional y enredarlo con tu fuerza psíquica, que tienes mucha, por eso eres peligrosa. Hazte cargo de tu fragilidad y ve hacia dentro cuando emerja. Eres tu mejor acompañante y cuando te acompañes yo me acercaré a ti, me convertiré en la templanza y la serenidad que necesitas para habitar tu vulnerabilidad. Confía en mi y suelta a todos los hombres. Disuelve tus expectativas y reconoce tus necesidades reales de compañía masculina, de amor, de sexo, y recibe al hombre corriente que abunda en tu vida con tantos rostros y que en esencia soy yo. No seas exigente ni caprichosa. No pases hambre. La vida siempre te va a proporcionar los mejores alimentos para tu nutrición.

En mi pecho explota la coraza que recubre la herida. Yo misma he configurado la emboscada a mi ego en plena naturaleza, para darle la medicina que me devuelve la ternura.

Despierto de madrugada, otra vez en contacto con la angustia del rechazo. Estoy desesperada. He descansado un rato y de nuevo volvemos a la negociación. El ego no quiere claudicar. Y yo ya no puedo más con mis rasgos automáticos de personalidad que están creando el sufrimiento. Pido ayuda y entro en el llanto. Ahora llamo a mi abuela y a mi abuelo.

-¡Ayúdame, abuelita, abuelito! –pido ayuda con un sollozo de desesperación –fue muy dura tu partida, abuelita. El 8 de febrero de 2006 llegué a casa después de un día de trabajo y estabas afectada en el sillón por un ictus que te tenía inmovilizada y sin habla. Tus ojos miraban a algún sitio… y movías tu brazo izquierdo, con la mano parecía que te ajustabas el suéter en un bucle terrorífico de donde no podías salir. Yo me hice amor desesperado y salvaje, gritándote te quiero continuamente para que te lo llevaras a tu muerte. El equipo de urgencia del hospital terminó llorando conmigo ante mi sentimiento de abandono inconsolable. Yo era una niña perdida de 5 años en el cuerpo de una mujer de 30. Me brotaba del plexo solar un sentimiento de culpabilidad que había sido gestado desde tu reproche tantas veces repetido con el que te quejabas de no ser cuidada por mi como tú deseabas. Querías que pasara tiempo contigo y yo simplemente vivía en tu casa orientada a mi placer, fluyendo entre mis amigos, mi amante, mis entretenimientos, el MDMA, la música electrónica, lo que a mí se me antojara en cada momento, después vino mi pareja, Juan, mis ausencias de días y días, el Shiatsu… y tú demandabas mi presencia en casa con queja, con llamadas al teléfono con tristeza, pidiendo que volviera a casa, lanzabas tu consabido mensaje de alarma un día vas a volver a casa y me encontrarás muerta ¿cuántas veces articulaste esta amenaza? Oh abuela… ¡me lanzaste una maldición! Y cuando se hizo real, todas las veces que yo me defendía con reactividad exagerada y rebelde a tus maniobras para que yo me quedase en casa, se me vinieron de pronto al recuerdo como momentos de fracaso en mi afectividad contigo, y la culpabilidad me atrapó durante tres años que permanecí en duelo por tu muerte.

En medio de la noche en la dehesa en soledad y silencio… Mi abuela me agradece el amor que bombeé para ella con mi corazón ese día del accidente interior y los 4 días siguientes que tuvo para despedirse en casa desde un estado de letargo hacia dentro antes de salir del cuerpo para siempre. Se lo di todo en desesperación profunda. Viendo las orejas del lobo del cierre de esta fase de nuestra relación. Le doné energía para su tránsito. La rodee con una envoltura protectora y de amor para su momento de desprendimiento definitivo de esta encarnación. Ahora ella me lo agradecía. Ahora ella me acunaba, me abrazaba, me consolaba. Me liberaba de tener que repetir el patrón de reproche por la ausencia de atención emocional que yo articulaba con mis relaciones, como en lealtad a mi abuela tantas veces criticada y rechazada por mi. Puedo observar la ley de todo lo que rechazas te persigue. Mi abuela y su patrón de demanda emocional tantas veces rechazado por mi ahora me pertenecía y yo no podía escapar de aquello que no quería mirar de frente. Como en una pesadilla, ésta cesa cuando dejo de huir y miro al monstruo y le pregunto si puedo ayudarle en algo, o qué quiere de mi. Los monstruos sólo quieren ser vistos, cuando los miramos se transforman y se convierten en niños, en animales o flores.

Año 2020, aún recuperando la paz contigo, abuela. La justicia divina no para hasta el equilibrio y el cierre.

Aún de madrugada, vuelvo a dormirme. Cuando despierto por la mañana siento mucha alegría. Hablo con mis abuelos que visualizo sentados en piedras frente a mi amparados por las encinas del monte. La humildad me acontece en el corazón y siento gratitud de la vida con todo su recorrido.

Doy un salto en mi nivel de vibración al día y medio de permanencia en el bosque. El resto del tiempo entro continuamente en estados de gratitud y gozo que se alargan mientras observo las ramas de los árboles, el cielo, las nubes, las tonalidades de luz, las caras que se dibujan en las ramas, los troncos, las piedras, las hojas… veo hadas, elementales, rostros de todo tipo dibujados en la forma de la naturaleza y entablo diálogos.

Aprendo de mi energía. Estoy en el bosque para aprender a amarme. Y mi energía me informa de cómo necesito el cambio corporal, soy kinestésica fundamentalmente y muy activa, así el cuerpo posee un radar intuitivo que yo aprendo a seguir.

Ahora quiero cambiar de sitio, a lo alto de la roca, en la hamaca que me permite la visión amplia, cuando cumplo mi deseo corporal siento una gran satisfacción que posee un tiempo de vida. Cuando finaliza esta satisfacción siempre se me escapan pensamientos negativos y sin embargo puedo pararlos observando mi necesidad de cambio físico. ¡Tengo una niña hiperactiva dentro! Y ahora puedo aprender a cuidarla. Porque la mujer que yo soy no tiene otro deseo en la vida que escuchar la orientación interior para mi máxima satisfacción.

Me fascinan todas las opciones que puedo darme a mí misma en un espacio limitado, en soledad en medio del bosque. La ausencia de alimento me genera un brote de hambre que respiro, he decidido comer una bellota que me ha regalado una de las encinas que me circunda. Hago una ceremonia con la bellota. Se lo agradezco al bosque. La abro por la mitad, tomo una de sus partes y la voy mordiendo lentamente masticando con plena atención la carne blanda del fruto. Observo que cuando termino de ingerir este mínimo alimento me emerge un sentimiento de placer presente en la mucosa de mi boca y mi estómago. Cómo estoy disfrutando los cambios de estado, como la ansiedad sólo busca atención aunque no sea atendida la necesidad completa. Quiero aprender a atender mis necesidades.

Al atardecer tengo la voz en plena inspiración y le hablo al sol.

-Oh sol, quiero ser como tú –me sobrecoge el silencio del monte, el sol cayendo, las montañas –enséñame el camino de la luz, quiero ser luz como tú. Sol, abre mi corazón, enciende mi corazón con tu rayo dorado… ilumíname.

Entro en trance de gozo en un abrazo al sol. Toda la energía masculina yang me reconoce ahora. Escucho a mi compañero tocando el tambor al otro lado de la meseta, muy lejos de mi, su sonido me acompaña, y me reconforta.

Como no como, a veces me siento muy débil. Si acelero el paso mi corazón se siente apretado, y me fatigo. Entro en instantes de cansancio extremo. Si subo la roca me mareo. Esto se convierte en una inesperada ventaja. Me permite observar a cámara lenta mi estado de satisfacción. Cuando siento molestias en el cuerpo y estoy tumbada en la hamaca, descubro mi deseo de caminar. Toda la acción decidida es lentamente realizada, sólo hay deseo de hacer, resistencias, paciencia, y acción. Puedo verlo todo con detalles impresionantes. Me despierto por la mañana y no puedo respirar dentro de la tienda. Quiero salir al exterior y lo hago en partes. Abro la cremallera y descanso un rato, ya voy respirando el aire que entra. Lanzo el aislante al exterior, después voy yo a trompicones y me tumbo. Voy a por el saco porque la mañana es fría. Casi me duermo otra vez. Pero todo el cambio contribuye a mi satisfacción permanente y esa soy yo, la que está cambiando. Este reconocimiento a cómo soy realmente me despierta o me renueva el deseo profundo de autoconocimiento, sobre todo en esa parte de mi de la que huyo a través de establecer una relación de pareja o anhelarla. Esa parte de mí que no quiere estar sola sin un hombre. Pues a la soledad voy, a descubrir el secreto que yo misma me guardo.

La mujer libre que yo soy ama la naturaleza en soledad.

El triángulo consciente: 2 terapeutas -hombre y mujer- y tú.

El triángulo consciente: 2 terapeutas -hombre y mujer- y tú.

Formado el círculo de trabajo personal estamos todos en la presencia de estar aquí y estar ahora. Compartimos la intimidad y nos ajustamos a la máxima escucha de la sensibilidad. Dándole poder a lo que sentimos, intentando soltar todo el contenido mental y no caer en las trampas de la cabeza que nos seduce a tomar las explicaciones de lo que nos pasa como algo de suma importancia que hubiera que darle sitio en la expresión. Cuando lo único que nos ayuda a transformar es el dejarnos llevar por lo que sentimos y por el movimiento instintivo. Aparcando para muy al final la comprensión de todo lo que nos ha pasado, que cuando se deja para el final se resume en pocas palabras y en un sentimiento de gratitud y de alegría por la conquista interna obtenida, un impacto de entusiasmo cuando nos vemos desde fuera de nosotrxs mismxs y de verdad nos comprendemos. Yo no me explico con miles de palabras mentales más o menos sofisticadas y bien ordenadas sino que: ¡me veo desde fuera de mi y me comprendo! Porque estoy viendo a un personaje inmerso en su película de que no hubiera ninguna otra manera de vivenciar la realidad, sometido a la reactividad del programa donde vive y convencido de que elige. ¿Cómo se puede elegir si estoy condicionadx por un programa defensivo que arrastro desde mi infancia?

Lo que siento me guía y darle poder a lo que siento no es nada fácil. El ego intenta banalizar la sensibildad imitando el lenguaje. Parece que esta persona está sintiendo pero sólo piensa que siente, o habla de lo que siente desde la explicación mental. Pero evitando el contacto real que es lo único que sirve para el trabajo interno y provoca el cambio del punto de encaje que posibilita la mutación del estado emocional, la visión, la apertura en el pecho.

Hablando acerca de nos podemos llevar mucho tiempo, convencidxs de que estamos en un trabajo de conciencia y sin movernos ni un ápice en los límites de nuestro programa.

Sólo sirve entrar en contacto en un movimiento hacia dentro de nosotrxs mismxs. Atravesando la capa superficial y entrando en un trance donde tocamos los asuntos importantes que destacan en nuestro inconsciente. La emoción posee información concreta de las necesidades organísmicas y darle sitio sin juicio, sin filtro, sin mente, es fundamental para promover nuestro despertar. Las emociones están en el mismo lugar donde las dejamos olvidadas, reprimidas, racionalizadas. Las emociones no tienen tiempo, y necesitan crecer igual que nosotrxs, para ello aparecen con cargas del pasado porque necesitan limpiarse y ponerse al día. ¡Si las dejamos! Cada vez que atravesamos conscientemente una emoción recibimos la elevación de nuestra vibración que nos permite vernos a nosotrxs mismxs a pesar de la identificación con nuestro personaje y su experiencia. Estos momentos donde nos salimos del programa son instantes de iluminación: despertamos de la hipnosis de la materia, reconocemos al ser que somos y por fin podemos elegir desde la libertad y la responsabilidad. No te quepa la menor duda que la densidad de este mundo te arrastra de nuevo a la hipnosis de que eres tu cuerpo, y que eres tu programa y tu historia personal. Por eso el trabajo interno no terminan nunca y requiere tu voluntad renovada cada instante de estar presente a todo lo que se mueve en ti y observar. ¿Te comprometes a estar presente?¿O quieres generar reacción-discurso mental-pasado-historia personal-sistema a lo que acontece y a lo que sientes?

Es difícil aceptar las bondades del regalo de la libertad que tenemos los seres humanos.

Nos acercamos a la aceptación de la libertad en el  grupo. En un grupo orientado con un enfoque hacia el presente y experimentación de la conciencia. Como la Gestalt. Sin añadir ningún nuevo modelo de creencias que adquirir. Si no espacio libre para vaciarnos de todos los artefactos mentales que seguimos coleccionando, espacio libre para descubrirnos -puesto que sólo conocemos quien fuimos y creemos seguir siendo(y no lo somos)-y espacio libre para recuperar la autoridad interna donde como individuo puedo tomar decisiones fuera del condicionamiento del pasado, desde el más puro presente. Convertirme en la punta de la ola en la inmensidad del mar. Con la fuerza de la totalidad del mar y con la consciencia individual sujeta al instante presente de la efímera ola que va cambiando de identidad en sucesivos momentos.

Cuando eliges trabajar en el grupo(de Escuela Counseling Experiencial) y tomas el centro como individuo recibes el acompañamiento de dos terapeutas al mismo tiempo, un hombre y una mujer, Alfredo y Susi, en una sincronicidad en la intervención tan fluida como si fuera la misma persona.

Somos dos para mostrarte como un espejo que dentro de tí hay dos voces como mínimo. En realidad hay todo un parlamento. Dos voces como mínimo que se pelean entre sí y cuya pelea distorsiona tu percepción de la realidad e intensifica la defensa y la separación, y que podrían adquirir si lo intentas la forma de la alianza generando un movimiento natural donde hay alternancia, y podemos escuchar todo lo que somos sin una fijación en la identidad. Nosotros nos turnamos la voz junto a la tuya.

Somos dos para recordarte la alianza, el autopoyo, la igualdad entre lo femenino y lo masculino, la ausencia de jerarquías, la colaboración, el movimiento fluido donde se destaca el sitio diferenciado de cada uno, el desapego en el foco que continuamente se mueve, el juego de la vida donde no hay nada fijo y todo cambia como una experiencia donde el aprendizaje es gozo, es gratitud, a pesar de la inmensa tonalidad emocional que vivenciamos.

Somos dos para mostrarte lo femenino y lo masculino en equilibrio, en un acompañamiento natural donde nos apoyamos mutuamente hacia un foco común que eres tú y tu exploración.

Somos dos para darte oportunidades de proyección de tus voces internas, y puedas ver a papá y a mamá, al hombre deseado y a la mujer rival, a la mujer deseada y al hombre rival, el triángulo arquetípico donde resolver laberintos de oscuridad y darle lugar a estados emocionales que no pueden esperar para tomar luz: como los celos, la envidia, la exclusión, el exilio, el rechazo, el abandono… limpiando la sombra para tomar tu poder extraviado. Tu preciado poder que necesitas para crear instante a instante la vida que te contiene en tu máxima expresión, amor y libertad.

 

 

Mutantes. El Viaje de Plutón. Semana Santa 2018

Mutantes. El Viaje de Plutón. Semana Santa 2018

MUTANTES es un encuentro para experimentar la transformación interior desde la gratitud y el desapego.

Somos mutantes ya que nos movemos en un cambio interno y externo que podemos aprender a tomar de la mejor manera para nuestra satisfacción. Cuando entramos en nuestro particular espacio de dificultad topamos con nuestros límites y cuando mutamos encontramos la manera de gestionar las emociones y liberar los laberintos personales, hallar la salida y retomar el flujo vital desde la alegría de estar vivos y seguir aprendiendo, sintiendo, experimentando.

Del 28 de Marzo al 1 de Abril – Semana santa 2018

En La Casa del Búho – Algodonales – Sierra de Cádiz

¿Qué hacemos en Mutantes? ¡El viaje de Plutón!

 

A lo largo de cuatro días, haremos un viaje a través de diversas técnicas(Gestalt, Movimiento Expresivo, Bioenergética, Sistémica..etc), para tomar aquello que queremos trascender de nosotrxs mismxs: desde pequeños cambios a salto cuántico. Abrazar lo que soy, despedirme de lo que quiero soltar de mi.
En la carta astral, Plutón señala nuestra área de transformación. Nos invita a revisar las formas antiguas de nuestra vida que se han quedado fosilizadas y que nos interrumpen en nuestro viaje de crecimiento. Ampliar la casa en la que vivimos incrementando la alegría, el amor o la confianza, requiere para ello la desprogramación de hábitos, movimientos automáticos y creencias que han quedado adheridas a nuestro enfoque de la vida.
Esto es lo que caracteriza a la influencia plutoniana a nivel personal: la destrucción de una forma para que se construya una nueva, ya se trate de un comportamiento (pauta psíquica), o de una situación que parecía estable, de un vínculo… ¡todo se da la vuelta! Un patrón estático y paralizante, se disuelve porque ya cumplió su ciclo y la corriente volcánica del hades lo arrastra. Dejamos atrás lo que está verdaderamente muerto, lo que es poco creativo, lo que ya no tiene vida, lo que no nos inspira. Y en este mismo lugar donde soltamos encontramos lo nuevo que quiere evolucionar en nosotrxs y que nosotrxs queremos desplegar.
Identificamos nuestros motores de cambio: espacios propios donde vivimos encrucijadas que nos sirven como oportunidad para una mutación interna. Los ciclos de la vida nos indican los lugares donde se abren los escenarios del cambio: el nacimiento, la sexualidad, la muerte, la abundancia, etc. Dentro de nuestros procesos de vida, se siguen dando esos escenarios de manera oculta y sorprendente.
La sexualidad y el poder personal son fuentes de energías donde tomamos impulso para desprendernos de nuestra vieja piel y recibir la actualidad de toda nuestra posibilidad real aquí y ahora. Nacimiento y muerte para generar la transformación que nos da la forma. Abordar un cambio profundísimo es el don que otorga la mutación cuando la sabes aprovechar.

Propuestas de Trabajo:

La sombra y el personaje. Toda sombra tiene un foco de luz desde el que se proyecta y con el que podemos contactar. Mirar, respirar, y aceptar la sombra para abrir puertas nuevas en nosotrxs para la expansión de lo que somos. La sombra es lo que permanece oculto en nosotrxs, nuestro otro yo, el personaje es nuestra máscara para movernos por el mundo. Hablamos con nuestra sombra, reconocemos nuestro personaje ¿en qué proceso entramos?
El volcán: Pataleta cósmica. Recapitulación desde el estado niñx hasta la actualidad de toda la contención de la rabia: lo que no dije, mi proceso de adaptación social, padres, tutores, sistema, profesores, parejas, jefes… recorrido por todas nuestras cesiones de poder y regreso al poder del instinto… en el origen el ruido, de la contención, del estallido… está el fuego interno. Explotar para sentir el poder de transformación. Contacto con la hoguera nocturna donde pedirle al fuego que queme todo lo que he soltado.
La experiencia de perderse: la puerta a la creatividad. La identidad, el miedo, y el vacío. Qué pasa cuando desechamos las formas que nos hemos dado para sobrevivir y experimentamos en el vacío nuevas maneras de ver la existencia propia. Trabajo en la Naturaleza con arboles de poder(pinsapos).
El reto existencial. Imaginar lo que quieres para ti y representarlo a través de la psicomagia.  Permite poner dirección a lo que te sucede, ordenar tu fuerza y tu experiencia hacia un lugar más adecuado. Diálogo con tu yo superior – tu yo futuro – arteterapia y danza trance para la reorganización organísmica.
La gratitud: la expresión de la magnanimidad que la vida te ofrece, su providencia, nos lleva a la devoción interna, a la expresión máxima de la gratitud. Esta es una fuente de placer y de abundancia y de satisfacción. Abrazamos nuestro don incipiente. Ronda de gratitudes.

  • Celebramos la cena de los dones el sábado por la noche para invocar y recibir desde el lado más placentero, creativo y lúdico nuestra mejor versión. Tendrás que traer un atuendo adecuado a una manifestación de la forma que te vamos a sugerir por una conversación telefónica que tendremos contigo antes del taller. Para ello vamos a manejar información de tu carta astral y otros elementos que aparecerán en el diálogo contigo.

PROGRAMA DEL CURSO

(sujeto a modificaciones para atender a la realidad emergente del grupo y sus necesidades)

Llegada miércoles 28 de marzo a partir de las 20.30h  para acomodarse en la casa y cenar.

Jueves 29 de marzo.

Ronda de palabra inicial del viaje de Plutón- Proceso Corporal Integrativo de apertura al trabajo – Trabajo con la sombra, el personaje y el volcán – sesión de integración y trabajos personales.

Viernes 30 de marzo.

Experiencia de perderse – abrazo al vacío – Espacio Natural de la Sierra de las Nieves – Pinsapar. – Sesión de integración y trabajos personales.

Sábado 31 de marzo.

Despertar del poder de la psicomagia con muchos elementos creativos – Danza Trance y Cena de los Dones.

Domingo 1 de Abril.

Ronda de gratitudes, auto-reconocimientos, y deseo focalizado – sesión de integración y cierre.

Herramientas de exploración: Gestalt, Counseling, Movimiento Expresivo, Astrología, Sistémica, Psicomagia.

Guían el taller: Jesús G. Bedoya, Susi Muñoz y Alfredo Calvo.

Fecha/Horarios: Empezamos el jueves 29 de marzo a las 10h y terminamos el 1 de abril a las 14h. Puedes llegar a la casa el miércoles 28 de marzo a las 20h para acomodarte y cenar.

Lugar: La Casa del Búho – Algodonales – Sierra de Cádiz. www.lacasadelbuho.wordpress.com

Aportación taller: 350€ – curso, alojamiento y comida. Incluye la cena del miércoles y no incluye la comida del domingo.

Contacto:  Alfredo -653271399 counselingexperiencial@gmail.com 

Para inscribirte en este encuentro te pedimos que:

  • Llegues el miércoles a partir de las 20h ya que empezaremos el jueves a primera hora.
  • Que ingreses 100€ como de preinscripción en la cuenta que te daremos.
  • Que nos envíes un mail con tu fecha, hora y lugar de nacimiento para tomar de tu carta astral algunos datos.
  • Que traigas ropa cómoda y zapatillas.

Alfredo, Susi y Jesús en La Casa del Búho